1 de agosto de 2021
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La culpa

13 de junio de 2021
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
13 de junio de 2021
Para los colombianos, el tema de la culpa ha sido un verdadero problema desde el punto de vista conceptual. Es así como en los accidentes, el decir: “no tengo la culpa”, resulta como una especie de eximente de todo en lo tocante con el insuceso.  Más, la verdad, es que siempre confundimos la culpa, con lo que de responsabilidad nos cabe. La culpa, es sólo la intensión de realizar un acto, de allí que haya que deslindarla de la responsabilidad, pudiéndose ser responsable de un acto, sin que de ello se derive culpabilidad alguna. Un ejemplo es el que podrá darse cuando desde mi propiedad rueda una piedra, piedra que golpea a alguien, hecho del que soy responsable, más no culpable y razón por la cual debo pagar, a quien resultó lesionado, los gastos derivados del daño producido.

Ahora, entre los colombianos, lo usual es endilgarle la culpa de todo lo que se sucede a otros, sea al gobierno en cabeza del presidente, o a quien quiera que esté en la mira de lo que se pretende imputar, sin que, aquel, a quien se le señala, tenga forma de eximirse por lo que se le asigna. Y de esta manera, creemos que las responsabilidades se confunden con la culpa de donde es necesario establecer que, cuando hay culpa, necesariamente hay responsabilidades, no así, cuando no hay culpa, pueden no darse responsabilidades.

Por eso resulta ofensivo, por decir lo menos, cuando uno de los instigadores del llamado paro nacional, el señor Francisco Maltés, un sujeto de rostro inexpresivo y dirigente sindical curtido en esas lides, le asigna responsabilidad al Presidente por los contagios derivados de las manifestaciones por él convocadas, pues, según su parecer, debió el Presidente haber vacunado más tempranamente a los colombianos. Es esta una de esas formas fáciles de evadir responsabilidades asignándole a otros sus propias culpas, como quiera que se le advirtió de los riesgos que se corrían en el campo de la salud con tales actividades y concentraciones, lo que él desestimó por cuanto se observarían todos los protocolos, cosa a todas luces ilusoria y por demás, irresponsable.

Y hablando de irresponsabilidades, no puede el tal Comité de Paro evadir su responsabilidad en las trasgresiones a la libertad de los ciudadanos al pretender establecer que los cierres de carreteras son parte de una protesta pacífica, porque no puede ser pacífico un acto que coarta los derechos de otros y menos cuando con tales hechos se lesionan derechos como la vida misma. Y, lo peor, tratar de usar tal tipo de presión para obtener del Presidente mismo su renuncia a facultades constitucionales, como es la guarda del Orden Público, deber principalísimo a su cargo.

Otros, como son los mismos periodistas, han dado en calificar de pacíficas marchas que impiden el libre tránsito de los ciudadanos. Calificar de pacíficas actividades que atentan contra el libre derecho a servicios públicos como el de transporte es un exabrupto. Calificar de pacíficas las actividades que llevan a la destrucción de bienes públicos de toda índole, sin que de la vocería de los instigadores se descalifiquen dichos actos y se busque, por el contrario, que el Presidente no disponga de la Fuerza Pública para el control de desmanes propiciados por delincuentes. Si, delincuentes, a quienes confieren capacidad de negociar con las autoridades los mismos periodistas y el tal comité de paro, en contra del derecho ciudadano al pleno disfrute de sus derechos inalienables.

Esperemos, sí, que haya responsabilidades y se exijan de quienes han promovido, incitado y cohonestado desafueros, pillerías y actos criminales contra los ciudadanos. Este no ha sido un estallido social. Este ha sido un ataque miserable contra la sociedad, usando vándalos y la influencia que estos sindicalistas tienen sobre mentes débiles con la explotación que, como costumbre tienen, de destruir empleos e impedir el progreso. Responsabilidades también a los indios del Cauca, por cerrar por enésima vez la carretera panamericana, y contra quienes las autoridades no han obrado nunca.  Y responsabilidades a las autoridades endebles que no actúen como deben.

Manizales, junio 8 del Segundo Año de la Peste.