1 de agosto de 2021
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Jung: todos somos criminales en potencia

13 de junio de 2021
Foto: De la Colección Violencia. Acrílico sobre tabla de Fernando De Giles

Por Eleonora Sachs

Lo primero que hizo fue incorporarse perezosamente de la cama y anotar aquel sueño acuoso, nítido, cristalino, porque así lo recordaría todo el día. Bien avanzada la jornada retomó la visión de un documental que había dejado la noche anterior. Se dio cuenta de que no había sido fruto de una mera casualidad. Ese 6 de junio se cumplían 60 años de la muerte del científico suizo, Padre de la Psicología Analítica, Carl Gustav Jung, autor de Sincronicidad como principio de conexiones acausales, publicada en 1952, entre otras investigaciones, hoy muy actual.

Su columna llegaría con retraso, pero nunca lo demasiado para comprender los actuales procesos políticos mundiales y en particular los de Colombia, su tierra natal, donde la ausencia de sincronía reina en la mente de todos los actores protagonistas de un rompecabezas bien complejo. (con volumen muy bajo escucha las Variaciones Enigma, del inglés Edward Elgar). De repente le pareció que aquel médico psiquiatra respondía a sus tribulaciones y entonces retrocedió el video para plasmar las afirmaciones premonitorias de aquel científico que incluso a través de sus dibujos oníricos vaticinó la muerte de su madre:

“Yo no hablo a las naciones. Yo me dirijo a pocos hombres…Si las cosas grandes funcionan mal es solo porque los individuos funcionan mal, porque yo funciono mal, por lo tanto, para ser razonable el hombre tendrá que empezar por examinarse a sí mismo y puesto que la autoridad ya no consigue decir nada, necesito ir a las raíces mismas de mi ser subjetivo. Es clarísimo que si el individuo no se renueva espiritualmente ni siquiera la sociedad consigue renovarse porque ella es la suma de todos los individuos.

Sintió escalofrío cuando leyó aquellas reflexiones que le hicieron temblar de vergüenza su propia conciencia. El hombre, enfatiza el psiquiatra, sicólogo y analista suizo, necesita como primera cosa conocerse a sí mismo mirando sin reticencias cuánto bien puede hacer, pero también de cuánta infamia es capaz”.

Esa cara oculta que todos tenemos y que sólo aparece en forma de simbolismos en nuestros sueños es la que Jung denomina la Sombra, de la cual nadie escapa y además nos persigue en cada uno de nuestros pensamientos luego en sentimientos que se traducen a su vez en acciones, generalmente primitivas. A ello no escapa ningún ser humano, llámese dirigente político, militar, desde el soldado raso, el policía, hasta los rangos más altos, combatiente subversivo, o dirigente sindical, periodista, estudiante o paramilitar, hombres y mujeres corrientes, como yo o como usted, ninguno se libra de esa sombra siniestra… Lo peor de ello es que está bien camuflada dentro de los muros del subconsciente. Para Jung, cuanto menos integrada está esa sombra en la vida consciente del hombre, más negra e intensa se vuelve. Y amplifica su afirmación cuando asegura que nadie está fuera de la sombra negra colectiva de la humanidad.

También alude a la carencia de asunción de responsabilidad por parte de las naciones, los pueblos, tras la comisión de hechos abominables, execrables. Dice: Han sucedido y aún suceden cosas terribles, pero son siempre los otros los que las han hecho. Llevamos en nuestro ser la capacidad de repetir cosas similares. Somos, por el hecho de ser humanos, criminales en potencia.

Y no se sorprendió ella al ver que a diario todos estamos cometiendo de una u otra forma algún crimen. Como diría Oscar Wilde en su emotiva y sobrecogedora Balada de la Cárcel de Reading: Cada hombre mata lo que ama: unos lo hacen con una mirada cruel; otros, con palabras zalameras; el cobarde con un beso; el hombre valiente, ¡con una espada! Unos matan su amor cuando son jóvenes, otros cuando viejos; algunos lo estrangulan con las manos de la lujuria; otros con las del oro; …Aman muy poco unos y los otros demasiado tiempo; unos venden su amor y otros lo compran… Y, sin embargo, no todos han de morir por ello”.

Esculpidas en piedra, en latín sobre el dintel de su Casa Museo de la Seestrasse 228 de Küssnacht, Suiza cerca del lago Zurich, Carl Gustav Jung, científico místico para muchos de sus colegas, hizo grabar aludiendo al oráculo de Delfos la siguiente inscripción: Invocado o no Dios está presente. Fin.

Apagó el video y silenció la música. Se levantó para leer los primeros mensajes del día. A Mario, el joven inquilino de su nuevo apartamento le preocupan algunas filtraciones de agua de la nueva instalación de la caldera.