26 de julio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El Quindío, una ciudad dispersa

16 de junio de 2021
Por Por Oscar Jiménez Leal.[i]
Por Por Oscar Jiménez Leal.[i]
16 de junio de 2021

La frase que se convirtió en ingenioso grito de batalla fue pronunciada por el joven abogado   Jaime Ramírez Restrepo cuando se encontraba frente a los destinos administrativos de Calarcá a principios del año de 1995, designado por el entonces Gobernador de Caldas el doctor Ramón Marín Vargas, un distinguido intelectual y atildado jefe del partido Liberal, cuando aún no se había aprobado la elección popular de Alcaldes y la ciudad pertenecía ese gran departamento.

Por ese entonces había llegado a la Cámara de Representes el distinguido comerciante calarqueño Jorge Jaramillo Arango, y quien esto escribe se desempeñaba como Jefe de Personal del Senado de la República, llevado de las manos generosas de Otto Morales Benítez  y Horario Ramírez Castrillón, quién además de Senador fungía como Secretario ad hoc del Senado de la República, por falta de consenso para la elección del titular del cargo, razón por la cual de hecho me convertí en su asesor, pues suponía en mí el conocimiento del trámite y discurrir  parlamentarios.

Valiéndonos de esas especiales y coincidentes circunstancias, supe por boca del mismo parlamentario que Jorge Duque Ospina, alcalde en ejercicio, había presentado renuncia irrevocable de su cargo, y el señor Gobernador le había pedido un candidato para el mismo; fue así como con varios amigos, entre los cuales recuerdo a Medardo Osorio, Héctor Rojas Castro y Diego Jaramillo Arango, primo hermano del novel parlamentario, logramos interesarlo para que postulara el nombre de Ramírez Restrepo a la Alcaldía de Calarcá. A los pocos días, recibimos con inmensa satisfacción la noticia de su efectivo nombramiento.

Durante su administración se automatizó la prestación del servicio telefónico con la ciudad de Armenia que hasta entonces era servido por Telecom y cobrado con tarifas de larga distancia –cosa inimaginable hoy-. Fortaleció el cobro y recaudo de la contribución de valorización lo que permitió la ejecución de muchas de las obras de desarrollo físico y recreativo de la ciudad de las que hoy disfrutamos, entre ellas la ampliación y pavimentación de la Calle Real, hoy carrera 25, objeto de remodelación urbana en virtud de la campaña de los llamados Picapiedras, un grupo de ciudadanos que ante la falta de complimiento de la orden, resolvieron por sí mismo, destruir los andenes y obligar a los vecinos a retroceder las fachadas de sus viviendas para permitir la ampliación decretada. En su administración empezó para el Municipio el programa de erradicación de tugurios emprendida por el Instituto de Crédito Territorial, y el mejoramiento de la calidad de los servicios públicos domiciliarios. Tan importantes logros pusieron a la ciudad en el camino de la modernidad, gracias a su fecunda labor.

Pero también se fortaleció la actividad cultural donde siempre había brillado la ciudad en el panorama de la literatura y las artes nacionales. Su administración dio paso al establecimiento del Primer Reinado Departamental del Café con participación de hermosas candidatas de cada uno de los doce municipios del Quindío, importante certamen que fue cuna e inspiración del amplio desarrollo turístico del departamento del que actualmente somos beneficiarios todos los quindianos, y fue la transición para que en la actualidad Calarcá fuera sede del Reinado Nacional del Café. Pero todo no fue jolglorio puesto que tuvo como antesala la Semana Cultural con presentación de importantes conferencias, exposición de libros y  de pintura.

Sin embargo,  el hecho que más sensación causó y atrajo multitudes de entusiastas  espectadores, fue la presentación de la obra de teatro  A la diestra de Dios Padre del escritor costumbrista antioqueño Tomás Carrasquilla Naranjo, adaptada por el fundador y director del Teatro Experimental de Cali (TEC), Enrique Buenaventura, que después triunfaría en todos los escenarios latinoamericanos donde fue escenificada la obra.

No obstante las anteriores realizaciones, la obra cumbre de su ingenio, cuya huella luminosa aún perdura y se conservará siempre por su grandes implicaciones geopolíticas -no suficientemente valorada en su momento-, fue cuando en un discurso en la Plaza de Bolívar aseveró que el Quindío era una Ciudad Dispersa, con evidencia en que los 1845 kilómetros cuadrados de superficie comprendidos entre la cordillera central y el rio La Vieja en el límite con el Valle del Cauca, aunada al hecho cierto de que más de las tres cuartas partes de la población vivía en las cabeceras Municipales y menos de la cuarta parte en las zonas rurales, a más de la cercanía de los municipios entre sí -lo cual permitía una interacción muy personalizada entre todos los habitantes-, constituía una verdadera conurbación definida poéticamente por su brillante inteligencia como Una Ciudad Dispersa.

La profundidad del concepto sirvió como uno de los argumentos indestructibles esgrimidos en el paraninfo del Congreso de la Republica para que muchos parlamentarios votaran la creación del nuevo departamento del Quindío y paradójicamente para que más tarde fuera negada por votación popular de uno contra cinco la iniciativa de crear un Área Metropolitana con la mitad de los municipios del departamento. Igualmente, ha servido como fundamento para los diversos estudios y planes de desarrollo elaborados en la región. Esa es la razón por la cual afirmamos que la exclamación de que El Quindío, era una Ciudad Dispersa se convirtió en un grito de guerra que todos adoptamos para la defensa de justas batallas colectivas.

La evocación anterior surgió de manera espontánea ante la dolorosa noticia del fallecimiento de Jaime en la mañana de ayer, cuando su corazón generoso dejó de latir y el nuestro aceleró su ritmo por la pérdida del amigo sin par y excelente ciudadano, cuya vocación de servicio a la comunidad no desfallecerá en el recuerdo agradecido de sus conciudadanos.

Bogotá 15 de junio de 2021