1 de agosto de 2021
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El dificil triunfo de pedro castillo

20 de junio de 2021
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
20 de junio de 2021

Este educador logró derrotar con mucha dificultad las propuestas neoliberales de Keiko Fujimori. Solo obtuvo una ventaja de aproximadamente 50.000 votos, lo que movió a Fujimori a tratar de anular algunas mesas de votación donde el candidato de Perú Libre le sacó una ventaja aplastante. La candidata no es una pera en dulce, pero, además, este apellido tiene mucho significado en Perú. Recordemos algo de esta historia.

El “chino”, Alberto Fujimori

Para las elecciones de 1990, Perú vivía una crisis económica agravada por el desprestigio de los partidos políticos y por la amenaza de los grupos guerrilleros, Sendero Luminoso y Tupac Amarú. En este caos el reconocido escritor Mario Vargas Llosa presentó su nombre como candidato a la presidencia, con una contundente consigna para salvar la economía; a los pocos días era el favorito en las encuestas y ya se sentía el próximo presidente. En este ambiente apareció la figura de Alberto Fujimori, hijo de inmigrantes japoneses, quien lanzó la consigna “Honradez, tecnología y trabajo”, que casi no despega. Pero con una actividad populista su fama creció como la espuma, se convirtió en un fenómeno político y barrió en las elecciones. Inició su gobierno reorganizando la economía, enfrentó los grupos subversivos y se asesoró de Vladimiro Montesinos, jefe del Servicio de Inteligencia Nacional. Para golpear el terrorismo creó el grupo Colina, en 1991, con el fin de desarrollar operaciones de inteligencia; pero se convirtió en un escuadrón de la muerte que operaba en secreto, planeaba desapariciones y ejecuciones extrajudiciales; por ejemplo, el 3 de noviembre de 1991 fueron asesinadas 15 personas en Barrios Altos, Lima. La masacre sacudió a todo el país, creció la oposición y en el Congreso se preparó un debate para esclarecer los hechos. Como respuesta Fujimori disolvió el Congreso (5 de abril de 1992) y asumió todos los poderes para luchar “contra la corrupción judicial, el narcotráfico y el terrorismo”. El pueblo peruano respaldó al dictador y su popularidad llegó a 80%. Eran días “de gloria”; se incrementó la corrupción, se atacó a la oposición política y, mientras el gobierno luchaba contra la subversión, se crearon las condiciones para la violación de los derechos humanos.

El grupo Colina siguió operando y el 18 de julio de 1992 fueron secuestrados y asesinados nueve estudiantes universitarios y un profesor. Los medios de comunicación, las organizaciones de derechos humanos y Amnistía Internacional, culparon al gobierno por la nueva masacre. Pero el 12 de septiembre, un grupo de la policía capturó al dirigente Abimael Guzmán, la cabeza de Sendero Luminoso, sin disparar un solo tiro. El pueblo estaba feliz y Fujimori aseguró la reelección, para 1995; llegó con 64% de los votos lo que le garantizó el control del Congreso. En este período salieron a la luz pública nuevos escándalos de corrupción, le torció el pescuezo a la Constitución para la segunda reelección y, por supuesto, ganó; pero llegó desgastado por las denuncias de fraude y perdió las mayorías en el Congreso. En este momento lo golpearon dos grandes escándalos: el contrabando de armas de Montesinos, para las FARC, y el soborno del mismo Montesinos para comprar a los congresistas. En este ambiente creció el vacío de poder y no terminó el tercer gobierno; en noviembre de 2000 viajó a Japón y envió la renuncia. Cinco años después llegó a Chile y fue extraditado en 2007; finalmente lo condenaron a 25 años de prisión “por corrupción y por crímenes de lesa humanidad”.

La hora de Keiko

En 1994, cuando tenía 19 años, tuvo que asumir como primera dama pues su mamá, Susana Higuchi, anunció su divorcio del presidente Alberto Fujimori. Esta experiencia cerca del poder, le sirvió para conocer la corrupción, el clientelismo y el populismo. Cuando su padre renunció, Keiko también desapareció y se fue a estudiar a Estados Unidos; regresó e ingresó de nuevo a la política, organizó el fujimorismo y llegó al Congreso. Entendió que debía comportarse como una extensión de su padre, aprovechando que en Perú no había líderes políticos ni partidos fuertes. Sobre esta base presentó su nombre como candidata presidencial, pero perdió frente a Ollanta Humala, en 2011.

Luego regresó como candidata del Partido Fuerza Popular para la contienda de 2016, cuando se enfrentó a Pedro Pablo Kuczynski. Siguiendo las enseñanzas de su padre recorrió todos los rincones del país enfundada en un poncho andino y regalando alimentos, utensilios de cocina y uniformes escolares. Sin embargo fue derrotada por un poco más de 50.000 votos.

Pedro Castillo no la tiene fácil

El ambiente político es complicado por la polarización y sectores militaristas están llamando al golpe de Estado. Si Castillo intenta impulsar un programa muy radical seguramente no terminará el año como presidente. Le será muy difícil desmontar el neoliberalismo porque no tiene la mayoría necesaria para que el parlamento le apruebe una asamblea constituyente. El fujimorismo y las fuerzas de derecha tiene mucho poder en un país donde no hay partidos fuertes.