26 de julio de 2021
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En el centenario de “La Patria” (4): Del suplemento literario a la dirección del periódico

16 de junio de 2021
16 de junio de 2021
Augusto León Restrepo. Cortesía La Patria.

Por: Jorge Emilio Sierra Montoya (*)

El entonces director del periódico, un brillante columnista y poeta: Augusto León Restrepo, había estado precedido en esa importante posición por el veterano periodista Ovidio Rincón y el ensayista Jorge Santander Arias (fallecido tempranamente, víctima de un cáncer), quienes apenas alcanzaron a figurar como subdirectores por estar reservada la Dirección al propietario del periódico, José Restrepo Restrepo.

Era él quien recibía mis artículos de opinión, los cuales aparecían de inmediato en la sección editorial, sin cambiarles una coma, demostrando con su actitud gran respeto a la producción intelectual, no tanto -pensaba, sin atreverme a decirlo- por el hecho de ser yo oriundo de Marsella, mi querido pueblo de infancia, de donde provenía la familia de su esposa Myriam.

Colaboradores de lujo

A Augusto León -como le decían sus compañeros- le debí, entonces, mi designación al frente del suplemento literario, donde empezaron a desfilar jóvenes escritores nacionales, representativos de la nueva generación, como Juan Gustavo Cobo Borda, David Sánchez Juliao, Juan Manuel Roca, Fernando Garavito, Giovanni Quessep, Raúl Henao, Harold Alvarado Tenorio, Jaime Echeverri y Rosita Jaramillo, al lado de autores consagrados en la región, como Otto Morales Benítez, Ovidio Rincón y Alberto Londoño Álvarez, entre otros.

Mi propósito, en fin, era hacer de este suplemento el mejor del país. Un reconocimiento en tal sentido se hizo público nada menos que en la revista Gaceta de Colcultura, desatando la furia de los críticos (o enemigos) que nunca faltan en las distintas actividades humanas y, con mayor razón, en el periodismo y el mundo intelectual, donde cabe esperar que reinen las más altas condiciones personales e éticas.

Entre Garavito y Vidales

Según salta a la vista, yo seguía fascinado por la cultura y, en especial, por la literatura, ahora desde la dirección del suplemento literario, donde divulgaba también mis ensayos, poemas y entrevistas, como la realizada al poeta Fernando Garavito sobre su más reciente libro: Ja (que titulé, con ironía: “A Fernando Garavito le dio por ser poeta: Ja”).

Luis Videales

Pero, publicaba igualmente mis crónicas, como cuando el también poeta Luis Vidales, acompañado por su sobrino Juan Manuel Roca, dio un recital en la Universidad Nacional de Manizales, al término del cual se reunió con un nutrido grupo de jóvenes intelectuales para responder a sus preguntas, por insolentes que fueran.

“Hay que cargar primero el fusil para poder disparar”, dijo el autor de Suenan timbres a quien le inquirió, sorprendido por su vasta erudición, sobre la importancia de la lectura para un escritor.

Luego terminamos, con unos buenos tragos en la cabeza, en el famoso Bar de Chucho, donde los clientes estábamos obligados a bailar tango con las coperas, ¡sin que él, Luis Vidales a su avanzada edad, fuera la excepción!

¡Rumbo a la Dirección!

Todo esto influyó acaso para que Augusto León Restrepo se fijara en mí como posible reemplazo de un destacado escritor y periodista manizaleño: Uriel Herrera, su inmediato colaborador en la dirección del diario, donde compartían oficina.

El hecho es que “don Uriel” -conocido en la ciudad como El General (en tácita alusión a Benjamín Herrera, jefe liberal en los años veinte, cuando fue candidato a la Presidencia de la República)-, salió del cargo por mandato del jefe supremo, José Restrepo, decisión que él recibió bastante molesto, más aún cuando supo que su relevo sería un recién egresado de Filosofía y Letras, sin mayor experiencia y cuya filiación conservadora, indispensable para trazar la línea editorial que me correspondía, fue puesta en duda.

Al poco tiempo, sin embargo, nadie se acordaba del lamentable retiro del General, según es usual en los medios informativos, donde lo único que importa es el presente, olvidando el pasado.

“No hay nada más viejo que un periódico de ayer”, como es sabido.

Encuentros con el poder

De ahí que en 1979, con 23 años encima, ya era periodista de tiempo completo en La Patria, como Asistente de Dirección que equivalía a ser Subdirector, con funciones de Director encargado (así, con mayúsculas) cuando el titular no estaba, teniendo a mi cargo una columna editorial publicada todos los días: Cosas que pasan, sin firma por expresar la política del periódico, igual al editorial que me correspondía escribir -¡con mi firma!- en la edición dominical.

José Restrepo Restreoo. Cortesía La Patria.

En realidad, no era redactor, ni pertenecía al cuerpo de redacción sino a la dirección, junto al director, de quien yo dependía tanto como del dueño, José Restrepo Restrepo, quien, pocos días después de mi posesión, me llamó por teléfono desde Bogotá para el saludo de rigor, desearme éxito en el trabajo y darme unos cuantos consejos, entre los cuales hizo énfasis en ser prudente en los escritos, como advirtiéndome que, si no lo era, podía seguir los pasos de mi antecesor.

Éste fue, a todas luces, mi primer encuentro con el poder, encarnado por una persona de quien dependería en adelante a nivel laboral y, por ende, en lo económico, que no era poca cosa.

Profesor de Filosofía

Enhorabuena, lo clave en esta etapa era el periodismo, actividad a la que ahora sí me dedicaría en pleno, si bien a poco andar se abrió otra puerta, como profesor de Filosofía en la Universidad Católica, que también era un campo en el que estaba interesado y que de ninguna manera veía incompatible con mi labor periodística sino, por el contrario, complementario.

La enorme responsabilidad de informar -me decía, con honda convicción- exige una sólida formación intelectual, que en muchos casos se logra por medio de la docencia.

Al fin y al cabo, el que no sabe se dedica a enseñar…

(Mañana: Crónicas de varones ilustres de Caldas)

(*) Escritor y periodista. Ex director del diario “La República” y Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua. Autor del libro “Una vida en olor de imprenta” (Amazon, 2020).