1 de agosto de 2021
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Breve historia de “La Patria del Quindío”

18 de junio de 2021


Por: Jorge Emilio Sierra Montoya
(*)

Bajo el mando de Ignacio Restrepo Abondano en La Patria a fines de los años setenta y comienzos de los ochenta, hubo dos iniciativas que tuvieron enorme impacto en el diario, la región, el país e incluso mi vida periodística, pues yo era -como se sabe- su mano derecha en la Dirección: La Patria del Quindío y el sonado escándalo del Robo a Caldas, las cuales deben examinarse con cuidado. Veamos.

La Patria, ¡con otro periódico!

Como lo sugiere su nombre, La Patria del Quindío era un periódico de La Patria, de cuatro páginas, tamaño universal, inserto en su edición diaria como si fuera un suplemento, para el departamento del Quindío, otrora vinculado al Viejo Caldas y parte integral del Eje Cafetero.

Con este proyecto se buscaba recuperar la alta penetración del diario caldense en esa zona y aumentar, por consiguiente, su influencia, el número de lectores y anunciantes, con los correspondientes beneficios sociales, políticos y económicos, propios de las empresas informativas.

De alguna manera, el propósito era hacer algo similar a lo que se hizo en un principio con La Tarde de Pereira, pero ya en forma directa, con La Patria a la cabeza, no al margen como sucedió allá, en La perla del Otún, donde el nuevo diario terminó independizándose por completo, bajo el control de accionistas locales (liberales, por más señas) y, lo que es peor, generando una fuerte competencia que amenazaba con sacar a La Patria del mercado risaraldense.

Era un proyecto ambicioso, claro está.

Hugo Palacios a la cabeza

Por la importancia del mismo, se nombró como director a un peso pesado del Quindío: Hugo Palacios Mejía, destacado abogado y economista residente en Bogotá, quien ya pertenecía a los más encumbrados círculos del partido conservador, en cuya representación ejercía su curul en la Cámara de Representantes, gracias al respaldo popular en su departamento.

Hugo Palacios Mejía. Imagen El Quindiano.

Aunque él era de tendencia alvarista y seguidor, por tanto, de Álvaro Gómez Hurtado (hijo de Laureano Gómez, Presidente de la República que abrió paso, contra su voluntad, a la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla en el terrible período de La Violencia de los años cincuenta), apoyaba a Belisario Betancur y su Movimiento Nacional en la campaña presidencial en curso para suceder a Julio César Turbay Ayala, cuyo mandato concluiría en 1982.

Ignacio Restrepo, a su turno, era alvarista consumado y, por ello, no veía con buenos ojos la candidatura de Betancur, ni compartía sus ideas que tildaba, en privado, de populistas o demagógicas.

¿Por qué, entonces, aceptó que Hugo Palacios fuera director para la edición del Quindío? Muy sencillo: lo escogió por sus condiciones excepcionales, ser ambos alvaristas por convicción, de principios, y ser buenos amigos desde la Universidad Javeriana, uno como profesor y otro como alumno en la Facultad de Derecho, donde el influyente padre Giraldo, según era vox populi, imponía Presidentes de la República.

Las circunstancias, en fin, eran propicias para promover ambos sus ideas, como directores, en un departamento que contaba con mayorías liberales dominadas por el cacique de turno, Ancízar López López, a quien era preciso vencer en los siguientes comicios parlamentarios.

Un editorialista con Belisario

Pues bien, Ignacio Restrepo decidió que en La Patria del Quindío, cuando su Director Palacios Mejía no enviara el editorial, fuera yo quien se encargara de escribirlo, obviamente con mi firma según lo hacía para la edición dominical de La Patria.

Belisario Betancur

Y como la falta de editorial -que debía remitirse de Armenia o Bogotá- dejó de ser excepción para volverse regla, me vi obligado a hacerlo todos los días, como si en la práctica fuera el Director del nuevo periódico.

No lo era, es cierto, pero yo fijaba la política editorial, si bien con la previa autorización de Restrepo Abondano, quien alguna vez me dijo, tras leer mi editorial quindiano a favor de la elección popular de alcaldes propuesta por Betancur: “¡Usted parece más liberal que godo, aunque piense lo contrario!”. Y hasta razón tendría…

A decir verdad, yo me declaraba entonces belisarista, adoptando así posiciones conservadoras con enfoque social (hacia la izquierda, aseguraban mis críticos), tanto por la tradición que venía desde mi abuelo Felipe Montoya -fiel seguidor de Rojas Pinilla hasta su muerte-, como por el hecho de estar más al lado de los pobres, de la gente sin recursos económicos, a la luz de los principios cristianos que el mismo Betancur proclamaba con entusiasmo. Simplemente era leal a mi condición natural, aunque por momentos creía estar equivocado.

Samper, López y Galán

Lo cierto es que seguí por esa línea, como cuando escribí otro editorial sobre la proletarización de la clase media, basado en un estudio de la Asociación Nacional de Instituciones Financiera (ANIF), cuyo presidente, Ernesto Samper Pizano, me envió nota de agradecimiento que conservé por mucho tiempo en el archivo personal, como si fuera una reliquia.

Alfonso López

Y lo fui, con mayor razón, cuando Samper asumió la coordinación nacional de la campaña electoral de Alfonso López Michelsen, jefe liberal aspirante a su reelección en medio de la división de su partido por el Nuevo Liberalismo de Luis Carlos Galán.

Así las cosas, la política se fue convirtiendo, cuando menos pensé, en epicentro de mi actividad periodística, ya no sólo por mis editoriales en La Patria del Quindío sino también por La semana nacional (yo prefería llamarla, con humor, Semana pasional), sección editorial de los domingos, donde trataba los temas locales en cuestión, de corte partidista, y algo de política internacional.

Pero, la gota que rebosó la copa fue el llamado Robo a Caldas, donde jugué, bajo la batuta de Ignacio Restrepo Abondano, un papel protagónico. Los siguientes hechos lo confirman.

(Mañana: El robo a Caldas)

(*) Escritor y periodista. Ex director del diario “La República” y Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua. Autor del libro “Una vida en olor de imprenta” (Amazon, 2020).