16 de mayo de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Áspero

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
4 de junio de 2021
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
4 de junio de 2021

Decir las cosas con la precisión que demanda cada hecho, con plena claridad de lo que se pretende transmitir y sin dar muchos rodeos de lo que es la realidad que se pretende transcribir, puede aparecer un tanto áspero, incluso vulgar y hasta censurable. Pero es llamar a las cosas por su nombre, sin que queden asomos de la menor duda de que es lo que se quiere hacer saber. Si la realidad es áspera, no es problema atribuible al autor de quien la cuenta, la ausencia de cuidado en lo que se dice, sino que ello termina por obedecer a la dureza de lo que se está contando.

Las realidades duras demandan de narradores con la misma dureza en el lenguaje, porque lo contrario es ficción de lo que se narra, puede terminar apareciendo como ausente de fidelidad con lo que se cuenta. Y ese fue su estilo desde cuando a los 38 años se decidió a ser escritor y hacer conocer su obra, con un primer libro de relatos cortos, en lo que llegó a convertirse en todo un maestro de la literatura universal, al punto de que en muchos años fue el eterno candidato al Premio Nobel de Literatura que nunca le dieron por la sencilla razón de los cruces ideológicos que siempre se dan entre quienes llegan a conformar los jurados de escogencia de una obra determinada. No es, no va a ser, el primero ni el ultimo de los autores que con la calidad de lo que han escrito merezcan ese galardón, pero nunca lo alcancen por estar ausentes de la zona de confort que imaginariamente alguien llega a establecer como una especie de medida de acceso. Para quienes gustamos de su narrativa, siempre fue merecedor de ese premio. Para quienes sus limitaciones, o exigencias morales  constituyeron barrera de acceso, la convicción fue en lo contrario. Eso no le ha mermado en nada ni validez, ni presencia en lo que llegara a convertirse como autor universal, que con el paso del tiempo va ganando en lectores y estudiosos de la obra, que de alguna manera termina siendo el objetivo de cualquier creador artístico.

Hace un poco más de un año se fue de la vida de los que circulan por calles y relaciones con los demás, el narrador brasileño Rubem Fonseca, sin duda uno de los más grandes escritores en lengua portuguesa de todos los tiempos. Un narrador que siempre se limitó a hablar a través de sus obras, como que era enemigo de dar entrevistas o hacer comentarios sobre todos los temas del mundo, que a veces  son el contenido de los interrogantes de los periodistas en la confianza de que los escritores cuando son universales deben estar en capacidad de analizarlo todo. Pocas, muy pocas veces dio entrevistas y sus charlas se redujeron a los esquemas de la enseñanza, en lo que cumplió una tarea sumamente amplia en formación de personas no sólo en literatura, sino en ciencias policiales y de administración pública. Siempre sostuvo que lo que tenía que decir estaba dicho en sus cuentos, ensayos y novelas, que en un total de 30 libros ahora seencumbran en el camino de los que nunca se irán del lado de los humanos, como que es un autor sobre el que debe volverse por siempre.

Ahora ha llegado a las librerías colombianas su último libro de cuentos, que contiene un total de 26 relatos, todos ellos de poca extensión y con la misma crudeza en el lenguaje que siempre lo caracterizó. Relatos en los que dicen muchas de esas cosas que casi tofos pensamos, pero no nos atrevemos a verbalizar en el temor de no ofender a nadie, por la rudeza que puede haber contenida en la sinceridad. Leerlo es saber algo que muchos saben y no lo dicen, como:

“Mi padre y mi madre nunca discuten. La razón de esta cordialidad puede explicarse con la teoría de ese filósofo, o quien sea, que dice que para que un matrimonio funcione, el hombre debe vivir en una casa y la mujer en otra. Si ese no es posible, que duerman en cuartos separados. Si eso no es posible, que duerman en camas separadas. Dormir en la misma cama acaba con cualquier matrimonio. Mi madre dice que duerme en un cuarto separado, por los ronquidos de mi padre. (“Amor y otros prolegómenos”, página 14).

Todos de alguna manera han tenido experiencias en las que idean conceptos, calificaciones y descalificaciones, cuando no se encuentran los resultados que puedan coincidir con las  soluciones adecuadas a un priblema puntual. Se piensa, se maldice en silencio, pero no se tiene el atrevimiento de decirlo en público, ni mucho menos ante los protagonistas para no ofender y no agregarle un inconveniente más al que ya se tiene. Un narrador como Fonseca lo dice:

“Los doctores son unos estafadores, lo sé porque mi hermano es médico general y no sabe cuál es la  diferencia entre una gripe y un resfriado. Síntomas como nariz congestionada, estornudos, dolores de cabeza y de cuerpo pueden indicar una gripe o un resfriado. La diferencia es que la gripe es causada por un virus y, por lo  general, se caracteriza por fiebre alta, seguida de dolor muscular, dolor de garganta, dolor de cabeza, secreción nasal y tos seca. En el resfriado no hay fiebre. (“Diarrea”, página 43)

Cuando se describen a las mujeres amadas, los narradores se adornan mucho y a veces es dificil desentrañar las característas ciertas de esas personas. Es que decirlo con palabras sencillas, sin adornos, sin hipéboles y sin agregaciones con florituras, no resulta nada fácil. Si lo es para este grande de las letras universales, ganador de muchos premios de narrativa en e todo el mundo y distinguido como el más grande escritor del siglo XX en Brasil. Decir simplemente:

“En fin, volviendo a mi amiga alemana, la conocí en Berlín. Alguien, no me acuerdo quien, nos presentó diciendo que ella sabía hablar y escribir en portugués muy bien, y quería conocer personas que hablaran esa lengua. Maria era una mujer muy bonita, de treinta y pocos años (no voy a decir su nombre completo porque esta es una historia verídica, todo lo que cuento aquí sucedió realmente). Después de un tiempo, ya estábamos conversando en la cama, y cogiendo, por supuesto; coger con ella estaba muy bien. (“Hechizo  bariseleño”, páginas  51, 52)

Pensar en la relativa y compleja esencia de lo que es el tiempo, sobre lo que tanto se ha escrito y nada se ha definido, es bien complejo, pero si se dice con hechos de lo cotidiano resulta hasta simple lograr entenderlo:

“Un agente judicial me notificó que habían interpuesto una demanda de desalojo contra mí. Siempre había oído decir que la justicia era muy lenta, pero lo cierto es que, después de un tiempo que me pareció muy corto, fui desalojado, prácticamente expulsado del departamento, por agentes judiciales. (“Me gusta ver el mar”, pagina 57).

El concepto de divino y extranatural ha sido construído por el hombre mismo, como que la religión es una parte de lo que en general se llama cultura, que es toda producto de la creatividad de los seres humanos. Describir la esencia de los productos elevados a categoirías divinas resulta atractivo hasta para los creyentes:

“En la etimología, viene de hostiam, que significa <<victima>>. Jesus, víctima de nosotros mismos, los seres humanos, para la redención de nuestros pecados. El pan de mayor significado litúrgico, para el rito eucarístico, es el pan ácimo. La producción de pan ácimo aún se hace de forma artesanal en algunas localidades, aunque existen máquinas que facilitan el proceso. La fabricación artesanal la realizan principalmente religiosos, en general en monasterios, donde el corte puede hacerse con tijeras, una a una. En el procedimiento industrial, realizado por empresas privadas u organizaciones religiosas, se producen hostias de dos tamaños: 3 centímetros de diámetro, con un peso de 0.6 gramos, para los fieles, y 7.8 centímetros, para los sacerdotes. (“Iglesia de nuestra señora de la Peña”, páginas  69, 70)

Si la cureldad de los seres humanos con los seres humanos se describe con crudeza y dice de manera directa, puede sonar más duro, pero el conocimiento de lo que se viene a saber queda mucho más claro que cuando se adorna con figuras de construcción literaria. Como decir:

“En ellas, los esclavos y los animales eran tratados sin distinción. Un señor tenía derecho, por ejemplo, de <<desechar a los esclavos y a las bestias por enfermedad o cojera, si fueron vendidos dolosamente>>. Ni la constitución de 1824, que prohibía los azotes, la tortura, las marcas de hierro candentes y todas las penas crueles aplicadas a los esclavos, surtió efecto en ese caso. Ni siquiera los niños se salvaron. Hay relatos de esclavos de diez años con marcas de violencia en la piel. La carne quemada indicaba a quien le pertenecían. Era un mecanismo de control cruelmente eficaz. En los periodos de la época había una sección llamada “esclavos fugitivos”, en la que se describía al sujeto capturado y se daban las iniciales. (“Nada nuevo”, el más extenso de los cuentos del volumen, página  95).

Son tantos los que han guardado en sus emociones propias muchas aversiones y repelencias que nunca expresaron para no salirse del conjunto social, que pueden llegar a encontrar muy áspero a un autor que sea capaz de decirlo de manera frontal y poner de presente que:

“Odio la Navidad y el año nuevo, esas celebraciones idiotas; odio las vacaciones, en vacaciones yo quiero trabajar, no voy porque no tengo empleo, no trabajo. Pero ya trabaje… No sé si contarlo… voy a contarlo: trabaje matando gente, era asesino profesional. En esa época del año yo mataba muchos papás Noel; la verdad, me gustaba matar papás Noel. Mate muchos, muchos, pero ya dije. Les decía << Haz “Jo, jo, jo” >>, y el tipo vestido de Papá Noel obedecía; entonces, yo lo plomeaba entre sus cuernos. Un tiro de .45 tiene que darse en la cara, hace un hoyo bonito, pero no puede ser una bala de punta hueca, que abre un hoyo feo en la cara del… del… cono podría decirlo, del destinatario. No sé si esta palabra es adecuada, destinatario, tengo que compra r un diccionario; todo el mundo tiene un diccionario, yo solo tengo pistolas .45 con un silenciador para atornillar en la punta del cañón. Aun así, el disparo hace ruido. (“El mundo está mal”, pág 107)

 Ahí mismo esas frases traen un contenido de humor negro recargado que a todos les molesta en público, pero se lo gozan en privado.

Hacer caber a todo el ser humano en todas sus dimensiones en un relato versificado muy breve, es tarea que sólo puede ser acometida por verdaderos genios de la literatura. El siguiente texto es un cuento completo del libro “Carne cruda”, editado por editorial Tsquetes, al finallizar el año 2020 y que bien puede ser entendidda como la última creación de Rubem Fonseca, un verdadero maestro de la palabra. Basta decir:

“Él estaba acostado,

Aguardando.

Él era como era,

Solo que

Más ceniciento y ajeno a las lágrimas

y a los suspiros y a la estridente sirena

Del carro de la policía.

Dolores que expiraron, celos, frustraciones.

¿Preocupaciones?

Ni siquiera por el

Impuesto sobre la renta.

El ser es breve.

(“El ser breve”, página 111)

Los nombres de las partes del cuerpo del ser humano están dados desde siempre, pero de pronto se pierden en el eufemismo:

“Soy una mujer de… No, no voy a decir mi edad, las mujeres nunca hacemos eso, nos pintamos el cabello, hacemos dieta para no estar gordas y panzonas, vamos a gimnasios… yo voy a uno a <<jalar>>, como se dice; hago ejercicios con pesas para brazos, piernas, abdomen y glúteos: esta parte de nuestro cuerpo es muy traicionera, tiene tendencia a ablandarse y se cae, literalmente. Puede que tengas un culo grande o pequeño, no importa: si no tienes cuidado, el culo se viene abajo. No existe cirugía, prótesis de silicona o lo que sea que sujete el culo; la mayoría de las veces, ni siquiera jalar resuelve el problema. (“Los originales y las imitaciones” página 117).

Muchas de las naracciones de Fonseca poseen un estilo policiíaco, de alguna manera la influencia de su vida en ese cuerpo armado civil, al cual se incorporó luego de haberse graduado como abogado en Rio de Janeiro, a donde lo llevaron a vivir muy niño, con especialización en Derecho Penal y ejerciendo la profesión exitosamente. En la Policía llegó a ser Comisario de Distrito y fue becado en varias oportunidades, habiendo cursado la carrera de Administración de Empresa y convirtièndose en docente de las Academias de Policiía. Por eso no es extraño encontrar en su obra narraciones crudas que poseen el tinte del informe de investigación criminal, como cuando dice:

“Ya conté el día en que el Bola Siete –que tenía otro apodo, el Tartamudo, pero nadie tenía el valor de decirle Tartamudo, porque él ya había matado a tres sujetos que lo llamaban así, aunque no le molestaba que lo llamaran Bola Siete- dejo un arma larga para que yo la guardara en mi casa, casa no, barraca. Yo mire por el tubo que estaba encima del arma del Bola Siete y logre ver algo que nuca había conseguido ver: a los blancos gordos comiendo y bebiendo, y mate a un gordo blanco. Odio a los gordos, yo soy delgado porque paso hambre, y me sentí feliz de haber matado a un blanco gordo, no me cabía más felicidad en la panza. Entonces se me ocurrió la idea de ir a la casa del Bola Siete, que quedaba en uno de eses cerros cuyos habitantes tienen terraza y hacen una feijoada todos los sábados; toque la puerta de la casa del Bola Siete y una mujer negra, tal vez un poco delgada, me dijo: ¿sí? Y yo respondí: el… el… el… ella me interrumpió: ¿el bola Siete? La policía lo mato, la policía solo mata negros. Es mejor que te vayas enseguida, niño. (“Los pobres, los ricos, los negros y la panza”, páginas 123, 124).

El creador de ese personaje  bien difícil de encuadrar entre justiciero y matón y criminal, el abogado Mandrake, mujeriego, cínico y amoral, fue estrecho amigo de esos relatos en los que el delito aparece como algo natural, de lo cotidiano, de lo que sucede y unos miran a ver que pasó y otros sencillamente pasan de largo, deja improntas fáciles de identificar como las de un creador literario distinto a tantos.Es meterse en la piel del criminal y contar las cosas desde su elemntalidad  de obrar con la mayor indiferencia:

“Mi plan. Yo sabía que Gilberto tenía una pistola, que siempre estaba consigo. Tenía miedo de que lo asaltaran. Ese tipo de persona, la que tiene miedo de ser asaltada, es más común de lo que se piensa. Es una forma de paranoia. Mande a un empleado de mi tienda a una librería, había una en los alrededores, para que comprara un libro sobre paranoia. Leí en el libro: <<La paranoia es tener siempre la sensación de sospecha de que otras personas no son confiables. Tales sentimientos no se basan en hechos o en la realidad; la inseguridad y la baja autoestima muchas veces exageran esas emociones. Normalmente, la paranoia no se presenta en niños, pero, en la mayoría de los casos, se comienza a desarrollar al final de la adolescencia y al inicio de la edad adulta. Por lo general, la mayoría de las personas experimental sentimientos de paranoia como respuesta a una situación de riesgo o estos están conectados con sensaciones de inseguridad basadas en circunstancias reales. Esos sentimientos están relacionados con la ansiedad que las personas sienten durante la vida>>. (“Tela”, página 139).

Con el volumen de cuentos “Carne cruda”, se cerró la obra material de Ruben Fonseca, nacido el 11 de mayo de 1925, en Juiz de Fora, en el Estado de Mina Gerais, que fue el colofón de una obra que se inició con la publicación en 1973 de su libro de cuentos “Los Prisioneros”. En vida tuvo muchos vetos y censuras, pues no fueron pocos los que no aceotaron su lenguaje directo, duro, contundente, cierto, real y por demasiados calificado como áspero. Puede ser áspero decir las cosas con sus propios nombres, si lo que nos giusta son los eufemismos. Es apenas una invitación a leer el gran Rubem Fonseca.