26 de julio de 2021
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Así denunciamos El Robo a Caldas

20 de junio de 2021
Omar Yepes Alzate. Cortesía La Patria.

 Por: Jorge Emilio Sierra Montoya (*)

Hay que empezar por el principio: hacia fines de los años setenta, la presencia de Ignacio Restrepo Abondano, como Director de La Patria, le dio un vuelco absoluto a su política editorial.

En primer lugar, por ser alvarista (fiel seguidor de Álvaro Gómez), se oponía a la otra gran fuerza conservadora: el ospino-pastranismo liderado por Misael Pastrana Borrero, quien seguía los lineamientos del ex presidente Mariano Ospina Pérez, su padrino que le permitió ejercer la jefatura del Estado entre 1970 y 1974.

Él se enfrentaba así a la filiación partidista que traía, desde la década del cuarenta en el siglo pasado, el diario de la familia Restrepo en Manizales.

La Patria, pues, era reconocida como pastranista, facción que en Caldas lideraba Ómar Yepes Alzate, mientras su nuevo Director era tan alvarista como Rodrigo Marín Bernal, jefe regional del antiguo laureanismo.

Ésta era una traición evidente a los principios del periódico, según decían sus detractores.

Ataques a diestra y siniestra

Y cuando comenzaron a salir sus editoriales, ¡ahí fue Troya!

Luis Guillermo Giraldo Hurtado. Cortesía La Patria.

¿Por qué? Es evidente: porque no eran artículos conciliadores, diplomáticos, gaseosos, sin pisar los callos ni nada parecido, sino que, con un estilo claro, contundente, demoledor, de frases cortas y cortantes, se iba lanza en ristre contra el yepismo o el pastranismo, sin importar siquiera que el ex ministro Hernando Gómez Otálora -esposo de Marta Lucía Restrepo, hija de José Restrepo (1909-1979), o sea, coheredera y propietaria de la empresa- fuese uno de sus máximos dirigentes nacionales.

 

En igual forma, arremetía contra el oficialismo liberal que propugnaba por la candidatura reeleccionista de Alfonso López Michelsen y, en consecuencia, a favor del llamado turbolopismo -alianza entre el lopismo y el turbayismo a fines del mandato de Julio César Turbay Ayala (1978-1982)-, representado en Caldas por Luis Guillermo Giraldo Hurtado, jefe supremo del oficialismo liberal en Caldas.

De otra parte, a Restrepo Abondano se le notaba a la legua que mantenía serias reservas con la candidatura presidencial de Belisario Betancur, la cual debía contar, según mandatos oficiales emanados de la Convención que lo proclamó, con el apoyo irrestricto del conservatismo, partido que estaba a un paso de recuperar el poder ante la división del liberalismo entre las candidaturas de López Michelsen y Luis Carlos Galán.

La suya era como una terrible herejía, nada menos

Guerra frontal a la corrupción

Pero, Restrepo Abondano no dio su brazo a torcer. Al contrario, entre más lo atacaban sus enemigos, más fuertes eran sus posiciones editoriales, poniendo a prueba su vasta formación en Ciencia Política, cuya Maestría en la Universidad Javeriana fue creada y dirigida por él en sus últimos años como jesuita.

Carlos Fernando Giraldo Ángel

Condenaba, además, las prácticas clientelistas en su departamento, basado en la autoridad moral que traía de muchos años en el ejercicio del sacerdocio, denunciando, a todo pecho, la alianza entre Yepes y Giraldo Hurtado, entre el pastranismo y el oficialismo liberal, para mandar a su antojo en Caldas, con la complicidad del gobernador de turno, Carlos Fernando Giraldo Ángel.

Unos y otros, en fin, se repartían entre parientes y amigos los puestos públicos para hacer de las suyas, pasando por encima de normas éticas y legales, en desarrollo de una corrupción sin precedentes por aquellos lares.

Era una guerra declarada a la corrupción y a los corruptos, con cargos específicos: contratos oficiales para personas vinculadas al cerrado grupo gobernante, favorecidas con recursos económicos de la administración, como si fueran suyos; la promoción de barrios de invasión, como El Solferino, a pesar de ser éstas actividades ilegales, para ganarse a pobres familias sin techo, y la repartición, aquí y allá, de cemento y tejas para los sectores populares, cuyos numerosos votos se canjeaban por tales prebendas que en muchos casos eran de tipo burocrático.

Clientelismo contante y sonante, en definitiva.

Una cruzada personal

Cuando tuve conocimiento de lo anterior, no dudé en solidarizarme con dicha política, más por convicción que por conservar el puesto que de veras requería. Y fui tomando partido al respecto, a pesar de la cercanía con el yepismo-pastranismo del director anterior, Augusto León Restrepo, y del propio Gómez Otálora y su esposa Marta Lucía, a quienes yo apreciaba con gratitud, igual que al resto de la familia Restrepo.

Primaban, claro está, los principios morales fundados en el espíritu cristiano y la sana política en una democracia moderna, para luchar por el bien común y enfrentar a los corruptos en cabal ejercicio de la libertad de prensa, asumiendo los riesgos que fueran necesarios.

En tales circunstancias, a la sección Cosas que pasan, cuyas notas giraban por lo general en torno a asuntos cotidianos sin mayor trascendencia, la convertí en botafuego permanente contra los dirigentes en cuestión, sus subalternos y las prácticas indebidas (sobre la cuales ya podía entrar en detalles, a diferencia de los editoriales del periódico), como si esta lucha fuera algo personal, donde estaba dispuesto a jugarme la vida.

Para ello, contaba obviamente con el respaldo del Director, quien me suministraba, en múltiples ocasiones, la respectiva información, con datos precisos, para que también yo hiciera mis denuncias, las cuales recibían amplia acogida, con cartas a granel.

¡Robo a Caldas!

Daniel Samper Pizano

De ahí que cuando salieron los pliegos de cargos del procurador general de la nación, Carlos Jiménez Gómez, sobre lo que se llamó Robo a Caldas, así como la publicación de El Tiempo, según informe del periodista Daniel Samper Pizano y su Unidad Investigativa, acerca del roscograma tan cuestionado en las páginas de La Patria, se sabía que tales reacciones eran sólo el eco de la intensa campaña emprendida meses atrás por nosotros, desde cuando Ignacio Restrepo tomó las riendas de La Patria, diario conservador hasta los tuétanos.

Fue un resonante triunfo periodístico que yo también celebré como propio, a mucho honor.

(*) Escritor y periodista. Ex director del diario “La República” y Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua. Autor del libro “Una vida en olor de imprenta” (Amazon, 2020).