26 de julio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Lecciones aprendidas

6 de mayo de 2021
Por Juan Alvaro Montoya
Por Juan Alvaro Montoya
6 de mayo de 2021

Chile ha sido un modelo de desarrollo en América Latina. Posee uno de los mejores sistemas de seguridad social y ha sido reconocido ampliamente por el modelo económico que fue implementado hace varias décadas y que lo consolidó como uno de los países mas estables de la región, lo cual le hizo ganar el epíteto de “Paraíso Latinoamericano”. Hace un par de años nadie hubiese supuesto que a finales de 2019 sería un hervidero social a causa del incremento de 30 pesos chilenos (150 pesos colombianos aproximadamente) en el tiquete del metro, lo que desencadenó protestas sucesivas que concluyeron con un cambio de constitución.

La situación de Chile guarda una increíble semejanza con los catastróficos eventos que se han cernido sobre nuestra patria durante los últimos días que deben capitalizarse para no cometer los mismos yerros.

El momento histórico. En bastantes ocasiones, en la administración pública es mas importante ser asertivo en el “cuando” de las transformaciones que los cambios en si mismos considerados. La pandemia ha llevado la vida de los colombianos al extremo. Empresas que se han visto cerradas en medio de confinamientos forzados, empleos perdidos por una contracción generalizada en todos los sectores económicos y mayores presiones para la movilidad que limitan la capacidad de producción de los hogares nacionales han ejercido una gran presión que ha llevado la psique del ciudadano al límite. Al igual que lo sucedido en Chile, cualquier propuesta de elevar el gasto por vía de cargas fiscales es un detonante social de incalculables proporciones. Nadie ha discutido la necesidad de la reforma, pero, en las actuales circunstancias, no existirá ninguna posibilidad de aprobar mayores impuestos que golpeen la clase trabajadora nacional.

La conexión ciudadana. Con frecuencia los gobernantes cambian de posición una vez se encuentran en el poder. Las promesas que los candidatos repartían a dos manos durante la campaña y los argumentos que esgrimían como contradictores sin ninguna responsabilidad de su parte, resultan rebatidos con la llegada a puestos de dirección que imponen conocer de primera mano la crudeza de la realidad. La tecnocracia que hoy exigen los cargos públicos deriva regularmente en una desconexión del clamor popular que pasa factura en momentos de crisis. Este no es un pecado exclusivo del presidente. Alcaldes y Gobernadores incurren en la misma falla sin percatarse que en la calle existe un pálpito que reclama otras medidas. Mantener la conexión con el sentir ciudadano y no cansarse de hacer pedagogía de las políticas y programas propuestos no solo es una virtud, es una obligación para el buen gobierno.

Exceso de tecnocracia. Saber lo que se hace es una virtud, nadie lo duda. Pero cuando este conocimiento se despliega en el ámbito académico, imbuido en cifras que desconocen la tragedia humana que reflejan, la cualidad regresa a nosotros como un bumerang que nos golpea de muerte. Tanto en Chile como en Colombia, las propuestas de incrementar las cargas a los hogares fueron propuestas por sendas comisiones de expertos. Estos macroeconomistas conocen su profesión y son destacados en sus ámbitos. Pero en la noche no deben enfrentar el desasosiego que produce el hambre ni la frustración del trabajador que lleva un año esperando una oportunidad de empleo. Es allí cuando estalla la bomba social y donde las teorías de nada sirven.

La eficacia en la comunicación. El auge de las redes sociales permitió tanto en Chile como en Colombia que se convocaran marchas masivas, simultáneas y coordinadas a nivel nacional que pusieron en jaque al ejecutivo y su fuerza pública.  No es fácil atender un país caldeado por oportunistas electoreros que, con su mirada puesta en las próximas justas presidenciales, incendian el país a través de “alocuciones” por redes sociales. En esta dinámica la oposición le ha tomado ventaja al gobierno que, anclado a estrategias de comunicación anacrónicas, no ha sido capaz de transmitir de manera efectiva su mensaje.

Por el bien de la patria y para evitar escollos como el actual, el equipo de gobierno del presidente Duque debe aprender de las lecciones que ya se han impartido en otras latitudes y recodar Eclesiastés 1-9 “Lo que ya ha acontecido volverá a acontecer; lo que ya se ha hecho se volverá a hacer ¡y no hay nada nuevo bajo el sol!”.

NOTA FINAL: Esta columna no puede entenderse como apoyo al vandalismo (que no es lo mismo ni representa la protesta social), el cual debe ser confrontado por las vías de la legalidad y el respaldo a las instituciones del Estado.

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