26 de julio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El socialismo desde la comodidad del capitalismo

20 de mayo de 2021
Por Juan Alvaro Montoya
Por Juan Alvaro Montoya
20 de mayo de 2021

Henry John Temple, 3.er vizconde de Palmerston, mejor conocido como Lord Palmerston acuñó la siguiente máxima: “Las naciones no tienen amigos ni enemigos permanentes, solo intereses permanentes”. Esta expresión, de irrebatible certeza histórica, puede ser trasladada al contexto que actualmente vive nuestra patria para sostener que a nuestros políticos no los inspiran principios, solo intereses.

La coherencia en la política debe ser permanente para gozar de una credibilidad constante. Las velas que se mueven con el viento de los acontecimientos, aquellos que se inspiran por la noticia del día, quienes fijan sus principios de acuerdo a las encuestas o quienes pretenden gobernar con cantos de sirena, tarde o temprano terminarán pagando su pecado. Para evitarlo es necesario ser constante, estudiar a profundidad la administración pública,  analizar todas las aristas que las decisiones administrativas pueden conllevar y, ante todo, ser honesto en las propuestas que deben presentarse en base a realidades y no a quimeras descabelladas que no tienen sustento fiscal ni político.

Los principios nunca serán equivalentes a los intereses. Los primeros son un faro constante en el accionar, los segundos son una fugaz llama que se mueve al capricho del viento. Los primeros deben estar tatuados en nuestra conciencia para servir como soporte vital en momentos de tribulación, los segundos surgirán producto de las circunstancias y de el vaivén de la suerte. Los primeros definirán al hombre de Estado, los segundos al oportunista en la política. Es en este punto donde emergen incoherencias entre lo que se dice y lo que se hace y donde la credibilidad queda en tela de juicio.

Aunque nos encontramos en orillas opuestas del fundamento ideológico, admiro a Pepe Mujica. Es un hombre coherente. Hace de sus principios un estilo de vida. Quien fuese catalogado como el “presidente más pobre del mundo” ha predicado austeridad y ha vivido en consecuencia. Como primer dignatario uruguayo donó el 90% de su salario a la caridad y declaró un patrimonio cercano a doscientos mil dólares conformado por una pequeña parcela, dos viejos escarabajos Volkswagen y tres tractores.

Pero Mujica es la excepción. A nivel latinoamericano, y desde luego en nuestro país, existe una enorme cantidad pseudo socialistas que aún viven en una anacrónica lucha de clases, que disfrutan de la comodidad que ofrecen sus palacios multimillonarios pero vociferan en contra de los empresarios que deben adquirir deudas astronómicas para procurarse una vivienda, politiqueros oportunistas que juzgan con dureza a los comerciantes que mediante la generación de empleo y el pago de impuestos le apuestan al crecimiento del país mientras ellos se lucran como sanguijuelas de las mieles del estado y los beneficios que él representa. Estos personajes son capitalistas para recibir los salarios astronómicos que como funcionarios del gobierno reciben cada mes en sus arcas y procuran el menor pago impositivo posible mientras hacen gala de la manipulación para asemejar pequeños industriales con grandes monopolios internacionales.

En América Latina pululan estos sujetos. En Venezuela, mientras la población padece hambruna generalizada, desempleo galopante y pérdida del poder adquisitivo  a causa de una hiperinflación desbordada, su gobernante y círculo cercano viven como magantes,  disfrutan en hoteles de cinco estrellas alrededor del mundo, sufragan costosos vuelos privados entre Europa y América – como lo sucedido con Alex Saab – y gozan guardando sus capitales en paraísos fiscales. Daniel Ortega ama el socialismo desde sus épocas como guerrillero. Ahora como presidente ha llevado a Nicaragua al borde del colapso. Paralelamente ha acumulado una incalculable fortuna por vía de expropiación en beneficio personal y como parte del emporio Albanisa que opera aproximadamente 7 compañías. Su esposa toma agua importada de los Alpes Franceses y sus hijos compran canales de televisión y relojes Rolex como su fueses jeques árabes.

Colombia no está muy lejos de esta realidad. Muchos personajes dicen amar el socialismo pero han guardado su dinero en países capitalistas. Disfrutan sus vacaciones en casas de verano en Miami y Europa y educan sus hijos en Inglaterra. Ellos están más desconectados que aquellos que dicen atacar. Su incoherencia los ha llevado a amar el socialismo desde la comodidad del capitalismo.

[email protected]