22 de mayo de 2022
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Cuando la Tolerancia se vuelve delito

23 de mayo de 2021
Por Celmira Toro Martínez
Por Celmira Toro Martínez
23 de mayo de 2021

Todos los seres humanos somos distintos, pensamos diferente y actuamos según nuestro criterio, nuestra voluntad.

Estas diferencias marcan la pluralidad que caracteriza a la sociedad donde vivimos y crea las condiciones necesarias para una sana convivencia.

Una de esas condiciones es la tolerancia que es la capacidad de respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás aún siendo diferentes o contrarios a los nuestros, a los valores y principios que profesamos y vivimos. Es aceptar, comprender; muy diferente a aguantar y dejar imponer como norma de vida lo que es opuesto a la ética, la honradez, la dignidad y el decoro ciudadanos.

En Colombia nos acostumbramos al mal y lo dejamos entrar a nuestra vida social desde el mismo momento en que nos entregamos ciegamente a una idea política o religiosa que nubla la razón y el entendimiento.

No sabemos distinguir entre una accion noble y buena, propuesta torcida que engaña y compromete; liderazgo y gamonalismo, honradez y corrupción, verdad o mentira.

Para actuar con criterio y dignidad tenemos que entender muy bien la diferencia entre bien y mal y estos términos no tienen puntos medios, se es o no se es, esa es la verdad.

Cuando entendemos muy bien el concepto de tolerancia empezamos a poner distancias al mal, a las conductas improcedentes, a la inmoralidad y el delito vengan de donde vengan y hágalas quien las haga.

El delito no tiene clase social, ni estirpes, ni poderes: es delito y ya, y asi deberíamos entenderlo, censurarlo y castigarlo.

En la ya larga historia de violencia de nuestro país es constante el abuso de unos en contra de otros.

Toleramos la violencia inclemente que masacró a millones de campesinos, de mujeres, de niños, de adultos mayores, de jóvenes y se nos olvidó el río de sangre que inundó y aún inunda nuestra tierra de indignad y de horror.

Toleramos el desplazamiento forzado que llenó las ciudades de cinturones de miseria: cloacas de delincuencia, de miseria que reemplazaron los campos fértiles y productivos en tierras abandonadas y estériles, hoy en manos de terratenientes, muchos de ellos en altos cargos y en posiciones de poder que han mantenido por innumerables años de manipulación.

Toleramos el robo a las arcas del estado, a sus bienes, sus recursos y nos los dejamos arrebatar sin oponer resistencia, más bien congraciados con los delincuentes que las legalizan y aprueban para su beneficio, esos mismos a quienes aplaudimos en las plazas, defendemos con vehemencia y les rendimos honores, esos a quienes les damos sin reflexión alguna nuestro voto, nuestra confianza con el que les estamos entregando la patria, sus raíces, su historia.

Toleramos el maltrato, la violación y asesinato de niñas, jóvenes y mujeres, la discriminación salarial y laboral, la violencia sexual y patrimonial ante la mirada cómplice del estado, de la ley que defiende al victimario y deja en indefensión a la víctima

Toleramos la mentira de los políticos, su publicidad engañosa que ofrece lo que nunca van a cumplir pero que constituye el anzuelo que los hará ganadores y llegar así a los altos cargos desde donde, después, manejan a su antojo y definen a pupitrazo limpio los destinos de la patria.

Toleramos la ley y la trampa porque somos un pueblo con formación corrupta: machismo desde la misma casa, conductas selectivas para hombres y mujeres, oficios estigmatizados solo para mujeres, negocios sucios que se aceptan como limpios pero si dan dinero, no importa; actitudes, como el libre albedrío, que no es más que el derecho a hacer lo que venga en gana así vaya en contra de los demás, de su honra, de sus bienes, de su vida: con tal de ganar y de imponerse sobre los demás, nada es malo, nada importa.

En fin toleramos, toleramos, toleramos y por eso estamos como estamos.

Cuando toleramos lo malo nos volvemos cómplices y el cómplice es un delincuente que apoya, que ayuda, que oculta, que acepta, que calla, que defiende, que se hace al lado de quien obra el mal, de quienes tienen el poder económico y legal para lograr lo que se proponen: llenar sus bolsillos del dinero sagrado que nos pertenece a todos y que entregan en migajas a ese mismo pueblo cómplice de las fechorías que sin Dios y sin ley, se cometen en este país.

¿Ahora sí comprenden el porqué la tolerancia es un delito?