16 de mayo de 2022
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Bien común, sobre el particular.

30 de mayo de 2021
Por Eduardo Aristizábal P.
Por Eduardo Aristizábal P.
30 de mayo de 2021

Consultamos la palabra egoísmo en el diccionario de la Real Academia de la lengua y esto encontramos.

Egoísmo, del latín ego “ yo “ e – ismo.

Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.

Podemos afirmar entonces que los egoístas típicos son personas egocéntricas, insensibles, desconsideradas, sin principios, personas que persiguen las cosas buenas de la vida por encima de los demás, que sólo piensan en sí mismas y si piensan en los demás, simplemente lo hacen sólo como medio; los utilizan en su propio beneficio.

El egoísta pone a su provecho, bien, e interés, por encima del de los demás.

Todo lo anterior se aprecia fácilmente si tenemos presentes las connotaciones morales del egoísmo.

 Calificar  a alguien de egoísta es imputarle un fallo moral, a  perseguir su propio bien o interés, muchas veces,   más allá de lo moralmente permisible.

Los tratadistas distingues cinco versiones de egoísmo.

Según Andrés Castillo: “ La versión del sentido común considera un vicio la búsqueda del propio bien más allá de lo moralmente permisible. La segunda, el egoísmo psicológico, es la teoría según la cual, si no en la superficie, al menos en lo más profundo todos somos egoístas en el sentido de que por lo que concierne a nuestra conducta explicable por nuestras creencias y deseos, ésta siempre tiende a lo que consideramos nuestro máximo bien.

La tercera, ilustrada por las ideas de Adam Smith, es la teoría según la cual en determinadas condiciones la promoción del propio bien es el mejor medio de alcanzar la meta legítima de la moralidad, a saber, el bien común. Si no se plantean objeciones morales a la consecución o mantenimiento de estas condiciones, parecería deseable tanto desde el punto de vista moral como desde el punto de vista egoísta procurar o mantener estas condiciones si en ellas podemos alcanzar la meta moral promoviendo a la vez nuestro mayor bien.

La cuarta y quinta versiones, el egoísmo ético y racional, lo presenta como ideales prácticos, a saber, como los ideales de la moralidad y la razón.”

 

La Sagrada Biblia en muchos pasajes condena el egoísmo y al contrario invita a proscribirlo.

“No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.” Filipenses 2:3.

“Que nadie busque sus propios intereses, sino los del prójimo.” 1 Corintios 10:24.

No hay que buscarle siempre al egoísmo una razón lógica: simplemente es parte de la posible conducta humana, libremente asumida.

Por otra parte, parece inevitable que el hombre deba recurrir a sí mismo para juzgar a los demás. El egoísta -que es la expresión moral de una persona centrada sistemáticamente sobre sí misma- puede manifestarse psicológicamente como una personalidad narcisista. El narcisista se cree enormemente importante, considerándose por encima de cualquier persona, incluida su pareja o amistades y, por supuesto, de sus dependientes o empleados.

Podemos considerar sin ninguna duda, que uno de los grandes pecados de la humanidad es el egoísmo y es el egoísmo uno de los factores centrales de los grandes problemas mundiales.

El poder para mí, por encima de todo. El poder es para poder y se hace lo que yo diga, pero se le da el apellido de democracia.

Y ese egoísmo es el que tiene sumido a nuestro país, desde hace muchos años, en una dramática situación social y económica que exige un catalizar inmediato para iniciar un verdadero proceso material, real y concreto en un Estado Social y de Derecho, como es el nuestro.

Mínimas rotaciones en los importantes cargos públicos, generalmente para las mismas familias. Una repartición muy bien organizada de las entidades, entre las diferentes organizaciones políticas, como si fueran propiedad privada.

La negación de programas serios y reales para sacar del marasmo en el cual están sumidas las clases bajas del país, precisamente porque poco interesan las clases menos favorecidas, que son tenidas en cuenta solamente en campañas, cuando  sus votos si son importantes.

Una voracidad escandalosa para ejecutar cuanto contrato salga a luz pública, compitiendo muchas veces por debajo de las reglas de juego.

 Parece un imperativo categórico que solamente tiene derecho a ganar más, el que tenga y el que no tiene o poco tiene, sin posibilidades serias de recibir lo medianamente justo.

No solamente el Ejecutivo, también el legislativo debe pensar en administrar y legislar no en causa propia, sino pensando verdaderamente en el bien común sobre el particular y especialmente en las clases menos favorecidas.

Todo depende, simplemente de voluntad política y honestidad que ni siquiera se vislumbra a pesar de la actual situación que estamos atravesando.

¿ Tenemos déficit de líderes ?