17 de junio de 2021
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El tiempo no se ha parado el país sí

17 de mayo de 2021
Por Alberto Zuluaga Trujillo
Por Alberto Zuluaga Trujillo
17 de mayo de 2021

Catorce meses semiparalizado completa el país en razón de la pandemia que golpea al mundo. Catorce meses que nuestras finanzas sufren las contracciones de una economía que avanza lentamente sometida a los rigores de unas limitaciones que dificultan su normal desarrollo. Catorce meses entre confinamientos y toques de queda, agravados por un paro nacional, severo e irracional. Según las encuestas del DANE, denominadas  Pulso Social, la pobreza en Colombia durante el 2020 llegó al 42.5 por ciento, es decir, 21.2 millones de colombianos están por debajo de la línea de pobreza, 3.8 millones más que en 2019, aumento nunca registrado de un año a otro en toda la historia de estas estadísticas en el país. Comenzando el año empezamos a observar una recuperación en muchas actividades, cifras que hasta antes de finalizar abril, aun con el pico de la pandemia así lo demostraban, aunque frágil pero con grandes expectativas por el avance de la vacunación y el impulso de la economía global. Equivocado en la forma y en el momento, Duque presentó su tercera reforma tributaria, desatando la ira contenida de un pueblo burlado en sus promesas, encontrando en ella el pretexto perfecto para incendiar el país. A más del doloroso costo en vidas humanas, el Paro Nacional provocó que la economía resintiera el duro golpe, traduciéndose en más quiebras y pérdida de empleos. Los insensatos bloqueos han impedido el flujo normal de personas, bienes e insumos, con efectos finales sobre los precios, generando inflación y agravando la situación de productores y comerciantes. Bien pudiera decirse que el Covid pasó a un segundo plano, pues desafiando su contagio, ríos humanos se tomaron las principales ciudades, hecho  aprovechado por los vándalos, obedeciendo a las consignas petristas de desestabilizar el país. Lento e inseguro han visto los colombianos la reacción de su Presidente. Desorientado por los graves efectos de una pandemia, ante la cual nadie estaba preparado, fue sacudido por un paro del cual muy seguramente no se recuperará, al coincidir el poco tiempo que le falta con la agitación política propia de la escogencia de su sucesor. A estas alturas de su mandato, Duque deberá estar pensando sobre la certeza de la sentencia de Fernando Vallejo quien dijo: “Colombia es un desastre sin remedio”. La revista The Economist, una de las más influyentes del mundo, pronostica que el año entrante llegará el primer gobierno socialista a Colombia presidido por Petro, quien ganaría en primera vuelta. Todo hacia allá apunta. Pero no. La cordura y la sensatez finalmente se impondrán pues como lo dijéramos en nuestro escrito del 3 de mayo “la imagen del líder dañino y mal intencionado se creció. Decir que el ganador ha sido la izquierda es la forma simplista de entender este malestar creciente que está desbordando los canales de la paciencia y la resignación”. Y luego agregamos “los desmanes violentos de esta marchas y las anteriores, le están abriendo los ojos al país para darse cuenta que esta Colombia que Petro quiere no es la que la inmensa mayoría de colombianos queremos. Queremos una Colombia en paz, una Colombia productiva generando empleo y riqueza para corregir nuestras desigualdades. Una Colombia donde quepamos todos y en donde movidos por el deseo de superarnos y por el miedo de repetir una nueva Venezuela, exijamos la seriedad y la sensatez de nuestros dirigentes para escoger un solo candidato, uno solo, para enfrentar el peligro latente”.

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