9 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Revolución

18 de abril de 2021
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
18 de abril de 2021

Debo confesar que a la revolución nunca le he tenido miedo. La revolución per se no significa cosas malas, por el contrario, para serlo, tiene que traer cambios, cambios que deben traer beneficios para quienes son objeto de esos cambios.

Ahora, frente a la revolución, si hay que ver a que cambios esta dirigida y quienes son los que orientarán el logro de esos cambios, de tal manera que el grito de “revolución” no se convierta en un simple grito y lo que inicialmente se propone no resulte burlado por los que asumen el liderazgo de la tal revolucióntal y como los ejemplos nos lo enseñan. Sí, el mundo tiene ejemplos a porrillo de las frustraciones derivadas del mal uso, la mala guía y del aprovechamiento indebido que a través de la historia algunos avivatos han hecho, llámense como se llamen y sea cual fuere la orientación de quienes convocan a las muchedumbres a seguirlos atrás de unas banderas que son, no en pocas veces, traicionadas.

Hay que decirlo, también en muchas ocasiones las revoluciones han cumplido sus propósitos y dejado enseñanzas memorables que han cambiado no sólo regímenes, si no que también han cambiado costumbres y hasta creencias fuertemente arraigadas en los pueblos. Una de las más grandes revoluciones de que se tenga noticia la llevaron a cabo las clases altas y poderosas del Japón, con lo que se dio término a una serie de costumbres y usos que  finalmente cambiaron el pueblo japonés, sus ritos y creencias, lo que le han permitido llegar a estadios de dimensión y honor reconocidos por el mundo entero. Otros pueblos, en sus revoluciones, han hecho lo mismo, quizás no partiendo de luchas que significaran destrucción o radicalizaciones, más si han realizado modificaciones y cambios en sus sociedades. De estos pueblos hablan algunos del suroeste de Asia, los pueblos nórdicos e inclusive la misma China. En esta última, por décadas, con el ultraje, la violencia y el sacrificio de libertades y derechos fundamentales de los ciudadanos nativos y de quienes han osado llegar a sus dominios, pero que cambiaron su rumbo y señalaron su destino en una extraña mezcla entre la libre empresa y  el manejo de las actividades ciudadanas por parte del estado.

Otras revoluciones, por el contrario, sólo han marcado la ruina de los pueblos a ellas sometidos. Los ejemplos son cercanos y también lejanos. Cercanos están Cuba y Venezuela, países en los que la revolución está dirigida a acabar con los ricos y a destruir la economía. Lejano está el caso de Korea del Norte, en donde la revolución está dirigida a soportar una hegemonía, una herencia y el culto a la personalidad. En estas no se han alcanzado mejorías en el bienestar de sus habitantes.

Un ejemplo para destacar es el de Uruguay, en donde José Mojica, un revolucionario de siempre, hizo lo propio y lo que le correspondía y dando ejemplo de los fines que perseguía, llamó la atención para que el capital tuviera sentido de lo social, y así le dio impulso a su revolución sin buscar acabar con los ricos, pero sí empoderando a los más necesitados.

El primer ministro sueco, socialista por convencimiento, en alguna oportunidad estando en Portugal, conversaba con algún copartidario latinoamericano que le comentaba que la revolución en su país iba a acabar con los ricos. A esto, el ministro sueco le comentó que en Suecia el objetivo del socialismo era acabar con los pobres. Clara lección para los que en nuestros lares buscan hacer la revolución y, entre sus fines, antes que otra cosa, está acabar, destruir, erradicar. Para algunos, nunca construir, hacer, crear.

Así las cosa, llamo a los colombianos a que hagamos la revolución. Sí! Una revolución que busque mejorar las condiciones de vida de los colombianos. Mejorar el nivel de vida de los hasta ahora desposeídos. Abrir el campo de las oportunidades. Sí! Todo ello con fundamento en el esfuerzo personal de cada uno de los que integramos esta sociedad. Una revolución en donde sean bienvenidos los ricos; los ricos que entiendan que están llamados a impulsar y a ayudar a los que menos tienen, a hacer de Colombia un país para todos.

Manizales, abril 14 del Segundo Año de la Peste.