9 de mayo de 2021
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Por Jorge Emilio Sierra Regreso a la poesía clásica

23 de abril de 2021
23 de abril de 2021

Por: Jorge Emilio Sierra Montoya (*)

Hoy, Día del Idioma, se lanza el libro “Mis sonetos laureados” del poeta risaraldense Francisco Javier López Naranjo, quien ha ganado numerosos premios internacionales de poesía, tanto en España como en América Latina.

Reproduzco, a continuación, el prólogo que escribí a dicha obra, la cual se publica en formato digital para su distribución en todo el mundo.

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En las últimas décadas se ha querido dar entierro de pobre a la poesía clásica, la cual se caracteriza sobre todo por sus formas tradicionales (rima y métrica, en primer término), mientras crece el imperio del verso libre, en franca rebelión contra aquella, a la que condena por obsoleta, mandada a recoger y pasada de moda.

Sin embargo, “los muertos que vos matáis -como en la célebre frase- gozan de cabal salud”. Tal es el caso precisamente de la poesía clásica, más aún cuando las nuevas tendencias poéticas, con pocas y honrosas excepciones, suelen estar plagadas de galimatías y frases sin sentido, lejos de despertar la emoción que las manifestaciones artísticas deben transmitir, por lo cual su desprestigio se ha generalizado, tanto que ya es creciente el rechazo popular, incluso en elites intelectuales.

De ahí que sea usual volver ahora a los clásicos, repasar sus obras y recuperar su lenguaje limpio, transparente, que envuelve al alma y nos traslada a aquellos mundos de ensueño o a las profundidades del averno, al estremecimiento interior, a las pesadillas y angustias que atacan también, en todo el planeta, al hombre contemporáneo.

La gran poesía no ha muerto, mejor dicho. Al contrario, está más viva que nunca. Sólo se requiere pasearse por internet, en las redes sociales, para descubrir aquí y allá grupos dedicados a divulgarla, en muchas ocasiones con análisis concienzudos sobre sus obras estelares, desde Shakespeare y Calderón hasta Machado y García Lorca o, entre nosotros, desde Borges y Vallejo hasta Silva y Julio Flórez, en una amplia nómina de lujo.

Como si fuera poco, abundan los concursos literarios (en España, por ejemplo), los cuales parecieran restringirse a tales autores y sus formas clásicas como el soneto, sugiriendo que sólo ésta es la verdadera poesía o, para expresarlo sin rodeos, la única. Y sorpréndanse ustedes, si lo ignoran: la participación en dichos certámenes es numerosa, de diversos países, al tiempo que las obras finalistas y ganadoras, reunidas luego en libros impresos para su distribución mundial, son, casi siempre, de buena y hasta óptima calidad.

Pero, nuestra sorpresa es mayor cuando sabemos que uno de los más continuos ganadores allí es colombiano, oriundo del municipio de Apía (Risaralda), en pleno corazón de la zona cafetera en Colombia: Francisco Javier López Naranjo, cuya experiencia laboral, a lo largo de su vida, ha sido como maestro de escuela en su querido pueblo natal, donde se dedicó por completo a la literatura, en medio de una familia de artistas con reconocido prestigio regional.

Es un hecho sorprendente, sin duda. Pero, más lo es cuando, al repasar sus versos, vemos que son, en su mayoría, sonetos, forma clásica por excelencia, de muy difícil realización, que exige tanto la debida inspiración poética, deslumbrante desde el principio hasta el fin, como el hábil manejo del idioma, de las rimas y ritmos consonantes, donde apenas unos cuantos iluminados alcanzan la perfección. Y permítanos decirlo, aunque a alguien le duela: ¡El gran poeta clásico debe ser, en lengua castellana, un gran sonetista!

Él, por su parte, sí lo es, según podrá apreciarse en las páginas de este libro: Sonetos laureados, cuyo título hace referencia explícita al hecho de ser obras premiadas en varios concursos internacionales de poesía en España y América Latina, donde su nombre ya goza de amplio prestigio, el mismo del que carece injustamente en nuestro país, como no sea en su pequeño terruño y el Eje Cafetero, región en la que es destacado como uno de los mejores exponentes de su cultura.

Sobraría decir que, como autor clásico, López Naranjo regresa a los temas de siempre: la soledad, la alegría, la naturaleza, la visión mística, la amistad… y, sobre todo, el amor y la poesía, dejando huellas, a cada paso, de su espíritu romántico, del que por momentos se burla, con fina ironía, para poner en evidencia el sentido tragicómico que tampoco falta en la vida.

Y sobra -digo- porque basta con dejarse llevar por sus palabras, sus imágenes y su mensaje sencillo pero siempre elevado, para desatar la emoción, los sentimientos y el entusiasmo a través de tan bella poesía que nunca -¡nunca!- pasará de moda.

“¡Poeta, di paso”…

(*) Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua