14 de mayo de 2021
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Once caldas: La lengua contra la historia.

26 de abril de 2021

Por Esteban Jaramillo Osorio.

El tiempo ha demostrado que, aunque celebrada con júbilo, por lo luchada y legítima, la Copa Libertadores que tituló al Once Caldas, dejó secuelas poco reconfortantes.

No vivieron los futbolistas en una casa iluminada, ni se fundieron con los directivos en amor irresistible.

Hay quienes creen que alguna maldición tuvo aquella conquista. La peor víctima fue el profe Montoya que hoy es ejemplo de vida.

Vivieron conflictos serios otros jugadores, y muchos malversaron lo conseguido para terminar como empezaron: sin un peso.

Se controvierte de aquella hazaña, si el Once Caldas jugó, o no dejó jugar, pero nadie discute el esfuerzo, el convencimiento y la idea con que se compitió.

Disquisiciones abundan sobre las campañas recientes. El público cree que, con ellas, se deshonra aquella bella historia.

Montoya para el club, hoy no existe Y pocos le siguen la huella a las figuras de entonces.

En el pasado, Jairo Quintero, emprendedor y líder como dirigente, secundado por su voluminosa corte aduladora, llevó el equipo a la cima, pero, en sus narices se cocinó la caída.

A flote salieron, como consecuencia, los conflictos con los futbolistas por traiciones deslealtades, e incumplimiento.

Uno de ellos el partido homenaje al entrenador, que los nuevos directivos se rehúsan a cumplir. No es un contrato firmado por ellos, pero la sensibilidad con el técnico campeón de américa, crea un compromiso.

En los últimos días Valentierra, ídolo preferido, soltó la lengua denunciando que «jugó casi gratis», en el éxtasis del título y la copa. Una queja retardada e injusta, porque él aprobaba y firmaba sus contratos. Qué vida llevaban y qué lujos se daban, a propósito*.

Si bien los sueldos no eran los de las estrellas de ahora, suficiente dinero  lograron él sus compañeros. Se hicieron millonarios, en declive luego por equivocados manejos.

Entra Valentierra a la rocambolesca tendencia actual de futbolistas aireando a su acomodo, con beneficio propio, los hechos pasados de sus vidas deportivas, manchando sus entrenadores o sus clubes. Incluso sus juergas desenfrenadas y sus locuras de alcoba, las convierten en anécdotas. Esteban J.