13 de mayo de 2021
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En  deuda con los Niños, Niñas y Adolescentes.

25 de abril de 2021
Por Celmira Toro Martínez
Por Celmira Toro Martínez
25 de abril de 2021

No todo se soluciona con subsidios, con bonos de alimentación, con Centros de Desarrollo Infantil, falta mucho para que en Colombia haya una verdadera política de la niñez y la  adolescencia y se defina de una vez por todas el camino de ciudadanía que van a cruzar nuestros menores.

El ciclo aproximado de formación de una sociedad de relevo se da alrededor de los 20 años, pues los primeros cinco años corresponden a la atención de cero a siempre que no todos los niños y niñas del país tienen, pues hay zonas marginales, excluidas de todo apoyo, de todo derecho. Es el caso de los niños y niñas menores de cinco años encerrados en inquilinatos, mientras sus madres, generalmente mujeres de la informalidad, trabajadoras sexuales y población de riesgo social procuran un sustento para su casa; menores abandonados a su suerte en  tantos lugares del país a donde no llega ningún apoyo, ninguna ayuda; menores de las zonas cocaleras del país sometidos a la aspersión  de cultivos ilícitos sin respeto alguno por su salud, por su vida, menores en manos de la delincuencia para quienes no hay ley que los rescate, que los defienda, aún sabiendo dónde se encuentran y quienes son sus captores, menores destinados a su suerte, al día a día de horror que este país de desigualdades los somete.

Niños, niñas y adolescentes  expuestos al maltrato al abusó sexual, al abandono.

De los 6 a los 16 años, están en la formación básica primaria y media, si es que esta población alcanza a terminar sus estudios secundarios pues la mayoría son desertores del proceso de formación académico mínimo que los condena a una situación que restringe sus derechos, que cierra sus caminos y los obliga a ingresar al trabajo informal, callejero para así ayudar un poco a la economía miserable de su familia.

De esos, una ínfima parte puede ingresar a la Universidad y de ellos unos cuantos, en sus  escasos 20 años, podrán terminar sus estudios e ingresar al campo laboral que pocas oportunidades les ofrece.

¿Qué calidad de vida les estamos ofreciendo a nuestros menores, qué clase de país le estamos entregando, qué ejemplo de ciudadanía les estamos dando?.

El relevo generacional  representado en nuestros niños, niñas y adolescentes, no se vislumbra, ya la vieja clase dirigente  tiene sus reemplazos, sus hijos que se forman en otros países, ciudadanos de otras culturas que poco saben de esta tierra, pero que les representa un tesoro que tienen que mantener y cuidar.

 

La escalera por donde se asciende  en la pirámide social de Colombia está en desbalance, tiene barrotes amarrados con las miserias de un pueblo en desventaja, en deshonra, otros se rompieron por la indolencia de nuestros dirigentes y aún no se han reemplazado y para ascender hay que exponer la vida sin remedio,.

Este es el destino de nuestros niños, niñas y adolescentes en quienes reposa esa semilla hermosa y fértil que podría dar vida a una nueva sociedad, a una nueva patria.