9 de mayo de 2021
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El otro Duque

15 de abril de 2021
Por Gabriel Ortíz
Por Gabriel Ortíz
15 de abril de 2021

Se incrustó el populismo, disfrazado de humanitario, en la reforma tributaria Duque-carrasquilla. Es mamotreto repleto de castigos para las clases medias y populares, para los pequeños negocios y para todo lo que tenga un tinte de mediano éxito o prosperidad.

El candidato del padre de Tomás, ese juvenil que pregonaba por un país próspero, equitativo, sin gravosos impuestos, defensor de la paz, la convivencia, la defensa de la vida, con justicia social y sin odio, fue sorprendido por la amnesia y el extravío. No resistió la fama, no pudo con la adulación, no estaba vacunado contra la lagartería, el halago, el aplauso y la alabanza. Un doncel personaje, requiere quién le “tire el saco”, quién lo aconseje con sinceridad, con aprecio y lealtad.

Ese está ausente, mas no los consejeros que lo ensalzan para ganar indulgencias, obtener prebendas, favores y beneficios personales.

Duque podría haber sido el mandatario de la nueva era. El conductor de su Colombia, hacia un futuro cierto y próspero. El hombre que labrara el incipiente proceso de paz que apenas comenzaba, para redimirlo y convertirlo en un proceso sin parangón en este planeta. Duque habría conquistado el tercer Nobel para Colombia, con Gabo y Juan Manuel. Esas tres glorias, uniendo sus asombrosas ideas y voluntades, ocuparían mentalmente el sillón de las ideas para dialogar con honradez y sin rencores, para sacar adelante a esta patria, a esta sociedad a esta gente. Hoy Colombia sería otra cosa. Un país con hombres y familias trabajando esas tierras que les fueron arrebatadas, una informalidad redimida, pleno empleo, cero desplazados, líderes sociales sin miedo, es decir una sociedad conformada por prósperos banqueros e industriales, clase media progresista, pequeños negocios en acción, hombres y mujeres en la cúspide, territorio limpio de cultivos ilícitos y droga. Es decir una colectividad con un sistema impositivo justo, sin evasores, sin el asecho de los corruptos, elaborado por nuestra gente, no por costosos burócratas extranjeros; un conglomerado de gentes con recursos suficientes para pagar impuestos que se traduzcan en vida amable y venturosa.

Así Colombia podría eliminar la pobreza, el hambre, la violencia, la corrupción. No necesitaría estar pregonando la necesidad de bajar los salarios, castigar a los pensionados, saltar matones para crear empleo, ni desdeñar la paz.

Este país, necesita a un Duque sencillo, fácil, espontaneo, ese que se paseaba por los medios, las plazas, los salones y veredas anunciando cosas realizables, que aún es tiempo de revivirlas. Requiere ese Duque, que rechace las lisonjas, los malos consejos, las órdenes de quienes aún desconocen que lo eligió un pueblo. Un Duque que saque, aunque sea para la CAF, al burócrata Carrasquilla. Ese es el Iván que reclama a gritos este país.

BLANCO:

NEGRO: La Fiscalía no aguanta más desprestigio. Al igual que Sergio Fajardo, el país entero clama por un Comité Técnico Jurídico, que le dé garantías a la sociedad colombiana.