5 de julio de 2022
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Por Guillermo Romero Salamanca Puntos de ensueño de Colombia

17 de abril de 2021
17 de abril de 2021

Por Guillermo Romero Salamanca

Ángel sale a la calle asustado, acobardado, triste. Le preocupa ver personas sin tapabocas bien puestos, o con ellos en la garganta y otros más, sin ellos.

Pasa por allí Alfredo, el pensionado que fuma todo el día, camina y habla solo. A veces toma tinto en la esquina, de esos que preparan las venezolanas para decenas de domiciliarios. Cuando la mañana es soleada se sienta en un banco del parque a mirar al cielo, dialoga con un ser invisible, pero no conversa con un semejante.

Más allá está Marcos, abuelo que dejó la mecánica para convertirse en domiciliario. Hoy cojea porque sufrió un accidente al caer su moto en uno de los huecos que acompañan a las calles bogotanas. También está María, la señora que vende aguacates Lorena, Trinidad, Booth-8, Fuerte, Hass, Trapo, Santana, Colinred y Ettinger. Ella dice que sus clientes prefieren el papelillo para acompañar los famosos ajiacos, cada vez más en vía de extinción por la pandemia.

En el centro comercial, unos pensionados aseguran que les impondrán más impuestos a sus remesas mensuales. Ya no resisten más.

El gordo Gustavo revisa las cabezas de todos los que pasan por allí y los invita a sentarse para quitarles las canas y cuadrarlas las entradas, mientras les habla de Economía, salsa, boleros, precios del petróleo o del tema que le propongan.

Aurora toma tinto y habla por celular. Hace manicure a 12 mil pesos. Lleva más de 20 años puliendo uñas a los engreídos clientes que les encanta lucir sus arreglos franceses.

Armando, el celador del centro comercial, está nervioso. Dos de sus colegas están en casa con Covid-19. Le ha tocado alargar sus turnos por falta de personal.

La señora del Fruver está preocupada porque los precios han subido. Naranjas a 1.500 cada una, piñas a 4 mil, papayas a 5 mil. Ya no hay feijoas.

Dos niñas caminan agarradas de los brazos de sus abuelos. Sus padres ya no están. Crecerán sin ellos. Van taciturnas y no saltan. No quieren helados. Desean estar solas. No entienden qué ha pasado, por ahora van con el par de viejos consentidores.

Un loco recoge ropa para donar, a veces lleva tarritos de leche a los niños de menos de seis meses, otras veces, sólo puede repartir sonrisas y un dulce. Esta mañana va cantando por la calle, imitando a Felipe Pirela.

–Loco, le digo, ¿en qué estás pensando?

–En algunos sitios que he conocido a lo largo de mi vida.

El loco ha sido un paseante completo. En su juventud fue profesor, después pasó a las ventas ambulantes, montó una empresa, fracasó, luego fue conductor de camión, taxista, abogado, poeta y bailarín. Conoció “La caldera del diablo” –un asadero de Bogotá–, pero también rumbeó en “Séptimo cielo” en Santiago de Cali, cerca de la calle de pecado.

Caminó muchos rincones de Colombia.

Le pedí al loco hacer una selección de doce puntos de ensueño de Colombia.

“Mire Guillermo, me dijo, yo creo que son más de mil, pero haremos la tarea.

Es que nuestro país tiene mar, nevados, selva, montañas, cerros, ríos, quebradas, calles, avenidas, potreros, cielos, colores, vegetación de toda clase. Es posible que siempre se muestran los mismos lugares, los más comunes, los más turísticos, pero también hay rincones que traen miles de recuerdos. Es una tarea inmensa”.

Pasó un día, luego una semana y al mes llamó para dar su reporte. Estos son los 12 puntos de ensueño de Colombia.

Buga, Valle
El Castillo, Meta
San Agustín, Huila
Puerto Carreño
Sahagún
RÍO GUATAPURÍ
Pachavita
Tolú