9 de mayo de 2021
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Por Armando Rodríguez Hay que reiniciar el Quindío

25 de marzo de 2021
25 de marzo de 2021
Foto Vanessa Ramírez, Unimedios

Por Armando Rodríguez

La historia dice que a las grandes crisis les preceden tiempos de prosperidad, por lo que es necesario aprender de las experiencias y salir fortalecidos. En años recientes los quindianos hemos atravesado por tres momentos críticos que han llevado al borde del colapso nuestras estructuras sociales y económicas. El primero vino con la ruptura del Pacto Internacional del Café (1989) que desbarajustó el modelo cafetero tradicional y causó desplomé de precios, disminución del ingreso y sustitución de cultivos al pasar de 60.000 hectáreas en café a menos de 20.000 en la actualidad. El segundo momento crítico fue con el terremoto de 1999 que causó numerosas muertes, destruyó buena parte de nuestra infraestructura vital y devastó viviendas y empresas, produciendo un enorme impacto en la economía y problemas sociales que aún padecemos. Ahora se nos presenta un tercer evento catastrófico en forma de pandemia sin que sepamos cuándo ni cómo lo superaremos.

Si embargo, si algo parecido tuvieron las crisis del café y del terremoto fueron los grandes esfuerzos que hicimos para enfrentarlas, pero hay que reconocer que fuimos tímidos en plantear una nueva agenda de desarrollo social y económico para cambiar de rumbo, experiencia que no se debe repetir pues no tendría sentido regresar a la situación que teníamos en marzo de 2020 un día después del coronavirus.

Imagen You Tube. El terremoto.

Los verbos rectores

En todo caso, es curioso ver cómo las respuestas a estas crisis han estado acompañadas de verbos rectores. A la del café se le respondió con sustituir, a la del terremoto con reconstruir y a la pandemia la enfrentamos con reactivar, tres verbos que terminaron por encauzar el comportamiento colectivo: Sustituir es poner una cosa en lugar de otra existente; reconstruir es reparar o volver a construir una cosa destruida, deteriorada o dañada; y reactivar es volver a hacer que algo funcione. Entonces, si reactivar es activar de nuevo lo que se tenía, este verbo poco aportará a la construcción de un futuro prometedor que rompa con el orden socioeconómico y político el tradicional.

De ahí que nos deberíamos preguntar: ¿Qué nos impide ser más osados y ambiciosos? ¿Qué nos ata a un pasado que mal o bien cumplió su cometido? ¿Por qué nos es tan difícil construir nuevos escenarios de progreso? Si el presente es producto de lo que hicimos o dejamos de hacer o permitimos que otros hicieran, ¿entonces qué debemos hacer ahora para lograr el futuro deseado?

Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, plantea que es el momento de pensar en un Gran Reinicio (Gran Reset) de un sistema económico y social desequilibrado. Esta es una propuesta seductora que invita a edificar un nuevo paradigma que nos llene de ilusión y active el espíritu emprendedor del quindiano como motor de una era de crecimiento y oportunidades.

Así que de nuevo caemos en otro verbo, reiniciar, que está relacionado con resetear que en informática tiene como función principal limpiar el sistema ante cualquier tipo de error que evite su buen funcionamiento. En esencia es volver a un nuevo comienzo, propósito por demás ambicioso y exigente que demandará arrojo y decisión para romper la inercia que traemos y renovar nuestra economía, nuestra sociedad y nuestra praxis política. Es idear un nuevo acuerdo colectivo que sustente futuros de progreso. La pandemia nos enseñó que somos capaces de introducir de forma ágil cambios radicales en nuestro estilo de vida, ¿entonces por qué no pensar en introducir cambios substanciales en nuestro modelo de desarrollo?

El reinicio

El Gran Reinicio, si es que puedo apropiarme del concepto, se basa en la voluntad y el propósito de construir una sociedad mejor que supere nuestras limitaciones en liderazgo, organización y cohesión social. Sin duda sería más fácil regresar al punto de partida de antes de la pandemia que idear un nuevo paradigma de progreso, pues lo primero se hace sin cambiar de mentalidad, lo segundo requiere de nuevas capacidades para mirar al futuro y construir la nave que nos lleve a buen puerto.

Es evidente que este reinicio precisa de nuevos arreglos en lo social, económico, ambiental y político. En lo social debemos aprender a trabajar de forma colaborativa creando sinergias entre generaciones y saberes, desplegando capacidades de resiliencia, fijando visiones colectivas y estructurando una sociedad más humana, equitativa e incluyente. En lo económico hay que avanzar hacia modelos productivos basados en el conocimiento, la adopción digital y la innovación para contar con empresas modernas, mejorar el empleo, atraer y retener talento humano de calidad y generar economías competitivas y prósperas. En lo ambiental es restablecer las relaciones con la naturaleza y avanzar en la conservación de nuestros ecosistemas. En lo político es entablar un renovado diálogo ciudadano basado en la confianza y el respeto por el interés común; es elegir gobiernos sólidos, diamantinos y eficaces y tener administraciones ágiles, profesionalizadas y digitalizadas que soporten la colaboración entre los sectores público y privado en cada etapa del camino.

En fin, es crear un sistema resiliente, equitativo y sostenible a largo plazo, de tal forma que la pandemia no sea la portadora de un legado trágico, sino que represente una oportunidad, inusual y reducida, para reflexionar, reimaginar y reiniciar nuestra sociedad, como lo propone Klaus Schwab.

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