18 de abril de 2021
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Constitución de 1991, un hito difícil de repetir

2 de marzo de 2021
2 de marzo de 2021
La Constitución de 1991 se impulsó en las urnas como expresión del constituyente primario, es decir los ciudadanos. Foto: De MariaU3 – commons.

Por haber sido el resultado de cuatro consensos –ciudadano, político, institucional y de funcionamiento–, es muy poco probable que se repita el escenario abierto hace 30 años en Colombia para reformar la Constitución Política.

Así lo aseguró el exsenador Antonio Navarro Wolff, uno de los presidentes de la Asamblea Nacional Constituyente, quien fue invitado a la sesión inaugural de la Cátedra Unesco “Multiculturalismo e interculturalidad en la Constitución Política de 1991, tres décadas de reconocimiento de la diversidad cultural”, organizada por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

“En los ochenta el nivel de violencia en el país fue muy alto, se exterminó un partido político, asesinaron a miembros de la rama judicial, a periodistas, a líderes sociales e incluso a tres candidatos presidenciales. Había un ambiente complicado que podría haber tenido una salida autoritaria, pero de manera inesperada se dio una salida democrática”, recuerda el excongresista Navarro.

En cuanto al consenso ciudadano, este fue el resultado de varios escenarios, un proceso de paz con el M-19 y con otras 3 guerrillas; en total 4 de las 6 existente llegaron a procesos de la finalización del conflicto. Sectores institucionales buscaban reformas constitucionales para hacerle frente a la crisis, pero eran hundidas en el Congreso.

En ese escenario empezó a abrirse paso un movimiento estudiantil de organizaciones que se terminó llamando de la “Séptima papeleta”, el cual buscaba una salida a la situación del país.

En enero de 1990 este grupo propuso que en las elecciones de ese año los votantes depositaran un voto adicional para una Asamblea Constituyente; hasta ese momento cada partido y movimiento entregaba los tarjetones, no el Gobierno, pero incluir una papeleta de esa forma no era legal, por lo que no fue contada de forma oficial. Sin embargo sí generó un fenómeno político que daba luces de cómo encontrar esa intención de salida a la crisis en forma de voto, hecho que le abrió paso a una reforma constitucional por medio de un mecanismo distinto.

El 27 de mayo de 1990 se incluyó un tarjetón oficial en las elecciones presidenciales que sí se contara para definir la realización de la asamblea constitucional y se consolidó el consenso ciudadano.

“El presidente electo, César Gaviria, llamó a los más votados para hacer un pacto de lo que debía ser la Asamblea Constituyente para reformar la Constitución de 1886. En agosto de 1990 ese acuerdo tomó la forma de un ‘decreto de estado de sitio’ según el análisis de la Corte Suprema de Justicia, y por 12 votos contra 11 se aprobó la Asamblea Nacional Constituyente, con la salvedad de que esta no podría tener un temario definido, por ser una expresión del pueblo, es decir del constituyente primario” recuerda el doctor Navarro.

Se eligieron 70 constituyentes y un grupo adicional reservado para los grupos guerrilleros que estaban en diálogos de paz, en caso de que se consolidaran.

“Eso es muy difícil de repetir en el contexto actual, con el nivel de polarización que tiene Colombia. Sin ese nivel de consenso en el país es muy difícil hacer una buena Constitución, como la de 1991, con sus errores, aciertos y cambios”, puntualiza el exsenador Navarro.

Para el profesor Jorge Enrique González, coordinador de la Cátedra Unesco, “no basta con la representación del pueblo en los órganos colegiados, se requiere una constante transformación de la cultura política ciudadana para acceder a la participación política informada, que permita intervenir, definir, aplicar y evaluar las políticas públicas, algo muy importante si consideramos los retrocesos de la pandemia que ya agudiza la pobreza con cifras que no se veían hace una década, máxime cuando se piensa en las próximas elecciones y no en las próximas generaciones”.

Otra recomendación del profesor González es no olvidar que los derechos políticos dan lugar a la formación de una identidad cultural de manera semejante a los derechos sociales, culturales y económicos, ya que se amplía la cultura política y eso se traduce en el reconocimiento de la diversidad social.

Agencia de Noticias UN – Unimedios