13 de agosto de 2022
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Vacunación

28 de febrero de 2021
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
28 de febrero de 2021
Definitivamente los colombianos debemos someternos a una especie de sicoanálisis para tratar de entendernos y de entender a los que nos rodean. Si, porque para nosotros, la libertad la tenemos entendida como la posibilidad de hacer lo que se nos venga en gana, sin mirar si nos es permitido o no. Confundimos libertad con libertinaje, y damos crédito a quienes se autodenominan de avanzada sólo porque aquello se configura en nuestras mentes como el romper con lo que existe, y cambiarlo por lo que en la imaginación en ese momento se nos antoje. A eso le agregamos que la concepción que tenemos de nuestros derechos es tan amplia como que es un algo a lo que los demás están obligados para con nosotros. Sí, ese es mi derecho y el mismo se impone por sobre lo que otros puedan pensar y desear para ellos. Diríamos que es un espacio, un universo, un mundo para nosotros y nadie más. De deberes ni hablamos, ya que esa expresión es sólo aplicable para los demás, ya que en nada nos compromete. Cuando hablamos de los compromisos sociales entendemos que esos con parte de las razones para que el Estado exista, y se clama por que ese Estado de solución a ese universo llamado social, en el que cabemos nosotros sólo en lo que nos beneficie. De esta manera, el estado tiene el deber de solucionar los conflictos y las afugias de quienes, con nosotros, habitan en un espacio determinado, y colmarlo todo para que desaparezcan las llamadas tensiones derivadas de las carencias de ese conglomerado. De respeto ni hablar. Eso que llaman respeto es lo que todos deben darnos a nosotros porque, por lo demás, el insulto a los semejantes es sólo un derecho que se cobija en la libertad de expresión y punto.

Indefinidamente podríamos continuar haciendo una descripción más detallada de los que los colombianos somos y del por qué nos comportamos como lo hacemos y del por qué no podemos vivir en paz. El examen o, mejor, el autoexamen no es una práctica que hagamos, pues ello lleva a realizar un cuestionamiento a todo eso con lo que vivimos y exigimos de otros y que no estamos dispuestos a comprometer.

Ahora que el tal virus obliga al Estado a vacunarnos a todos, hemos encontrado un nuevo filón para ejercer todos esos derechos que de una u otra forma hemos establecido para nosotros. Ya vimos de qué manera nuestros destacados jueces y magistrados salieron a protestar cuando el ejecutivo solicitó no desbaratar todo el plan de vacunación al atender tutelas que buscan encontrar prevalencias para todos los que queramos acudir a ese mecanismo en procura de que se nos otorguen beneficios por sobre otros. En tanto, ya se manifestó uno en defensa de sus argumentos para merecer ser el primero en la fila de los vacunados. Salieron otros, entre ellos algunos alcaldes a buscar prelación en cantidades del biológico para sus gobernados. Otros se sintieron relegados porque el avión que debe llevar las vacunas a su región no salió primero que el de otros. Si! Cada cual ejerciendo el derecho que le asiste, exigiendo la prelación y el respeto a los suyos. La alcalde de Bogotá sale a discutirle al Ministro de Salud el orden, el cómo y la oportunidad que en todo un programa se ha establecido, con argumentos más groseros que ciertos, tal y como corresponde a su mal educado proceder que ratifica lo que los colombianos somos y pretendemos ser.

Esperemos que ese enorme y desconfigurado proceder nuestro, finalmente permita que se desarrolle la tal vacunación masiva de manera ordenada y que, por algún milagro procedamos correctamente ante esta luz de mejor vida que ahora tenemos cerca.

Señora Alcalde de Bogotá: Le reconocemos su inteligencia, su deseo de acertar y de proteger a la población bajo su mando, pero: ¿Podrá usted aceptar que otros pueden pensar de manera diferente a usted y finalmente cumplir con lo que también usted defiende? No creemos caos. Pensemos en los demás. Cooperemos. Caminemos hacia un mismo propósito. Trabajemos en equipo, eso no es malo y es posible.

Manizales, febrero 24 del Segundo año de la Peste.