17 de abril de 2021
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El Púlpito “Ser lámparas del Evangelio es la misión del cristiano”, dice el Papa

28 de febrero de 2021
28 de febrero de 2021

En el segundo domingo de Cuaresma el Papa Francisco reflexionó, antes de rezar el Ángelus, sobre el Evangelio del día que nos invita a contemplar la transfiguración de Jesús en el monte. Esa “anticipación de luz”, el rostro radiante de Jesús ante los discípulos asustados, a quienes había anunciado que sufriría mucho, sería rechazado y condenado a muerte, es una invitación para recordarnos, especialmente cuando atravesamos una prueba difícil, que el Señor ha resucitado y no permite que la oscuridad tenga la última palabra.

LA OSCURIDAD NO TIENE LA ÚLTIMA PALABRA

El Papa se centró, en primer lugar, en los sentimientos de los discípulos tras el anuncio de Jesús:

Podemos imaginar lo que debió ocurrir en el corazón de sus amigos, esos amigos íntimos, sus discípulos: la imagen de un Mesías fuerte y triunfante entra en crisis, sus sueños se hacen añicos, y la angustia los asalta al pensar que el Maestro en el que habían creído sería ejecutado como el peor de los malhechores. Y precisamente en ese momento, con esa angustia en el alma, Jesús llama a Pedro, Santiago y Juan y los lleva consigo al monte.

Posicionándonos en el lugar de la transfiguración, el monte, ese lugar “elevado, donde el cielo y la tierra se tocan”, y donde Moisés y los profetas “vivieron la extraordinaria experiencia del encuentro con Dios”, el Santo Padre señaló que el episodio de la transfiguración ofrece a estos hombres asustados, «la luz de la esperanza», “la luz para atravesar las tinieblas”, pues anticipa que “la muerte no será el fin de todo, porque se abrirá a la gloria de la Resurrección”. “Vivir esta ‘anticipación’ de luz en el corazón de la Cuaresma”, dijo Francisco, es “una invitación para recordarnos, especialmente cuando atravesamos una prueba difícil, que el Señor ha resucitado y no permite que la oscuridad tenga la última palabra”.

LA LUZ DEL RESUCITADO

Tras centrarse en los sentimientos de los discípulos, ubicó el Evangelio del día en los sentimientos de los fieles: también nosotros pasamos a veces “por momentos de oscuridad en nuestra vida personal, familiar o social, y tememos que no haya salida”. “Nos sentimos asustados ante grandes enigmas como la enfermedad, el dolor inocente o el misterio de la muerte”. Incluso “en el mismo camino de la fe, a menudo tropezamos cuando nos encontramos con el escándalo de la cruz y las exigencias del Evangelio, que nos pide que gastemos nuestra vida en el servicio y la perdamos en el amor, en lugar de conservarla y defenderla”.

Necesitamos, entonces, otra mirada, una luz que ilumine en profundidad el misterio de la vida y nos ayude a ir más allá de nuestros esquemas y de los criterios de este mundo.

ATENCIÓN A LA “PEREZA ESPIRITUAL”

Recordando que “también nosotros estamos llamados a subir al monte, a contemplar la belleza del Resucitado que enciende destellos de luz en cada fragmento de nuestra vida y nos ayuda a interpretar la historia a partir de su victoria pascual”, el Papa Francisco advirtió que, sin embargo, debemos “guardarnos”, de que esa sensación de “es bueno estarnos aquí”, como exclamó Pedro (v.5), no se convierta en “pereza espiritual”. Pues, como hizo con los discípulos, Jesús mismo “nos devuelve al valle”:

No podemos quedarnos en el monte y disfrutar solos de la dicha de este encuentro. Jesús mismo nos devuelve al valle, entre nuestros hermanos y a nuestra vida cotidiana. Debemos guardarnos de la pereza espiritual: estamos bien, con nuestras oraciones y liturgias, y esto nos basta. ¡No! Subir al monte no es olvidar la realidad; rezar nunca es escapar de las dificultades de la vida; la luz de la fe no es para una bella emoción espiritual. No, este no es el mensaje de Jesús.

ILUMINADOS POR LA LUZ DE CRISTO, LLEVARLA A TODAS PARTES

En definitiva, “estamos llamados a vivir el encuentro con Cristo para que, iluminados por su luz, podamos llevarla y hacerla brillar en todas partes”, pues es misión del cristiano “encender pequeñas luces en el corazón de las personas; ser pequeñas lámparas del Evangelio que lleven un poco de amor y esperanza”.

NUEVO OBISPO DE OCAÑA

Monseñor Ramírez Díaz sucederá en este cargo a monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, luego que el Papa lo envió a gobernar pastoralmente la arquidiócesis de Tunja.

El obispo electo de Ocaña nació el 14 de octubre de 1965, en Barranquilla. Adelantó los estudios básicos en el municipio de Margarita (Bolívar), a donde se había trasladado su familia; mientras que la formación para el sacerdocio la realizó en el Colegio Eclesiástico Internacional «Bidasa», estudiando en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Frecuentó el Instituto Teresianum de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Espiritual.

Fue ordenado sacerdote el 12 de junio de 1993 por san Juan Pablo II, incardinándose en la Diócesis de Santa Marta, donde permaneció por varios años hasta 2006, cuando con la creación de la Diócesis de El Banco fue incardinado en la nueva jurisdicción eclesiástica, donde en la actualidad trabaja pastoralmente.

A LA CASA DEL PADRE PASÓ MONSEÑOR JUAN FRANCISCO SARASTI

La Iglesia de Cali con sus obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, comunidades religiosas, grupos apostólicos e instituciones, expresaron sus condolencias por el fallecimiento de monseñor Juan Francisco Sarasti, ocurrió el 25 de febrero.

nuestra condolencia a su familia y a la congregación de Padres Eudistas; y oramos por su eterno descanso.

Monseñor Juan Francisco Sarasti Jaramillo nació en Cali (Valle), el 30 de julio de 1938.

Estudió en el Seminario Menor de Cali. Era licenciado en filosofía por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y licenciado en Sagrada Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

El 6 de abril de 1959 se incorporó a la Congregación de Jesús y María (Padres Eudistas). Recibió el presbiterado en Roma, el 30 de marzo de 1963.

Fue prefecto de estudios y profesor del Seminario de Pasto. En 1968 fue maestro de novicios de su congregación. En 1969-1970 fue consejero general de dicha congregación religiosa. Entre 1971 y 1974 fue rector del Seminario de Santa Rosa de Osos. Entre 1975-1978 fue secretario del Departamento de Seminarios y Vocaciones del Secretariado Permanente del Episcopado (SPEC)

El 8 de marzo de 1978 fue nombrado por Su Santidad Pablo VI obispo titular de Egara y auxiliar del arzobispo de Cali. Recibió la consagración episcopal el 6 de mayo siguiente.

El 23 de diciembre de 1983, el Santo Padre Juan Pablo II lo nombra obispo de Barrancabermeja, posteriormente lo promueve a la Arquidiócesis Metropolitana de Ibagué el 25 de marzo de 1993, y, el 17 de agosto de 2002, lo nombra arzobispo de Cali. En mayo de 2011.