8 de agosto de 2022
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¡Salud doña Salud Hernández!

11 de febrero de 2021
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
11 de febrero de 2021

​¡Salud Doña Salud Hernández! Usted no sabe quién soy yo y la verdad es que eso me tiene sin cuidado. No sé si va a leer lo que voy a escribir en seguida, pero puedo adivinar que no tendrá consecuencia alguna el hecho de que estos párrafos lleguen o no a su conocimiento. Por lo regular lo que escribimos en la provincia no llega a los exclusivos cenáculos de la capital, o de Madrid, o de Washington. Lo que se dice en la provincia, se queda en la provincia, todavía, a pesar de los avances de los medios de comunicación y de la supuesta y cacareada aldea global.

Lo que me ocupa en éste momento, es un escrito suyo que apareció en la última edición de la Revista Semana, la número 2021 del 7 del mes en curso y que intituló «El Nobel que defiende Dictaduras», en el que arremete contra el ex presidente Juan Manuel Santos y de contera hace alusiones descomedidas contra Humberto de la Calle Lombana y Sergio Jaramillo Caro, artífices del Acuerdo de La Habana que terminó el conflicto armado entre las Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia y el Estado colombiano, que duró más de cincuenta años. Y que quiéranlo o no, ha ahorrado miles y miles de muertos en los campos y ciudades de Colombia y que es aplaudido, destacado y respetado como un gran logro en los principales escenarios internacionales y ninguniado pero sometido a zamarreos permanentes por parte del gobierno y de gran parte de la opinión ciudadana de nuestro país.

No voy a aludir a los comentarios de Salud en relación con el presidente Santos ni con Sergio Jaramillo. Con el primero, si me he cruzado dos veces, no han sido tres. No recibí, ni mis parientes, ninguna clase de favorecimiento en sus mandatos, ni nos hicieron nombramientos, ni nos adjudicaron contratos. Le agradezco en nombre de mis hijos y de mis nietos la iniciativa de buscar una finalización de la guerra con la subversión, dialogada. A Jaramillo, no me lo han presentado. Lo admiro por su contextura intelectual -es hombre de griegos y latines y de cogitaciones filosóficas- y durante largos años ha creído, con fe de carbonero, que los colombianos podemos alcanzar nuestra propia identidad sin matarnos, masacrarnos ni desaparecernos y con cuya fe somos solidarios. A De la Calle si lo conozco y sé quién es, desde los pupitres infantiles y juveniles del Colegio de Nuestra Señora de Manizales, de las aulas de la Universidad de Caldas y de su vida profesional y pública.

En relación con sus apreciaciones expresadas en su artículo de marras sobre De la Calle, es a lo que quiero referirme.

Dice Salud Hernández -Mora textualmente: «Tildó (Santos) a medio país de «enemigos de la paz», animó a su orfeón a que le agregaran el apellido de «buitres de la guerra», y fue tan eficaz que todavía sus dos alfiles más fieles -Jaramillo y De la Calle- insisten en ahondar la división. El jefe negociador (De la Calle) que juraba que su labor era desinteresada, sin aspiraciones políticas, continúa creyendo que persistir en la falacia de que existen millones de ciudadanos que no quieren la paz puede proporcionar réditos electorales». Precisión Doña Salud. Manifiesto desenfoque el suyo, al afirmar que De la Calle urdió su participación en La Habana para alcanzar fines electorales. Esto lo podría pensar quien es obsesionado con los «voticos Mijitos», más no De la Calle, que jamás se vio actuando en la vorágine eleccionaria, a la que fue impulsado por su Partido político y miles y miles de ciudadanos que se lo propusieron, pero que lo abandonaron a boca de urna, en una campaña presidencial llena de errores tácticos y fácticos, lo que es mejor no menearlo.

Esa sugerencia suya, Doña Salud, es solo fruto de su calenturienta y perversa imaginación, que va a contrapelo del desarrollo de la realidad política y de las aspiraciones de De la Calle. Que es componedor y dialogante por naturaleza. Nunca ha descalificado a sus contradictores y malquerientes. Es respetuoso de sus opiniones y ha aceptado las críticas de «millones de ciudadanos que no quieren la paz», siempre y cuando sus objeciones tengan visos de razonables y no sean fruto de los odios y de las conspiraciones para hacer trizas unos acuerdos de paz, que son de obligatorio cumplimiento por las partes.

E insiste usted, en sus obsesiones descalificatorias, paranoicas: «Firmó (Santos) un pacto con amarres que pudo evitar sí, en lugar de abrir brechas entre compatriotas, hubiera escuchado críticas y sugerencias…Igual que De la Calle: Mientras le hacía concesiones innecesarias a Iván Márquez, acariciaba la idea de heredar el bastón de mando de Casa Nariño. (Sic).». Malévola, por decir lo menos, su conclusión doña Salud. Se ve a las claras que no conoce a De la Calle. No lo ha tratado. No es pérfido, ni iluso. Ni nefelibata. (Dícese de alguien que anda por las nubes). No es de concesiones graciosas. Es de convicciones firmes. No hizo concesiones en La Habana., en búsqueda de honores, premios o dignidades. Muchas veces, siempre con la opinión favorable de Santos, como Jefe de Estado, De la Calle como su delegatario, estuvo a punto de levantar la mesa de negociaciones. Usted carece de rigor histórico, en la elaboración de su perniciosa columna. Repase, con equilibrio y sensatez la ilación de lo sucedido en La Habana, para que tenga que tragarse sus apreciaciones, aun cuando si así lo hiciere, correría el peligro de envenenarse. De eso estoy seguro. ¡Salud Doña Salud Hernández!.