18 de agosto de 2022
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Por Álvaro Rodríguez Roberto Gálvez Montealegre: De vivir en casa de inquilinato a poderoso empresario nacional

8 de febrero de 2021
8 de febrero de 2021

-Su casa quedaba 3 pisos debajo del pavimento

-Desde vendedor de  buñuelos y jalea a lustrabotas

-La historia del niño feliz que su patio era un parque

– Nació a 100 metros del despacho que después ocupó como gobernador

-Todos debemos perseguir sueños

-La meritoria y sobresaliente vida de un  risaraldense

POR ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

De poder a poder: El empresario y ex gobernador, Roberto Gálvez, con el hoy gobernador del Risaralda, Víctor Manuel Tamayo Vargas.

Roberto Gálvez Montealegre, tiene designios mayores desde niño.

Se ha trazado metas sin límites. Con disciplina. Para él ya no existen techos. Muchos de ellos de alto alcance, los ha cumplido.

Presidente de Busscar de Colombia, de alto reconocimiento. Su empresa de automotores exporta sus productos y están por las carreteras nuestras.

“Siempre he dicho en muchos escenarios que son las personas que le colocan techo a los procesos, la meta, los objetivos.  Que nuestra mente esté dispuesta a enfrentar retos en nuestras vidas”.

Advierte como maestro en clase que los límites los tenemos en nuestro entorno y que los vemos como  imposibles y obstáculos insalvables o  muros infranqueables.

Da la fórmula de su dilatada trayectoria y experiencia: “los cambios, las transformaciones, empiezan  por uno mismo, por las personas y  cambiamos en media que nuestras mentes estén dispuestas a enfrentar retos en la vida”.

Esboza la tesis central: hay que perseguir sueños, sin fatigas, sin descansos, sin ver  imposibles pero con la voluntad y deseo tenemos  convertirnos en David que tumbó a Goliat con una onda.

Menciona el libro El Secreto que le apasiona. Que le sirve para seguir en los enunciados para crecer en la vida. Transmite el mensaje en cuanto lugar le dan oportunidad.

HAY QUE ACTUAR

“No es solo sentarse a esperar sino actuar”.

Roberto ha sabido planear, medir  los riesgos en su vida. En eso mucho le ha ayudado su esposa Luz Mary. Empresa, al frente de otra compañía.

Todavía quiere sentirse ocupado por más tiempo y pide ser útil  como reto- sirviendo a Risaralda, a la gente, a sus municipios. Devolver lo recibido con gratitud serena y sin arrogancias.

Roberto tiene mucho de ello. Muchos propósitos de vida.

El amor que mueve sentimientos y la sociedad, añade.

Saca otra enseñanza de su periplo como empresario: no dejar en el fondo del corazón  que el sentimiento de pobreza se anide, uno vivirá como pobre,  pensará como   pobre, actuará como pobre y morirá como pobre

«Fui vendedor ambulante de buñuelos y jalea y para cuadrarme otros, lustraba»: Roberto Gálvez Montealegre.

TRAYECTORIA

Ex congresista, ex presidente de la ANDI, ha estado vinculado a la poderosa junta  de la industria nacional organizada dos veces. Abogado, – su señora madre Oliva,  le pidió -casi que llorando- que estudiara para ser profesional y ser “alguien en la vida”, recuerda. Líder  y agitador sindical excelso – otro reto -; ex presidente de la Unilibre seccional de Pereira. Ex gobernador, empresario curtido con escuela y espuelas. Ha sido todero. Hoy es un reconocido  y organizado empresario nacional e internacional con una mujer economista, Luz Mary Valencia Correa que le tiene “medida” para evitar desbordes, como lo señala de manera cariñosa. Ella es otro ejemplo de vida. Laboriosa, emprendedora, madre. Ambos descendientes de familia numerosa.

De ella, de la economista, Luz Mary, su esposa, la madre de Roberto y Angélica, los elogios abundan: “le hubiese  querido entregar más de la  mitad de la condecoración que me entregó la Asamblea. Ella ha sido, después de mi madre, mi faro permanente que me ilumina, me aconseja, de inteligencia iluminada, que me coloca el polo a tierra, ha sido una roca inamovible, que   después de la tempestad puedo encontrar la calma. Que ha sabido perdonar,  tolerar, porque en medio de la superación le perdí temor al miedo y a riesgo, a riesgo de responsabilidad porque  la mejor manera de vencer la improvisación es la planeación como no los enseñó un conferencista internacional.

Roberto brilla por sus condiciones personales. Intactas. Un guerrero.

LA VIDA   

Su padre, ya casi en la cruel y dura despedida terrenal, cuando se apaga,  le apretó la mano al adolescente de 16 años para que le hiciera frente a la vida y a su familia: 8 hermanos.

EL PEDIDO DE PAPÁ

Le pidió papá a mi hermana mayor que le dijera que entrara. Yo entré y me tomó mi mano y sentí que me iba a triturar los dedos y me dijo: hijo,  usted tiene que hacerse cargo de esta familia. Fue un impacto tenaz, fuerte, tan duro que en el último minuto de su vida, el papá le diga eso a uno y le ponga esa tarea, le trate de construir un sueño, le ponga esa meta, conseguir ese objetivo. Le dije que  no, soy papá una persona de 16 años y somos 8 hermanos y el me respondió: mijo yo sé que usted puede. Me lo repitió dos veces más. Me apretó más la mano.

“Sentí que el agua se fue deslizando pero que a la vez a mi corazón llegara esa voz a ponerme  ese compromiso, ese propósito de vida y la verdad fue que pude. Uno debe tener impulsadores.

Su madre, su padre,  el propio Roberto, fueron vendedores ambulantes. Desde los 8 años 9 años, hace retrospectiva. Hizo los primeros   emprendimientos cuando el tres venía del Quindío para internarse por las montañas hacia Santa Rosa – Chinchiná – Manizales.

“Empecé vendiendo buñuelos con jalea.  Empecé a entender el significado de ganarse la vida y conseguir plata de manera honesta y a comprender que era necesario  emprender cargando maletas en empresas de transporte interdepartamental o lustrar zapatos si era necesario  y “cuando las ventas de buñuelos y jalea, no eran suficientes y eso me dio dignidad, cimientos sin dineros, sin recursos pero con sueños”.

LOS DISPARADORES

Alude  de inmediato que en el recorrido terrenal uno debe de tener unos detonantes que lo activen. Prefiere llamarlos “disparadores“ o estímulos que   se conviertan en propósitos de vida.

“Se puede, se puede, en medio  de las dificultades y la pobreza

Nació en una casa vieja de tres pisos, vaya paradoja, a menos 80 metros de la sede de la gobernación del Risaralda, donde fue un activo mandatario seccional con una alta votación.

De allí divisaba el patio de su casa que no era más que el Parque Olaya, la Estación del Ferrocarril, donde jugaba y daba sus primeras pilatunas. “Era el centro recreacional más grande que niño cualquiera  hubiese querido tener”. Evoca las tres largas manzanas del Olaya donde jugaba y corría, me entretenía y convivía con otros niños en la ciudad cafetera de Pereira, en el occidente del Risaralda.

Era un hueco y en ese lugar nací yo, señala.

Cuando hacía política recitaba pedazos de la vida misma: yo nací en las entrañas de la pobreza  y la humildad.

“Nací tres pisos por debajo de lo que era la vía pública y lo que hoy  es la calle 19, en un inquilinato”, precisa con vehemencia pero con una nostalgia creadora que se le dibuja en su rostro.

Soy fruto popular recogido en los sectores más humildes de este departamento, se despacha en el recorrido por los laberintos humanos. Por la piel.

UN NIÑO FELIZ

”En ese hogar  de tantas humildades fui un niño feliz,  de lo más feliz del mundo porque en mi hogar no existieron carencias porque siempre vivimos con lo que nuestros padres conseguían. Vivíamos  sin codicias, sin odios, sin  rencores, tranquilos, con deseos de superación”.