16 de agosto de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

¡No mueras!

10 de febrero de 2021
Por Luisa Fernanda Quiceno
Por Luisa Fernanda Quiceno
10 de febrero de 2021

En el territorio interno infinito, en el presente de lo mío, existe un eterno nosotros, que nos reúne en la corriente de un todo que se transformo en la eternidad, de esas vidas que no mueren, de la esencia de las almas buenas que trascienden a la más profunda dimensión. Es la energía eterna que fluye por senderos insospechados, por los laberintos de la mente, por las venas de la vida, en el aire que expande el pecho, en la medula del amor.

Fueron vida para muchos, movidos por un amor infinito que los llevó a dejar la sangre en la arena y partir de este plano como verdaderos guerreros, si, con la bata puesta. Hoy, seguramente cuando aquel bebe sonría, tendrá algo de ti, pues fueron tus manos quienes dieron soporte para que ese nuevo ser pudiera vivir.

Aquel hombre, al borde de la muerte, que llegó a tus manos y que en una cirugía de emergencia ayudaste para que pudiese tener una segunda oportunidad, ahora él, en cada respirar tendrá algo de ti. Y ¿porque ellos? Porque fueron los elegidos del destino, con quienes ustedes, mis ángeles de bata blanca, cerraron el ciclo de la vida terrenal, porque sé que fueron felices en ese mismo instante, dando lo mejor de si, dando una vida por otra, entonces comprendo que ella cambia de forma, de maneras inesperadas, ella simplemente fluye.

Su amistad incondicional, la entrega total, la pasión por la vida y por su trabajo los convirtió en vida de otras vidas. Ahora, en la profunda reflexión, su partida me ha enseñado a vivir mejor y también a morir, si, porque morir es un arte y solo los sabios saben vivir después de la muerte, en la levedad del vacío, de un vacío que llena todos los rincones del ser. Con ustedes aprendí a ver lo invisible, a descifrar la complejidad de las alamas que habitan cuerpos, y así voy aprendiendo a morir. Hoy pienso que no solo muere el cuerpo físico, también se debe morir a los malos recuerdos, a los malos sentimientos, a los apegos, a ciertos deseos, a las dependencias, al ego, debemos aprender a morir de mil maneras para hacer de nuestro paso por este plano una mágica experiencia y, cómo no decirlo, ir preparando el camino para el buen morir físico. No podemos partir sin dejar una pequeña huella, en algún lugar, en algún sentir, en algún corazón.

En estos días convulsos, los siento más vivos que nunca, viven en lo más profundo de mi ser, viven en los lugares recorridos, en las canciones cantadas, viven en las personas sanadas, en el amor que dieron de forma desinteresada, viven en los consejos, en las caricias entregadas, en las lágrimas derramadas, en las risas provocadas, en las palabras pronunciadas y en aquellos anhelos que quedaron por realizar.  Hoy, simplemente ven.

En memoria de MD. Susana Mejía Cristancho y MD. Juan Carlos Salamanca.