26 de julio de 2021
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Mentirosos e hipócritas.

17 de febrero de 2021
Por Alejandro Loaiza Salazar
Por Alejandro Loaiza Salazar
17 de febrero de 2021

La semana pasada tuvo eco en medios de comunicación la posible aspiración a la presidencia de la República del exministro de Salud, el Antioqueño Alejandro Gaviria. Sectores de centro, como la reciente colación de los verdes y compañía (Juan Manuel Galán, Humberto de la Calle, Ángela Robledo, Juan Fernando Cristo, Jorge Robledo, Sergio Fajardo) e incluso sectores dentro del Partido Liberal, algunos afirman que no pocos impulsados por el expresidente Cesar Gaviria a través del secretario del Partido Liberal, trataban de convencer al exministro hoy Rector de la Universidad de los Andes, de dar el sí a esta precandidatura.

En varias entrevistas concedidas por el Rector Uniandino, este afirmaba que aunque no tenía descartada esta posibilidad, veía de manera muy remota su regreso al mundo político, pues consideraba no estar preparado para soportar las mentiras e hipocresías que abundan en este oficio.

Afirmaba el manzanareño, mas bogotano que muchos, el Doctor Humberto de la Calle, que estas palabras de Alejandro Gaviria, demostraban que justamente era eso lo que lo convertía en una ficha tan apetecida para los sectores hoy en disputa por la presidencia, una persona lejana a los vicios de la política nacional, pero con entendimiento y comprensión de este sinuoso mundo.

No se equivoca el Rector Alejandro Gaviria en describir la política; todos absolutamente todos los políticos son confesos mentirosos y muchas veces descarados hipócritas. Como despachar a una comunidad que ofrece su confianza y votos a cambio de una gestión, que el político reduce a una promesa fallida, la cual quedara en el escritorio por bien que le vaya, sin ninguna posibilidad de concretar.

Como no sonreírle al campesino sudoroso que con nula fragancia francesa, tiende su abrazo al perfumado político, pues su día a día de trabajo no solo le impregna el olor a tierra, sino que sus escasas ganancias le imposibilitan comprarse la poco frecuente “Eau de toilette” en la que se baña el doctor. Como esquivar el beso de la señora del pueblo, que con costal al hombre busca saludar al Honorable, y este con todos los ojos encima no puede dar la mínima sospecha de arrogancia y soberbia.

Decir NO en política es difícil, pero más aún, es costoso, y el costo en este ejercicio se mide en los votos que no llegaran, así que evitar el no, es todo un arte, utilizando frases poco comprometedoras pero que dejan una falsa ilusión de que será posible, esa es la virtud de muchos barones electorales.

Hoy como nunca, las personas se han contagiado también de esta hipócrita y mentirosa actividad, cuando prometen el ansiado voto, y justo cuando dan la espalda y no son blanco de las miradas del candidato, también le ofrecen ese mismo voto a cualquier otro candidato, pues buscan a como dé lugar que su riesgo de perder sea mínimo y con ello que su esperada gestión se haga realidad.

Que si la política es de hipócritas y mentirosos, claro que sí, sin embargo y como decía el expresidente Turbay cuando afirmaba que llevaría la corrupción a sus justas proporciones, esperar que la política no contenga mentiras y traiciones es una utopía, así que procurar elegir a los menos mentirosos e hipócritas es la hazaña de todas las elecciones. Tal vez por eso hoy los mal llamados outsiders de la política, como Alejandro Gaviria, son cada vez más apetecidos, pues generan en el imaginario colectivo la ilusión de no tener los vicios de los tradicionales barones, y tal vez con ello llegue el tan esperado cambio en las formas y maneras de administrar lo público.

Ojala Alejandro Gaviria tomara la decisión de aspirar, es más creo que tiene la obligación de hacerlo, a ver si de una vez por todas la muy pobre discusión entre Uribismo, Santismo o Petrismo se hace a un lado, y nuevas corrientes, diferentes por lo menos a las ya tradicionales, son de una vez por todas engavetadas, dando paso a discusiones menos fanáticas, menos torpes, menos arcaicas, y se demuestra que en Colombia el liderazgo no reside exclusivamente en el típico populismo, así como tampoco en el perverso sectarismo en el que nos quieren ver sometidos por saecula saeculorum”.

Twitter: @AlejandroLSFD