18 de abril de 2021
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José Jaramillo Mejía, buen ensayista

25 de febrero de 2021
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
25 de febrero de 2021

La lectura del libro “Monólogos de Florentino”, de José Jaramillo Mejía, obliga a hacer una nueva valoración del trabajo literario de este escritor oriundo de La Tebaida, pero aquerenciado en Manizales, como que en esta ciudad estudió su bachillerato, en el Instituto Universitario de Caldas. Y digo que este, su último libro publicado, obliga a revaluar su trabajo con la palabra, porque en “Monólogos de Florentino” aparece un ensayista de prosa perfecta, bien documentado, profundo en el análisis, que sabe condensar temas serios sobre economía y política con eso que en el prólogo a su libro “Que hay por aí” Euclides Jaramillo Arango calificó como “humorismo muy bien untado de costumbrismo”. En este libro se descubre a un sesudo analista de la historia política de Colombia.

Conozco desde hace muchos años a José Jaramillo Mejía. Desde entonces lo leo con interés. Tanto que. alguna vez, hace ya tiempos, escribí una nota sobre uno de sus primeros libros: “A mitad de camino” (1980), que lleva prólogo de Adel López Gómez. Fue por los tiempos en que él fungía como gerente de La Nacional de Seguros, y yo como columnista dos veces por semana de La Patria. En ese libro,  que López Gómez exalta por su  prosa exquisita, donde “se reflejan el carácter de nuestra gente y lo humano que tiene la comarca quindiana”, se recogieron columnas entonces más extensas de las que ahora escribe, publicadas en el diario local, y crónicas de fina factura literaria donde se revela un escritor con un gran sentido del humor, narrador de ocurrencias que despiertan una sonrisa en el lector,.

Aunque en algunos capítulos “Monólogos de Florentino” vuelve sobre el espacio de la infancia de José Jaramillo Mejía, como que habla sobre los años vividos en el municipio de Circasia, hay en este libro dos cosas que lo diferencian de sus obras anteriores, incluido “Las trochas de la memoria” (2017). La primera: es un extenso ensayo donde el escritor se explaya en temas como la educación, la producción agrícola, la actividad política, las relaciones laborales, la religión, el manejo del Estado, la propiedad de la tierra, la democracia y los conflictos armados. La segunda es la profundidad de los planteamientos económicos y políticos que hace, las acertadas citas de grandes pensadores para explicar lo que afirma, el estilo claro para exponer las ideas y la profunda investigación para estructurar el libro.

Sin tener la estructura de una novela, la obra se vale de los recursos de la narrativa para convertir su lectura en un agradable paseo por la realidad social y política de Colombia. A través de Florentino López Grajales, un hombre que durante muchos años fungió como tinterillo en Circasia, José Jaramillo Mejía va narrando la historia del país, dándole al personaje connotaciones de líder. El subtitulo del libro, “Reflexiones de un ideólogo empírico”, explica en forma clara que ese hombre que ejerció como secretario del juzgado de Circasia, posición que logró cuando el Partido Liberal obtuvo el poder en 1930, después de la hegemonía conservadora, es un político frustrado que tiene la capacidad para improvisar discursos donde le fluye la palabra con facilidad y, sobre todo, con coherencia en la exposición.

 

Los capítulos donde se cuenta la historia de Circasia pintan con la paleta de la palabra un pueblo de sanas costumbres, que en un momento dado vio llegar a sus calles la violencia. La historia del Cementerio Libre, construido en la finca Versalles, propiedad de Braulio Botero Londoño, fundado por los liberales para darle sepultura a quienes el párroco Manuel Antonio Pinzón ordenaba enterrar en el muladar, enseña cómo el sectarismo abrió heridas que cicatrizaron con el Frente Nacional. Florentino López Grajales tuvo que abandonar el pueblo huyendo de la muerte. Regresó cuando los dos partidos tradicionales firmaron el Acuerdo de Benidorm, para repartirse el poder. También enseña qué hacía Aquilino Restrepo, el policía del pueblo. Y cómo funcionaba el alquiler de bicicletas.

En “Monólogos de Florentino” hay un ensayista de estilo depurado, ameno en la narración de los hechos, preciso en el uso del lenguaje, cadencioso en la construcción de las frases, de gramática perfecta. Me atrevo a decir que nada tiene que envidiarle José Jaramillo Mejía a Jorge Orlando Melo, el autor de “Historia mínima de Colombia”, en el enfoque histórico que le da a su libro y, desde luego, en la claridad conceptual y en el profesionalismo investigativo. En este libro subyace un escritor formado en intensas lecturas, que construye párrafos de una calidad literaria sorprendente, donde brilla una pluma excelente. Me atrevo a decir que este es el mejor libro escrito por José Jaramillo Mejía. ¿La razón? Está muy bien escrito. Tiene el lenguaje preciso de un ensayista