21 de enero de 2022
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Un gobierno cantinflesco

8 de enero de 2021
Por Clara Inés Chaves Romero
Por Clara Inés Chaves Romero
8 de enero de 2021

Dan vergüenza las cantinflescas decisiones de nuestro presidente; parecería  que le quedó grande el puesto pues, a pesar del tiempo que lleva gobernando, no atina ni en temas de salud, ni en política exterior, ni en asuntos de paz, ni en protección del  medio ambiente; y para ser benevolentes, le damos el beneficio de la duda en otros aspectos.

El gobierno no conoce las prioridades, o quizás no le importa el pueblo colombiano sino su élite de amigos más cercanos.

Es inconcebible que en medio de una pandemia en la que tantos connacionales no tienen disciplina ni cultura ciudadana, por lo que produjeron el aumento del pico del covid-19, el gobierno permita el incremento del salario de los padres de la patria que, con honrosas excepciones, no se lo merecen, pues se han destacado por su folclorismo, su corrupción y su politiquería barata.

En cambio la salud, que es un derecho fundamental, sigue estando peor que la Cenicienta. El gobierno no previó con tiempo la compra de los insumos necesarios para dotar a todos los hospitales del país con los medicamentos indispensables para el tratamiento del coronavirus. Como si fuera poco, no  han pagado los salarios a quienes cínicamente el presidente Duque llama los héroes de la patria. Es decir, demasiada demagogia y populismo a través de su programa de televisión en el que anuncia decisiones que toma o va a tomar, pero que no funcionan, bien porque jurídicamente no son viables, o porque no se cumplen, y las ayudas que menciona solo van a engrosar al parecer los bolsillos de algunos, pues no hay control para verificar las disposiciones o las normas que se dictan.

Con lo anterior, Duque pone en peligro la vida de los colombianos.

Como dice el adagio de las abuelas “tras de ladrón, bufón”, ahora resulta que la culpa es de otros, porque el gobierno no puede de reconocer su incapacidad en algunas materias y se la ha pasado en tratar de apagar incendios y mejorar su imagen a nivel nacional e internacional, en lugar de gobernar para todos los colombianos sin distingo alguno.

Independientemente de la pandemia, con la actual administración hemos retrocedido años luz en todos los aspectos. Los osos internacionales que protagoniza son cantinflescos; un Ministerio de Relaciones Exteriores que no conoce sus funciones y  deja que nos manoseen.

El manejo de la consolidación de la paz es aberrante. Parecería que el gobierno considera idiotas a los miembros de la comunidad internacional, pues trata de mostrar resultados y avances, pero estos no están a la altura de las actuaciones que tiene que ejecutar y que el mundo espera ver, teniendo en cuenta los compromisos adquiridos en los acuerdos de paz. Daría la impresión de que es tanta la burocracia y son tantos los ineptos que tiene en la administración, que ni el mismo Duque puede controlarlos, además de los desatinados nombramientos que ha realizado de funcionarios que se han caracterizado públicamente por estar en contra de los propios acuerdos de paz y de su consolidación en la actual etapa de posconflicto.

Parafraseando al padre Francisco de Roux, es el gobierno quien debe dar ejemplo al pueblo colombiano;  a nuestros connacionales se les ha olvidado que la vida es el bien más preciado y el derecho fundamental a proteger por excelencia. Asesinan líderes sociales, excombatientes, poblaciones en los territorios que el Estado debió tomar en control y no tuvo la capacidad o la voluntad política para hacerlo, y no pasa nada. Solo discursos y promesas sin cumplir. ¿Qué clase de gobierno tenemos?

Lo peor es que el expresidente Pastrana, que forma parte de la coalición del partido de gobierno, tiene el cinismo de decir que las medidas impopulares  del Ministro de Hacienda que afecta a la clase media van a producir que venga un gobierno populista y radical.

Si bien es cierto que estoy de acuerdo en que tales medidas son impopulares, no son ellas las que van a producir un cambio de gobierno en las próximas elecciones, sino la falta de voluntad política que ha demostrado la administración para gobernar y para que haya cohesión social, equidad, paz y desarrollo.

Además ya tenemos un gobierno populista y radical; lo que necesita el país es que los colombianos nos concienticemos de la urgencia de un cambio y que la respuesta es el centro. Estamos cansados de populismos radicales de derecha e izquierda y de dictaduras disfrazadas de democracia.

Pero si por los puntos anteriores llueve, en materia de medio ambiente no escampa. En este aspecto se muestra que existen intereses creados y el poder detrás del poder. Deforestan miles de hectáreas en nuestra Amazonía y en otros lugares protegidos para ser utilizadas por la ganadería ilegal, y no pasa nada porque nadie sabe nada. Es decir la canción de Shakira “ciega, sordomuda” se impone en la administración nacional, departamental y local. ¡Que cinismo!

¡Basta ya de más actuaciones cantinflescas y gobierne aunque sea tarde!

(*) Exdiplomática y escritora