21 de enero de 2022
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Sin educación, la paz es imposible en Colombia

7 de enero de 2021
Por Fernando Escobar Giraldo
Por Fernando Escobar Giraldo
7 de enero de 2021

En alguna oportunidad cuando el doctor Antanas Mockus se lanzó por primera vez candidato a la presidencia de Colombia, después de hacerle una entrevista para la radio en la que yo trabajaba, junto con el presidente de la emisora, le hicimos una invitación a él y a su esposa a un partido de béisbol de los Marlins en Miami. Era la primera vez que él y su joven esposa  asistían a un juego de este deporte y, a la fuerza Mockus tuvo el peor maestro de béisbol pues mis conocimientos eran muy limitados y él lo preguntaba todo detrás de cada jugada.

Pero lo que más recuerdo de aquel encuentro, es que en el intercambio de palabras en el estadio, le pregunté algo que se me había pasado en la entrevista radial ¿cuál era su propuesta para lograr la paz en Colombia? En ese entonces no se trataba solamente de guerrilla sino también de la violencia del narcotráfico, la que azotaba al país.

“Mi propuesta es algo imposible de lograr”, me respondió. “Habría que desaparecer una generación  de colombianos, quizás dos. Y educar como debe ser, a quienes los reemplazarían”. ¿Se da cuenta que es imposible?, me dijo.

Nunca olvido su comentario con gran contenido de sabiduría, ironía, desconsuelo, impotencia. Provenía de un intelectual que cambió las aulas por la política y a quien millones de colombianos siguen admirando y creyendo.

Su comentario, mientras la pelota iba de primera a segunda base, quedó grabado en mi mente para siempre. Lo he digerido en múltiples ocasiones, y me doy cuenta que hoy, la responsabilidad del gobierno colombiano, el actual y los que vienen, es mayúscula en una etapa postconflicto, pues tiene el reto de, sin desaparecer a ninguna generación, ofrecer un plan educativo tan efectivo como que es el mayor reto para lograr de verdad una paz duradera.

Son miles y miles los escenarios que hemos encontrado después que unos 17.000 hombres y mujeres supuestamente “se incorporaron” o “reincorporaron” a la vida civil sin haber recibido más educación que la de manejar un fusil, un machete, una granada ó cultivar drogas ilícitas.

Colombia ya había vivido ese proceso de reincorporación antes del acuerdo de paz con las FARC. Entre los años 2002 y 2016 fueron 57,923 los reinsertados, según cifras del mismo gobierno (Agencia Colombiana para la Reintegración – ACR). La mayoría de ellos provenientes de las autodefensas. Y en el pasado se han desmovilizado guerrilleros de grupos armados como el M-19, EPL, Quintín Lame, el Partido Revolucionario de los Trabajadores y la Corriente de Renovación Socialista. Con niveles educativos muy bajos, analfabetas o que tan sólo han ido a la escuela primaria, aunque los hay con nivel universitario, pero muy pocos. Según estadísticas, el nivel educativo de los ex guerrilleros en Colombia indica que el 46,3% no ha culminado la escuela primaria.

“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”, dijo el ex presidente sudafricano Nelson Mandela.  Y ese es el factor más importante que Colombia entera debe tener en cuenta para cambiar los fusiles por lápices y cuadernos.

En el plan de paz del anterior gobierno del presidente Santos se destacan 7 estrategias que valdría la apena analizar hasta dónde se han cumplido, se siguen cumpliendo y cómo se proyectan hacia el futuro. Cada gobierno hace lo suyo a su manera y el actual tiene otras ideas. En resumen, esas estrategias son:

  1. Alfabetización
  2. Educación para Jóvenes y Adultos
  3. Modelo de Formación para la Reintegración
  4. Modelo Educativo de Perdón y Reconciliación
  5. Modelo a Crecer
  6. Modelo de Servicio de Educación Rural
  7. Modelo Etnoeducativo.

La educación especial no debe ser tan sólo para los reinsertados sino también para los millones de desplazados y luego para el pueblo en general que no ha estado preparado para el no rechazo, para la no venganza, para evitar manifestaciones de odio, para aceptar. La educación especial es necesaria también para los integrantes de las fuerzas armadas, para funcionarios del gobierno a toda escala, e irónicamente hasta para los mismos educadores.

Colombia no debería crear escuelas o colegios exclusivos para guerrilleros. Pero ¿querrán los colombianos enviar a sus hijos a escuelas o colegios donde van ex guerrilleros? El dilema ha sido analizado por expertos del gobierno, pero no compartido suficientemente con el pueblo.

Existe aun mucha tela de donde cortar, pero lo que sí puedo asegurar, sin el más mínimo temor a equivocarme, es que: “Sin educación, la paz es imposible en Colombia”.