22 de enero de 2022
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Por Manuel José Rincón Ojos rasgados

10 de enero de 2021
10 de enero de 2021

Por Manuel José Rincón Domínguez

Cuando el lector lee Ojos rasgados, trece cuentos de la escritora colombo-china, Elena Li Chow, sabe de entrada que viaja por mundos desconocidos, por países asiáticos donde las pasiones, debilidades y emociones humanas son las mismas de aquí o de cualquier otra parte del mundo, son historias universales que sentimos como nuestras, y no sólo por el peso de las tradiciones o los amores inconclusos, también por la mano invisible del sistema y las estructuras económicas, las presiones sociales.

En medio de esos dramas vamos descubriendo que hay cazadores de cuerpos que flotan en los ríos para venderlos a familiares o policías que después del tsunami intentan encontrar a los dueños de infinidad de cajas fuertes apiladas en el parqueadero porque sus propietarios, habitantes de un pueblo pesquero, prefirieron guardar el dinero en sus casas y no en el banco; dramas que de una u otra manera vivimos a nuestra manera.

Entre líneas, la autora nos muestra la inclemencia de la modernidad en China y otros países, la presión de la industrialización y cómo acaba con las tradiciones. En Juicio final, el drama que vive el protagonista por los recuerdos que le pesan en el pasado se incrementa cuando le anuncian que “nos dieron diez días para desocupar. No somos los únicos; son como veinte casas” y les proponen ir “y vivir al lado de gente con la que no compartían nada”. La situación y el avance de esa modernidad acaba con grupos de personas que «se reunían para intercambiar historias y decepciones, aventuras imaginarias y amores lejanos”, es el paso de la vida de barrio a la vida de la propiedad horizontal donde escasamente se conoce al vecino del apartamento del frente.

“¿Viste cómo me miraba la señora Ng durante la cena? Hice bien en comprarme este vestido. ¡Qué casa tan elegante! ¡Qué finos candelabros de plata! Y las pinturas, ¡qué gusto!”. Y sí, el arribismo tampoco escapa a Elena Li Chow, la devoción por el dinero y el mundo de las apariencias. Esas radiografías la autora nos las muestra como las capas de la cebolla.

A lo largo de sus textos, uno encuentra diferentes facetas en una misma historia, hilos narrativos que van calando en el lector para llevarlo hasta la esencia de los seres humanos. “Hacía muchos años que no visitaba mi tierra; algo en el aire me devolvía las ganas de vivir… me recordaron que la mujer mongola es libre e independiente”, dice la protagonista de Dos mujeres y un caballo, cuyo viaje a las raíces le despiertan su yo profundo, su identidad y la confronta consigo mismo al darse cuenta lo que ha dejado atrás por haberse casado con un inglés en buena posición que ahora vive en Hong Kong y combina su matrimonio con el subgerente de un banco.

Son relatos que nos ponen frente a frente con las diferencias culturales, como le sucede a la holandesa de Travesía nocturna que se ha enamorado de un chino y escapa “de la burbuja donde viven los extranjeros”, pero como ella, son varios los personajes de otras historias que viven el proteccionismo de los chinos frente a los extranjeros, la manera como aplican la ley con diferente rasero si eres nativo o extranjero… “me he dejado contagiar por lo que más temen los extranjeros en este país. La injusticia”.

Finalmente son trece historias, dramas, soledades que muestran la sensibilidad de una autora que lee no sólo la primera capa de superficialidad de los seres humanos, sino que logra adentrarse en las profundidades de las debilidades humanas y proyectarlas, incluso hacernos sentir, que muchas pueden ser, con facilidad, nuestras, y esta es una de las grandes riquezas de Ojos rasgados, que nosotros, los de ojos redondos, también hemos pasado de una u otra manera por situaciones similares. Ese es también uno de los grandes méritos de la ficción, ponernos en la piel de los otros, vivirla y lograr que el lector se emocione con las historias y dramas de los personajes. La autora en este libro, con manejo cuidadoso de las palabras y los hilos conductores de la narración, convierte esos personajes en nuestros.

Carátula del libro