18 de enero de 2022
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No más cuentos chinos sobre el virus ídem

5 de enero de 2021
Por Claudio Ochoa
Por Claudio Ochoa
5 de enero de 2021

Desde su denuncia por parte de algunos especialistas en el continente asiático y en Taiwán, el virus chino ha sido y sigue siendo objeto de manipulaciones, para ocultar su verdadero origen, exagerar o tapar sus consecuencias sobre la humanidad, ocultar los efectos secundarios y a corto y largo plazo de las vacunas en marcha, o agrandarlos.

Sí, en esta serie de desinformaciones, primero fue la denuncia sobre la existencia de esta creación china (¿por descuido o por intención?). Desde varias fuentes de credibilidad, como que investigadores y médicos habían advertido ante el PCCH, a fines de 2019, sobre la existencia de esta letalidad y solo hasta el 19 de enero de 2020 el poderoso Xi Jinping autorizó su divulgación, cuando ya el virus andaba campante por el mundo. Difícil entrometerse en este asunto, países como Australia, que ha pedido investigar su origen, recibió inmediatamente la amenaza comercial china, y a callarse. Además, este autoritario sistema sigue como si la cosa no fuera su culpa…

A partir de ese momento comenzó a tomar fuerza un argumento: que su creación (¿por parte del Ejército Popular de Liberación?) o aparición, sería una bendición para los países superpoblados y con excesos de ancianos, inútiles, con gran carga para las pensiones y los sistemas de salud.

Simultáneamente las miradas de políticos y especialistas se dirigieron hacia la Organización Mundial de Salud-OMS, acusándola de estar mal y peligrosamente gobernada. Comenzó a destaparse el pasado, que dicen tenebroso de su director, el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, ex miembro del Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), él y su organización acusados de haber propiciado torturas, asesinatos, desplazamientos, detenciones injustas y corrupción en este país de África Oriental. Human Rights Watch (HRW) ha apoyado estos cargos. Tedros no ha podido desligarse de sus vínculos subalternos con los chinos, patrocinadores de su llegada y mantenimiento en la OMS.

Siguiendo con los misterios y cuentos chinos sobre el tema, no puede pasar desapercibido que a las pocas semanas de evidenciado el virus, el 18 de marzo del 2019, el PCCH autorizaba divulgar ante el mundo que ya contaban con la vacuna y comenzaban las pruebas sobre humanos. Desde entonces, como que la vida tiende a normalizarse en el Continente Chino y ha podido apreciarse que en Wuhan (localidad que vio el nacimiento del virus) sus pobladores celebraron la semana anterior la llegada del nuevo año, de manera masiva, con mínima bioseguridad y sin guardar distancias. ¿Será que el PCCH tiene desde un principio el antídoto y lo está reservando para sus dignatarios y como arma política y comercial? Otro misterio por resolver.

Siguen los millones de muertos, estamos en una nueva ola de propagación del virus, ya con varias creaciones de vacunas en el mercado y decenas de investigaciones en marcha, surgiendo nuevas dudas: si su aplicación es garantía total o si la inmunidad que da es pasajera, por lo cual el paciente podría ser víctima del virus en cualquier momento. Si los efectos dañinos del medicamento son reales y pueden aparecer en los meses siguientes. Si, dados sus componentes, puede acortar los años de vida de sus receptores. Si ante la producción limitada de las vacunas, cada país debería aplicarla masivamente ya, evitando más muertos, o si es preferible reservar millones de unidades para la aplicación como segunda dosis, que ha de llevarse a cabo en pocas semanas. Si la vacuna solo evita que cualquiera enferme, pero no evita que quien la reciba y lleve el virus pueda propagarlo. ¿Y qué nos espera con su mutación?

Aterrizando en nuestro medio, encontramos peligrosas dudas. Por ejemplo, cuándo realmente comenzará a aplicarse aquí la vacuna. Es muy fácil fijar un cronograma, que primero los médicos y mayores de 80 años, y así sucesivamente… pero ¿cuándo y cómo realmente en fechas?  Que estarán disponibles tantos miles de especialistas para colocar la vacuna, pero ¿cómo garantizar que el medicamento se conserve con la temperatura adecuada, llegue a millones de colombianos habitantes en zonas de imposible o difícil acceso, y sus encargados de aplicarlo tengan la debida capacitación?

Algo muy vital. Hasta ahora el Gobierno se sostiene en que la vacuna no llegará a los “inmigrantes” en situación irregular. ¿Pero, hasta cuándo este Gobierno aguantará las presiones de los dicharacheros organismos internacionales, tipo Acnur, OIM, CIDH, los noruegos y otros países, listos a quedar bien a costa de los colombianos? ¿Así las cosas, sería justo y necesario que el Gobierno coloque en su lugar a estos amables defensores de los derechos humanos, exigiéndoles que respondan por las vacunas para tres o más millones de inmigrantes? Tanto humanitarismo requiere de verdaderas acciones y no meras proclamas y exigencias. De resto es paja. Mientras tanto, ¿estaremos midiendo el verdadero impacto de los migrantes sobre la propagación de la pandemia, y cómo hacer para que no sigan siendo factor de contagio?

En complemento, ¿tendremos un verdadero y serio monitoreo sobre los billones de pesos que terminarán costando las vacunas? Casos hay, y muchos, en donde las emergencias son utilizadas por intermediarios y oportunistas para enriquecerse a costa de la salud y de los muertos. Esta no es exenta de corruptela, ojalá alguna veeduría ciudadana siga la pista.

Otra amenaza, ¿cómo evitar que avivatos interpongan tutelas para colarse, violar el cronograma y conseguir rápidamente la vacunación, algo a lo cual podrán recurrir inmigrantes que están irregularmente en el país? ¿Cómo evitar que la vacuna sea pateada convirtiéndola en tema electorero, ahora que comienza la campaña presidencial de 2022?  Pues ya vimos al candidato de la extrema haciendo gestiones ante la Vicepresidencia española, para conseguir unos milloncitos del medicamento, jugar con la salud de colombianos e inmigrantes nacionalizados, a cambio de votos.

Hasta ahora los esfuerzos internacionales para protegernos del virus chino parecen muy dispersos y no hay señales que mejoren la golpeada credibilidad sobre la OMS. No es fácil adelantar acciones a través de la ONU, dado el poder que allí tienen los autoritarios chinos. ¿Qué tal si las democracias europeas, americanas, asiáticas, africanas y oceánicas se ponen de acuerdo, a manera de autodefensas, para resolver tantas dudas y amenazas que nos rondan? En lo nacional, ¿qué tal si el Gobierno central convoca a una serie de reuniones con gobernadores y alcaldes, en donde se tracen vías de solución? En ambos casos deben participar científicos y médicos, quienes saben muchas verdades sobre el tema y actúan más racional y aterrizadamente sobre este personaje mundial, el virus chino.