23 de enero de 2022
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El partido de los patriotas

14 de enero de 2021
Por Juan Alvaro Montoya
Por Juan Alvaro Montoya
14 de enero de 2021

Ha sido caótico el final del periodo Trump. Desde los días previos a las elecciones, se avizoraba que la crisis generada por una pandemia incontenible le pasaría factura al gobernante norteamericano. Consciente del cambio en su suerte, el astuto lobo encendió la hoguera donde esperada ver calcinados a sus enemigos, como si se tratase de la cacería de brujas sucedida en Salem en 1692. Pero el viento ha soplado en contra y, hasta la fecha, el único que se ha visto arder en la pira es su promotor. Ahora Donald Trump huele a humo y una gran parte del mundo baila sobre sus cenizas.

No son pocos las figuras republicanas que han marcado distancia del acorralado presidente después del asalto al Capitolio. Este edificio no solo contiene los hemiciclos donde sesionan la Cámara de Representantes y el Senado norteamericanos. Supone, además, el valor más puro de la democracia y los cimientos de una nación que ve respaldadas sus garantías y libertades individuales por las decisiones que allí se adoptan. El Capitolio es el corazón de la Unión y su cuidado y respeto va más allá de cualquier discusión partidista. Pero esto no fue entendido por Trump. Empeñado en entorpecer la confirmación de Joe Biden como sucesor suyo, estimuló las acciones violentas de una turba de “patriotas” que se apoderó de este recinto sacro, pese a este hecho sólo tenía 4 precedentes en toda su historia (1814, 1915, 1954 y 1983) y nunca se había dado a instancias de un dignatario presidencial.

Con esta grave referencia y ante la inminencia de un segundo juicio político contra el primer mandatario estadounidense, varios de sus escuderos han comenzado a marcar distancia. El primero de ellos ha sido su vicepresidente, quien, curiosamente, se había caracterizado por una lealtad férrea ante los extremos de su jefe durante los últimos cuatro años. Mike Pence podría ser recordado como el líder más sereno, reposado y respetuoso del conservatismo estadounidense actual y, así mismo como el único que se atrevió a decirle “no” a un presidente inestable. Ante su negativa para impedir la confirmación de Biden por el congreso, Trump no dudó en calificarlo como “cobarde”, un peyorativo que no refleja en absoluto las características del segundo al mando. Pero Pence no es Benedict Arnold, famoso traidor al proceso independentista de la Unión, ni Trump es George Washington. Pence se ha mantenido fiel a su juramento de respetar y hacer cumplir la constitución de los Estados Unidos de América y será recordado como el paladín que se comprometió con el orden institucional al final de este gobierno.

Posiciones más extremas han seguido los senadores Mitch McDonnell y Lindsey Graham, quienes han expresado su deseo de apoyar un segundo impeachment contra Trump en un intento de salvar una evidente división del partido. Es allí donde se cultiva la manzana de la discordia. No todo el sector republicano se ha opuesto radicalmente al actual mandatario y varios de los congresistas, como los senadores Ted Cruz o Josh Hawley se han pronunciado a favor de apoyar irrestrictamente a su jefe máximo.

Esta dicotomía plantea un serio reto para el coloso del norte. Mientras los demócratas se empeñan a expulsar a Trump por la puerta de atrás, el hombre de viste de tigre y prepara en silencio maniobras que pueden poner en jaque el sistema norteamericano, dado que no hace parte de la esencia de Trump ceder, claudicar, entregar o renunciar. No guste o no, y pese a todas las equivocaciones que se le puedan endilgar, es alguien que no dimite, no se resigna, no deserta, no cede, no desiste, que se mantiene en pie hasta el final y que tiene en sus manos una base electoral de 74 millones de votos a su favor.

Estas cifras conllevan un poder real que no desaparecerá con el cargo de Presidente de los Estados Unidos. Estos 74 millones de “patriotas” comportan la base necesaria para el nacimiento de un nuevo movimiento de derecha. No es de extrañar que en el bastidor de las próximas elecciones presidenciales se rompa la fuerte tradición bipartidista y se incluya como tercera fuerza el “Partido de los Patriotas” que contenga en el tarjetón al propio Trump, como ya lo ha anunciado.

Sin importar la filiación ideológica que cada uno profese, es ahora cuando debemos recordar la escena del “mentiroso” de Pierre Corneille que sentencia «les gens que vous touez se portent assez bien» (los muertos que vos matáis gozan de perfecta salud).

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