7 de agosto de 2022
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Cuando Holmes Trujillo lanzó su candidatura presidencial

26 de enero de 2021
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
26 de enero de 2021

 

A mediados de 2016, el dirigente político Carlos Holmes Trujillo nos dio la primicia de su futura candidatura presidencial en una conferencia que dictó en la Sociedad Bolivariana de Colombia, en Bogotá, donde lanzó fuertes críticas al acuerdo de paz con las Farc.
Así quedó registrado en el siguiente informe, publicado en forma exclusiva por EJE 21.

No fue un lanzamiento oficial, del que debía esperarse la escogencia respectiva del candidato por parte del partido Centro Democrático liderado por el ex presidente Álvaro Uribe Vélez. Sin embargo, ahí empezó a barajarse su nombre y, sobre todo, su programa de campaña, del que hicimos una apretada síntesis en el presente informe.

Desplome institucional por acuerdo de paz

“Muchos colombianos estamos temerosos por el desplome institucional que ya estamos viendo con los acuerdos entre el gobierno nacional (presidido por Juan Manuel Santos) y la guerrilla de las Farc”, declaró Carlos Holmes Trujillo, uno de los máximos dirigentes del Centro Democrático que lidera el ex presidente Álvaro Uribe Vélez.

Esas fueron precisamente sus palabras de apertura durante una concurrida conferencia ante la Sociedad Bolivariana de Colombia, donde varios asistentes aseguraron que estaban ante el próximo candidato presidencial de su partido.

Holmes, por su lado, eludió el tema de las candidaturas (al que por cierto tampoco lo habían invitado), si bien al término de su intervención, luego de insistir en que “las semillas de la inestabilidad están sembradas” y pueden afectarnos a todos mientras el futuro del país está en juego, dijo exaltado, como si estuviera en campaña: “¡Por esto debemos ganar las elecciones en 2018!”.

Así cerraba su intervención en la que durante más de una hora abordó los temas centrales del proceso de paz, incluso hasta llegar al posconflicto.

“No dejó títere con cabeza”, mejor dicho.

Ni tan nuevo, ni tan bueno

Según Holmes Trujillo, el acuerdo de paz no era tan novedoso como parecía, ni como lo presentaban las autoridades oficiales. No. De hecho –anotó-, hubo negociaciones con la guerrilla en gobiernos anteriores, algunas con resultados positivos, en tácita alusión a la desmovilización del M-19, y otras con rotundos fracasos (en los mandatos de Belisario Betancur y Andrés Pastrana, por ejemplo).

Más aún, la Constitución de 1991, de la que él fue uno de sus autores como constituyente, era en tal sentido “un tratado de paz para Colombia”, esta vez sí, a diferencia de hoy, con los mandatos constitucionales requeridos.

Admitió, no obstante, que en las circunstancias del momento había hechos novedosos: por primera vez se suscribía un acuerdo de paz después de adoptarse el Estatuto de Roma que creó la Corte Penal Internacional para garantizar, por encima incluso de los estados nacionales, que delitos como los de lesa humanidad no quedaran impunes y fueran condenados, por tanto, quienes los cometieron.

O sea, como Colombia apoyó ese Estatuto y lo suscribió, estaba obligado -dijo- a cumplirlo, por lo que no debía abrirle paso a una legislación violatoria de tales disposiciones, permitiendo en la práctica que delitos de lesa humanidad, cometidos por los dirigentes de las Farc, quedaran impunes, sin que ellos pagaran siquiera un solo día de cárcel.

Era previsible, entonces, que si el gobierno colombiano se salía finalmente con la suya, haciendo a un lado sus compromisos internacionales con el Estatuto de Roma, la Corte Penal Internacional se viera obligada a intervenir, como debería hacerlo.

Ésta era una clara manifestación, en su concepto, del desplome institucional al que estábamos asistiendo, en perjuicio de todos. Porque dicha situación -adujo- generaba inestabilidad institucional, a la que no era ajena siquiera la Corte Constitucional frente a la refrendación del plebiscito sobre tales acuerdos

“Estamos enfrentados a un complejo escenario de controversias, en medio de tensiones inimaginables”, advirtió de nuevo.

Sólo que las advertencias no terminaron ahí, sino que se concentraron en el contenido de los acuerdos recién firmados en Cuba, según expuso a continuación.

Acuerdos al banquillo

El acuerdo sobre desarrollo rural integral, en primer término, trascendía dicho propósito, que en principio debía limitarse a asuntos como el acceso y la distribución de la tierra, al extenderse hasta el ordenamiento territorial, la planificación, las relaciones entre el gobierno central y las autoridades regionales, la democracia local, etc.

Ahí se les daba prioridad, además, a pequeñas unidades de producción agropecuaria, con los correspondientes subsidios a cuestas, en contravía de los avances mundiales hacia la gran producción en virtud de los últimos avances tecnológicos.

“Se va, pues, mucho más allá del objetivo propuesto, incursionando en muchos otros aspectos, lo cual generará múltiples tensiones”, aseguró.

Y en cuanto a la participación política de la guerrilla, ni se diga. Porque fuera del hecho absurdo y traumático -recordó- de llevar a las personas que cometieron delitos de lesa humanidad a las corporaciones públicas, no a la cárcel, con miras a tomarse el poder del Estado, estaban las dificultades que esto representaría, en medio de conflictos, al resto de organizaciones partidistas.

¿Qué decir, a su vez, sobre lo relacionado con el narcotráfico y, en general, la lucha contra las drogas? ¿Se deja a un lado -preguntó, sorprendido- el principio de responsabilidad compartida que Colombia ha promovido, con tanto éxito, a nivel internacional? ¿Y qué era eso de centrarse en el aspecto del consumo, al que se vinculan los no menos complejos y polémicos de legalización, descriminalización y salud pública, “que tampoco son nuevos”?

Al respecto, subrayó que debían fortalecerse, por el contrario, la responsabilidad compartida y el enfoque integral, en lugar de seguir el camino tortuoso que habíamos tomado.

Por último, estaba el controvertido blindaje de los acuerdos, “lo que más me indigna -declaró- por estar jugando con el derecho nacional e internacional para darle seguridad jurídica a lo acordado”.

¿Cómo va a ser posible -interrogó de nuevo- que esto forme parte de nuestra Constitución? ¿Que los acuerdos en cuestión se presenten ahora como acuerdos especiales humanitarios, cuando no pueden serlo, ni pueden disfrazarse para engañar al país y al mundo? ¿Que dieran al traste, en consecuencia, con el derecho internacional humanitario y con el orden jurídico nacional, incluyéndolos en el llamado bloque de constitucionalidad?

En tales circunstancias -sostuvo-, el cacareado depósito en Suiza resulta poco menos que un chiste, pues el acuerdo con las Farc no era un tratado, ni nada parecido.

“Todo esto es indignante”, recalcó.

“Nueva Constituyente en Cuba”

Sobre la refrendación del plebiscito, se declaró a la espera del fallo de la Corte Constitucional, aunque anotó que lo más conveniente, entre las formas de participación popular contempladas en la Carta Magna, lo más conveniente sería el referendo (que finalmente se llevó a cabo, apoyando estas tesis en contra del gobierno Santos) aunque tuviera dificultades prácticas para su aplicación, como sucedió con el de Uribe debido a su votación en bloque por ser multitemático.

“Si es una sola pregunta, no tendrá legitimidad, ni sostenibilidad, ni nos dará estabilidad institucional”, advirtió una vez más, tras insistir en que “esto es fundamental para el porvenir de la nación”.

“No sé cuál sea el fallo, pero habría que pensar en reformar la Corte si trasciende la interpretación de la Constitución y le da alcances de tratado a un acuerdo que no lo es”, sentenció.

Habló, en fin, de una nueva Constitución, promulgada por “la Constituyente de 2016 en Cuba”, hecha a la medida de las Farc, según sus requerimientos. “Lo único que les importa es que el traje le quede bien confeccionado a la guerrilla”, planteó con ironía y en tono enérgico.

En cuanto al respaldo internacional al proceso de paz, lo calificó de “show” mediático, donde el país abandonó su tradición en defensa de la soberanía nacional mientras demás países, por lo general, apoyaban tales procesos como un reflejo condicionado, cuando no era que tal actitud los favorecía por hechos de coyuntura (a Estados Unidos y la ONU, por ejemplo).

“Esto forma parte del paisaje global”, comentó.

Y hay que abrir muy bien los ojos -dijo- ante lo que se nos viene encima: zonas de concentración de la guerrilla, bloque de constitucionalidad, Farc en la política, relación entre jurisdicción ordinaria y jurisdicción especial, Tribunal para la paz…, con la mirada puesta en futuros procesos electorales.

“Definitivamente ya está en campaña”, comentó alguien entre el público, en medio de aplausos.

(*) Escritor y periodista. Ex director del diario “La República y Magister en Ciencia Política de la Universidad Javeriana