25 de enero de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Aprovechen, Alcaldes

19 de enero de 2021
Por Claudio Ochoa
Por Claudio Ochoa
19 de enero de 2021

El huracán que está aplanchando al país por la invasión del virus chino, ha llevado a la descongestión temporal de muchas ciudades, que apreciamos menos toscas, dignas de disfrutar en algunos sectores  tradicionalmente mugrosos, con menos motos, bicicletas y vehículos, menos fogones grasosos callejeros, menos vendedores ambulantes desordenados, acaso menos notorios los ladrones,  menos empaques de papas fritas y demás chatarras volando  o taponando desagües.

En Bogotá, la carrera séptima, cuya peatonalización en este tramo urbano demoró 5 años, 3 de los cuales de reconocido retraso, tuvo en jaque durante este tiempo a los comerciantes de nuestra antigua calle real y fastidiando a los peatones por la acumulación de desechos y porquerías a lo largo de la vía. Por fin, el año pasado la peatonalización fue entregada y  el gobierno distrital inició diálogos con más de 1.600 vendedores ambulantes registrados en esta parte bogotana.

Hoy, la nueva peatonal luce acogedora y limpia, pero comienza a ser retomada por el comercio informal, y de no organizarlo ya, correremos el riesgo de volver a ver muy pronto la fritanga en pleno cocimiento, las ventas de contrabandos chinos, los malabaristas, los cantantes y bailadores callejeros, la vía de nuevo mugrienta y seguramente rota, perdiéndose el esfuerzo y regresando a lo de antes. Bien sabemos que cuando la autoridad se deja tomar la delantera, difícilmente retoma el orden, ni el medio orden.  Ya toca actuar, aprovechar que la ciudad tiene menos habitantes en sus calles, y a manera de piloto adelantar la idea que la alcaldesa Claudia López tiene para fines de año: cobrar por el uso del espacio público,  para uniformar a los ambulantes, organizarlos, mejorar su trabajo. Ahora que hay menos gente,  ni imaginar una vez merme o sea controlado el virus, mayor invasión de rebuscadores en esta vía de la ciudad, si no actuamos ya.

Otro tema es el del parqueo vehicular en nuestras calles, fenómeno común a muchas ciudades, especialmente capitales. Estamos llenos de avisos de no parqueo, son miles y miles en Bogotá, casi todos burlados. No hay parqueaderos suficientes, son caros y para no pagar la tarifa el conductor deja su carro en cualquier calle. Las violaciones a las normas de tránsito se volvieron algo común y corriente, y para acabar de completar, la sentencia de la corte Constitucional obligando a la autoridad  identificar al conductor infractor, para poder multarlo. Algo imposible para la mayoría de los encargados de esta labor, que no cuentan con el equipo que les permita cumplirle a la Constitucional.  Un nuevo estímulo para más burlas y más impunidad. Es el momento para comenzar a solucionar  el problema, exceso vehicular y las calles taponadas. Otra idea de la alcaldesa que iniciaría a fines de este año, cobrar por el parqueo en las calles, algo que podría desestimular el uso de carros o cuando menos organizar verdaderas zonas de parqueo, que eviten congestiones en muchísimas vías. Toca ya iniciar esta idea, y con el dinero conseguido construir edificios de parqueos, a la vez estimular el ingreso de capital privado para esas construcciones.

La pandemia ha disparado el uso de la bicicleta, a la vez que cientos de ciclistas transitan a diario en el mayor desorden, en contravía, sobre los andenes, sin portar la señalización propia. Está bien, es una forma de evitar contaminarse, pero con más accidentes, más heridos, más incomodidad. También es el momento para educar y a la vez sancionar a los infractores. Más y mejor personal para el control de tránsito, educación a los ciclistas, podrían financiarse a través de fondos de seguridad vial, recursos de la alcaldía y de los fabricantes, importadores y vendedores de bicicletas. En cuanto retornen quienes están de vacaciones y muchos estudiantes, reaparecerá con más fuerza la oleadas de ciclistas, y el problema crecerá y crecerá, volviéndose más difícil, casi imposible, su control. Bueno, y en el desorden faltaba mencionar las motos y tricimotos. También toca ya.

Tres acciones que centren buena parte del trabajo de nuestra alcaldesa, que harán menos difícil vivir acá, al menos en las calles. Cientos de oportunidades de empleo: los trabajadores que comenzarán a lograr el uso adecuado del espacio público, los que controlarán las zonas de parqueo (muchos de los cuales experimentados informales que están haciendo esta tarea, por siempre) y los nuevos agentes de tránsito contratados. Personas que a la vez  podrán contribuir a la seguridad de la ciudad, unos auxiliares de la Policía.

Son estas algunas acciones que deben llevarse a cabo en una ciudad como Bogotá, y así hay decenas de poblaciones en el país, que cada vez son más desordenadas, algo incontrolable, cada vez peor. Que afecta mucho la actitud diaria personal y colectiva, la producción y el empleo, la vida familiar. Esto contribuirá a recuperar el ánimo,  en medio de la inacción en estos gobiernos, que acosados por las migraciones, el desempleo, las pandemias de la corrupción y del virus chino, las manifestaciones callejeras, que ya volverán. En su acción no pasan del  sobrevivir y sostener a una burocracia perezosa, con frecuencia. Pocas acciones, mucha rutina.

Que el virus chino no solo sea desgracia y sirva para algo. Los alcaldes deben aprovechar el momento de descongestión en la calle, para intentar su rescate al servicio del ciudadano, como corazón que es de toda ciudad, como son las venas al cuerpo humano. Gánense a la gente, con hechos que los motiven.