25 de enero de 2022
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«Sí, Virginia, Santa Claus existe”

16 de diciembre de 2020
Por Fernando Escobar Giraldo
Por Fernando Escobar Giraldo
16 de diciembre de 2020

Con seguridad, se han hecho muchas traducciones al Español de éste, uno de los escritos más significativos acerca de Papá Noel o Santa Claus. Pero, por si usted lector, no conoce la historia, me he dado a la tarea de traducirla. Compártala con sus hijos o nietos. Es un bonito mensaje navideño. Y al final, una declaración que puede ser también la suya. Aquí van:

Virginia O’Hanlon, de ocho años de edad, escribió una carta al editor del New York’s Sun, y la rápida respuesta se imprimió como un editorial sin firmar el 21 de septiembre de 1897. El trabajo del veterano periodista Francis Pharcellus Church se ha convertido en el editorial más reimpreso de la historia, apareciendo en parte o en su totalidad en docenas de idiomas en libros, películas y otros editoriales, y en carteles y sellos 

EL EDITORIAL 

Tengo 8 años.

Algunos de mis amiguitos dicen que no existe Santa Claus.

Papá dice: «Si lo ves en The Sun, sí existe«.

Por favor, dime la verdad; ¿Existe un Santa Claus? 

VIRGINIA O’HANLON.

115 OESTE DE LA CALLE 95. 

VIRGINIA, tus amiguitos se equivocan. Han sido afectados por el escepticismo de una época escéptica. No creen, excepto lo que ven. Piensan que no hay nada que no sea comprensible para sus pequeñas mentes. Todas las mentes, Virginia, ya sean de hombres o de niños, son pequeñas. En este gran universo nuestro, el hombre es un mero insecto, una hormiga, en su intelecto, comparado con el mundo ilimitado que le rodea, medido por la inteligencia capaz de captar toda la verdad y el conocimiento. 

, VIRGINIA, existe un Santa Claus. Existe tan ciertamente como el amor, la generosidad y la devoción, y sabes que abundan y dan a tu vida su mayor belleza y alegría. ¡Ay! Qué triste sería el mundo si no existiera Santa Claus. Sería tan aburrido como si no hubiera VIRGINIAS. No habría una fe infantil, ni poesía, ni romance para hacer tolerable esta existencia. Tan solo disfrutaríamos lo que nos llega a través de los sentidos y de la vista. La luz eterna con la que la infancia llena el mundo se extinguiría. 

No creer en Santa Claus! ¡Es como no creer en las hadas! Podrías hacer que tu padre contratara hombres para vigilar las chimeneas en Nochebuena para atrapar a Papá Noel, pero aunque no vieran a Papá Noel bajar, ¿qué probaría eso? Nadie ve a Santa Claus, pero esa no es una señal de que no existe. Las cosas mas reales del mundo son las que ni los niños ni los hombres pueden ver. ¿Alguna vez viste hadas bailando en el césped? Por supuesto que no, pero eso no prueba que no estén allí. Nadie puede concebir o imaginar todas las maravillas que no son visibles o no se ven en el mundo. 

Puedes destrozar el sonajero del bebé y ver lo que hace el ruido en su interior, pero hay un velo que cubre el mundo invisible que ni el hombre más fuerte, ni siquiera la fuerza unida de todos los hombres más fuertes que han vivido, podría destrozar. Sólo la fe, la fantasía, la poesía, el amor, el romance, pueden hacer a un lado esa cortina y ver e imaginar la belleza y la gloria suprema del mas allá. ¿Qué si es real? Ah, VIRGINIA, en todo este mundo no hay nada más real y duradero. 

¿Qué no existe Santa Claus? ¡Gracias a Dios! Él vive, y vive para siempre. Dentro de mil años, Virginia, no, diez veces diez mil años a partir de ahora, seguirá alegrando el corazón de la infancia. 

Hasta aquí el editorial de The Sun.

Deseo a quienes nos acompañan en estos escritos cada semana a través de Eje 21, unos días de Navidad llenos de regocijo, con muchas medidas de seguridad y con muchísima reflexión.

Quizás algunos de ustedes compartan y deseen hacer suya esta que es …

MI DECLARACION DE ETERNA GRATITUD

En esta época linda de Navidad que nos invita a reflexionar, me he puesto a analizar cuales son los mejores regalos que he recibido en mis años de vida. Y me doy cuenta que, sin lugar a dudas, me los ha dado Dios. Si alguien reclama algún mérito por ciertos buenos regalos que he recibido, es porque Dios lo (la)  puso en mi camino. 

Desde antes de nacer, Dios me regaló unos padres maravillosos. Poco después, dos hermanos excepcionales. Además, inteligencia y educación con maestros comprometidos. Una esposa sin igual, mi mejor compañía, casi que mi otro yo. Y a través de ella, una segunda maravillosa familia. Dos hijos que me llenan de orgullo. Un bello paquete de sobrinos, tíos, primos y cuñados(as). Un reducido pero excelente ramillete de buenos amigos. Trabajo para poder subsistir. Salud. 

Y en la plenitud de mi vida, Dios me demuestra que estoy entre sus consentidos, otorgándome el Premio Mayor, mis nietos amados. 

Como no querer, respetar, adorar, seguir las leyes de ese Ser en el que creo, al que valoro y a quién tengo tanto que agradecer.