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Por Gonzalo Duque Navidad y Año Nuevo, en el punto de quiebre

30 de diciembre de 2020
30 de diciembre de 2020

Por: Gonzalo Duque Escobar*

RESUMEN: Colombia, que estará cerrando el año 2020, en el que se juntaron una emergencia sanitaria sin precedentes que también sorprendió al mundo y una ola de protestas en las que los ciudadanos exigían mayores beneficios sociales y reformas profundas, pasa con cerca de cuatro decenas de miles de víctimas mortales del coronavirus y con millones de pobres más que en 2019, a enfrentar la vacunación y la crisis económica como retos para el 2021.

Pese al surgimiento de la variante británica del coronavirus detectada ya en varios países europeos, gracias al inicio de los procesos de vacunación como un hecho que alienta la esperanza, creemos que lo peor de la actual crisis ha pasado, dejando no sólo lecciones de humanidad y destapando varias problemáticas globales de diferente naturaleza asociadas al modelo de desarrollo que agobian a nuestra sociedad, sino también fortaleciendo un espíritu cívico durante la crisis en todos los rincones del planeta.

El tema del año 2020, en el que ha habido que prescindir de muchas cosas, ha sido la pandemia del coronavirus, por tratarse de un hecho mundial con enormes impactos sociales, económicos y ambientales, que además de frustrar planes y destruir sueños individuales y colectivos, ha minado el empleo y producido cambios en casi todas las actividades humanas, sobre todo en las del segundo y tercer sector de la economía, dada la suspensión por lo menos parcial del aparato productivo, propiciando un cambio estructural regresivo hacia la reprimarización de las economías en países en desarrollo.

Esta Navidad y Año Nuevo, como celebración familiar y oportunidad de estar con aquellos que no hemos podido ver en todo el año, aunque hemos querido que sean para estar cerca de los nuestros, son diferentes: obligados a protegernos con el confinamiento estricto, muchas personas mayores y enfermos están limitados a quedarse aislados de amigos y familiares, soportando las imposiciones de la pandemia buscando protegerse del virus; para ellos recordemos la importancia de la bioseguridad buscando que no corran la suerte de quienes han perdido la batalla contra la enfermedad.

Aún queda un largo y arduo camino por recorrer, con la tarea de esperar con sensatez y paciencia, y de colaborar con sentido cívico para superar esta crisis entre todos, haciendo uso de un espíritu fortalecido durante la pandemia, pero también el reto de sortear otras dificultades, como la del cambio climático que aún continúa pasando factura a los pasivos ambientales, y la inequidad ahora exacerbada por el hambre y la pobreza. A pesar de que en Colombia estamos en una etapa de récords diarios de contagios, después de la tormenta que hemos padecido podemos esperar que lo urgente no nos oculte lo importante.

Para la CEPAL, las consecuencias de la pandemia serán muy diferente según el sector y tipo de empresas, el impacto será muy diferente según el caso: en empleo, América Latina y el Caribe cerrarían más de 2,7 millones de empresas formales -de las cuales 2,6 millones serían microempresas-, con una pérdida de 8,5 millones de puestos de trabajo, al tiempo que el comercio y el turismo perderán en conjunto 1,7 millones de empresas y 5 millones de puestos de trabajo. Como referente, en un balance preliminar la CEPAL prevé una contracción económica promedio de 7,7% para 2020 -la mayor en 120 años- y un rebote de 3,7% en 2021, en la región.

En esta coyuntura, aunque tarde aprendimos que se debe apoyar a las pequeñas empresas obligadas a cerrar y a quienes pierden el empleo. Ahora, en el caso colombiano donde la economía en el segundo trimestre del año había registrado el histórico desplome del 15,8 % y en el tercer trimestre pasó a una caída del PIB del 9 %, gracias a una tenue recuperación del aparato productivo relacionado con el levantamiento de cuarentenas sectorizadas en las grandes urbes, según varias estimaciones para este año la expectativa neta de empleo se sitúa en 5% y se prevé una caída del PIB del 5,5%.

Si en América Latina y el Caribe la contracción del PIB del 5,3% en 2020 será la más grande desde 1930, con fuertes repercusiones en el trabajo, la pobreza y la desigualdad, ya que se prevé un desempleo que pasaría del 8,1% al 11,5%, equivalente a la pérdida de 28,7 millones de puestos de trabajo adicionales entre 2019 y 2020, y un incremento de la pobreza del 4,4%, la política fiscal se convierte en una herramienta fundamental para enfrentar la crisis. Siendo así, para el caso colombiano gravitarían las dificultades macroeconómicas de déficit persistente y aumento de la deuda pública, para impulsar medidas precisas y oportunas.

* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia http://godues.webs.com [Ref.: La patria. Manizales 2020-12-28] Imagen, en www.freepik.es