18 de enero de 2022
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La vacuna, a la mano.

13 de diciembre de 2020
Por Eduardo Aristizábal P.
Por Eduardo Aristizábal P.
13 de diciembre de 2020

Los estudios sobre los derechos reconocidos en la Constitución Política de Colombia abundan, pero no, los relacionados con los deberes fijados en la misma Carta.

El sistema de derechos y deberes constitucionales se estructura alrededor de dos principios, el que indica que el ejercicio de todo derecho implica deberes y el de reciprocidad, que impone la mutua participación del Estado y la sociedad.

Nuestra Constitución Política al referirse a los deberes y obligaciones de las personas y de los ciudadanos los establece claramente en su articulo 95, pero de los 8 numerales, solamente nos vamos a referirnos a tres, que son la base de nuestro tema de hoy.

Artículo 95. La calidad de colombiano enaltece a todos los miembros de la comunidad nacional. Todos están en el deber de engrandecerla y dignificarla. El ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en esta Constitución implica responsabilidades. Toda persona está obligada a cumplir la Constitución y las leyes. Son deberes de la persona y del ciudadano:

1. Respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios.


  1. Obrar conforme al principio de solidaridad social, respondiendo con acciones humanitarias ante situaciones que pongan en peligro la vida o la salud de las personas.

    8.Proteger los recursos culturales y naturales del país y velar por la conservación de un ambiente sano.

Pocos renglones son claros y suficientes para demostrar sin dejar la más mínima duda, la permanente violación de las normas de un exagerado número de irresponsables ciudadanos, en estos meses de delicada situación irregular como consecuencia de la aparición del coronavirus.

Y si esas personas no conocen o no respetan unos mandatos obvios, claros y sencillos, debe ser muy difícil creer que puedan aplicar al menos el sentido común, de protegernos y proteger a los demás.

Tenemos que aceptar y entender que estamos en una pandemia, que es palabra mayúscula y que nos tenemos que olvidar, por ahora, de ciertas costumbres, aplazarlas.

Ningún gobierno podrá controlar efectivamente la situación por más decisión que tenga, si los ciudadanos no cumplimos con nuestros elementales deberes que son de obligatorio cumplimiento, valga la redundancia.

Tenemos la vacuna a la mano:

Usar mascarilla que tape nariz y boca.

Lavado permanente de manos.

Guardar la debida distancia de los demás

Y no salir, si no es estrictamente necesario.

En la mayoría de ciudades grandes e intermedias, especialmente, los sectores comerciales permanecen congestionados, sin ningún respeto a la distancia, sin mascarilla o con ella en el cuello, o la nariz destapada.

Y más grave aún cuando en algunos sectores, los comerciantes también hacen caso omiso a las indicaciones oficiales de las autoridades violando los sencillos protocolos claramente establecidos para la protección de todos.

Sin olvidar las fiestas familiares con número elevado de invitados y las farras programadas en sitios campestres de las localidades, que ya son el pan de cada día.

Estamos en una época de autocontrol; más que pedirle al Estado que lo haga, sin que tampoco vaya a renunciar a hacerlo, pero somos los ciudadanos quienes más podemos aportar a disminuir las mortales consecuencia de la aparición del conocido virus.

Hagamos campañas con quienes son las personas más cercanas en nuestra actividad personal, laboral o académica:

Use mascarilla y cúbrase completamente nariz y boca.

Lávese las manos con frecuencia

Guarde la distancia

Y no salga, si no es necesario.