26 de julio de 2021
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La RAP. ¿Un espejismo? (3)

25 de diciembre de 2020
Por Mario De la Calle Lombana
Por Mario De la Calle Lombana
25 de diciembre de 2020

Antes de entrar en materia, desearía comentar una buena noticia que leí una de estas noches en el letrerito móvil que ponen a veces en la última línea de las pantallas del televisor: se informaba que fueron demolidos los «policías acostados» que había en cercanías del peaje de Cerritos en la carretera Pereira−Cartago. Bienvenido este rasgo de sensatez de las autoridades pereiranas. Los reductores de velocidad de ese tipo son una agresión que se instala con la idea de controlar a los malos conductores, pero terminan castigando a los ciudadanos disciplinados que sí atendemos las normas de tránsito. Como se pudo ver en las transmisiones por televisión de la Vuelta a Colombia y del Clásico RCN hace pocas semanas, las carreteras de Caldas y Risaralda que quedaron incluidas en las rutas de esos eventos, son un insufrible reguero de tales obstáculos. En plena era de la tecnología, de las cámaras de seguridad y de las foto-multas, continuar utilizando este rudimentario método de control que tanto gusta a nuestros alcaldes, es una verdadera vergüenza.

Y, ahora sí, vamos al tema central de este escrito. Si, como ha quedado establecido en mi columna anterior, la RAP no es un espejismo para Pereira, es claro que para Caldas, y especialmente para Manizales, sí lo es. No se trata de oponerse a esa idea porque sí. Un convenio de esa índole, si es sincero, si está orientado al desarrollo general, armónico y equitativo de las secciones que lo establecen, si ninguna de sus partes busca la hegemonía sobre las demás, puede conducir a grandes cosas. Lo que pasa es que a Pereira no es tan fácil creerle. Uno podría hasta olvidar los antecedentes que traje a cuento en la primera columna de esta serie y aceptar que esos eran otros tiempos, que la juventud actual del viejo Caldas ha cambiado y que todos somos como hermanitos en busca del bienestar general. Pero, ¿cómo desconocer las actitudes actuales? La insistencia obsesiva y casi rabiosa del alcalde de Pereira en incluir contra toda norma de cortesía, en el membrete del papel oficial de su ciudad, su odioso lema sobre la capital del eje, ¿no es actual, omnipresente y continuada? La jugadita de ofrecer a Manizales “apoyo al Aeropuerto del Café” y buscar a cambio convertirse en la sede única del gran hospital de cuarto nivel, ¿no indica nada? Contentar a Armenia con el confite de ayudarle a desarrollar el turismo, cuando, como afirmé, esa es en realidad la zona de mayor desarrollo turístico de la región, que se ha convertido en el segundo o tercer destino nacional, casi tan importante como Cartagena y Bogotá, ¿no denota, al menos, mala leche? Caldas tiene que pensar en un desarrollo vial que nunca se ha podido lograr, siquiera a la altura del que sí han obtenido con creces Risaralda y el Quindío. Tenemos un «lejano oriente» con puerto sobre el Río Magdalena, importantísimo para el desarrollo de un nodo multimodal para el que se necesita apoyo real. ¿Nos va a ayudar Risaralda con ese emprendimiento, o tratará de que se levante más bien en la Virginia, en las goteras de la Perla del Otún? ¿Ayudarán Pereira y Armenia a que los extremos de Caldas, el oriente, el alto occidente y el norte distante, tengan también magníficas vías hacia su capital, como las que tienen ambas hacia todas sus regiones? ¿Hará Pereira algún esfuerzo para que se construya una variante para facilitar a los manizaleños el acceso al corredor vial Buenaventura-Bogotá, o preferirán que el caótico tráfico de Pereira y Dosquebradas se siga interponiendo en el camino, dejándonos como única alternativa utilizar, cuando funciona, esa especie de carrera con obstáculos en que se ha convertido el tramo La Romelia-El Pollo? Porque la RAP podría participar en los estudios que deberían hacerse para definir si es viable llegar al mencionado corredor por detrás del estadio de Santa Rosa, si se traza una doble calzada desde allí hasta el puente del Río Barbas, sobre la autopista de Pereira a Armenia.

En lugar de todo eso, nos dan palmaditas de ánimo en la espalda, en favor de Aeropalestina, palmaditas que no les cuestan nada, cuando lo que sí sabemos (pregúntenle a un experto en la materia, el Ingeniero Gonzalo Duque Escobar) es que ese aeropuerto podría ─y debería─ levantarse por cuenta de privados que se aprovecharían del negocio, si es que realmente resulta viable.

Caldas desarrolló a principios del siglo XX una obra maravillosa: trepar por nuestras majestuosas montañas un ferrocarril hasta el propio centro de Manizales. Sistema que se complementaba con el cable aéreo más largo del mundo, que unía a Manizales con Mariquita en el Tolima. No vale la pena relatar de nuevo la historia de la desaparición de nuestro ferrocarril. Pero sí valdría la pena preguntarse: ¿si eventualmente Colombia recuperase su red férrea, lograría algún día Manizales el apoyo de la RAP, y especialmente de Pereira, para volver a conectarse a dicha red, que tan importante sería para nosotros en términos de conectividad y de competitividad? Por supuesto, el tren ya no llegaría a la antigua estación sino, posiblemente, a las cercanías de La Francia o Morrogacho. Pero nos uniría al sistema.

Esas son algunas de mis utopías. Vistas de manera desprevenida, parece ciertamente imposible lograr esos desarrollos. Pero por menos de eso, no se justificaría sacrificar los ingresos de las regalías que va a recibir el departamento de Caldas durante años, para que se vayan a fortalecer el progreso de Pereira.

Ese progreso, ese extraordinario desarrollo, está garantizado. Cuenta Pereira con su ubicación equidistante entre Armenia y Manizales, y con la buena fama que se han sabido crear durante tantos años. Pretender oponerse a ello sería una simple tontería. Pero pretender que, si somos región, nos aprovechemos todos del progreso, y no una sola ciudad, puede ser utópico, por estar Pereira de por medio con su plan de acapararlo todo, pero es una aspiración legítima de Manizales y de Armenia. Y de Ibagué, si el Tolima Ingresa a la RAP. Legítima, y absolutamente justa.