26 de julio de 2021
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La RAP, ¿un espejismo? (2)

17 de diciembre de 2020
Por Mario De la Calle Lombana
Por Mario De la Calle Lombana
17 de diciembre de 2020

Va siendo hora de contestar la pregunta que ha servido de título, tanto a mi anterior columna como a esta: ¿Es la RAP un espejismo? Evidentemente, para Pereira no lo es. Han manejado muy bien sus proyectos y cada vez logran aumentar el poder de su ciudad en la región y restar importancia a las otras dos capitales. En los primeros acuerdos lograron, cañando con par jotas, una primera baza de antología. Así lo anotaba la sección Política con pimienta de EJE 21 hace casi un año, el pasado 22 de febrero, cuando en un artículo que llevaba por título «Ex “departamento modelo” ¿tributario de Pereira?», afirmaba: «Desde hace unos años, cuando por la emisora Cañarte acuñaron y empezaron a repetir el lema “Pereira, capital del eje”, los dirigentes pereiranos nos avisaron que era detrás de eso que andaban. No les bastaba haberse separado de Caldas: la meta era convertir todo el territorio del ex departamento modelo en tributario de Pereira (…). La famosa RAP, por ejemplo, que con tanto entusiasmo ha sido acogida por el anterior gobernador de Caldas y también por el nuevo, dizque tiene por ahora tres metas regionales de importancia: el aeropuerto en Palestina, el respaldo al desarrollo turístico del Quindío y la lucha por un hospital de cuarto nivel “para el eje cafetero” (SIC). Tenía razón el columnista de Política con pimienta al mostrar su gran escepticismo frente a la inequidad de ese convenio. Los dirigentes pereiranos, conscientes del inmenso anhelo de sus homólogos manizaleños que hoy detentan el poder, de conseguir que se construya el aeropuerto de Palestina, hicieron una oferta que sabían que les sería arrancada de las manos sin vacilación ninguna: «Nosotros apoyamos vuestro aeropuerto y vosotros apoyáis nuestro megahospital». Ofrecían apoyo, no aporte: de las tres propuestas, el hospital es la única que significa transferencias de fondos.  De Caldas hacia Pereira y del Quindío hacia Pereira, que conste. Dicho y hecho, pacto firmado.

 

Es muy claro: para los dirigentes manizaleños empeñados en sacar adelante el llamado Aeropuerto del Café, cualquier apoyo a ese proyecto resultaba altamente deseable. Pero no se dieron cuenta de que, a cambio, estaban apoyando, y respaldando económicamente, con buena parte de los recursos de las futuras regalías, entregadas a cambio de un plato de lentejas, la concentración en un solo sitio de la gran inversión que requiere el sistema de salud de la región. Olvidaron, al menos, que ese apoyo no iba en realidad a aumentar las posibilidades reales de construcción del nuevo aeropuerto, y también, que esa construcción resultaba indiferente para los pereiranos porque, así se llevara a cabo, no afectaría para nada la gran importancia de Matecaña como el primer aeropuerto de la región y uno de los primeros del país, importancia que no sufrirá ninguna mengua. Entonces, si esa voz de apoyo no iba a cambiar nada en cuanto a la posibilidad de construcción de la obra y si, además, el que se construyera o no, no iba tampoco a afectar la posición dominante de Pereira en el desarrollo aeronáutico de la región, la oferta era un discurso vacío. No les significaba nada, ni los comprometía a poner dinero.

 

 

 

Según me explicó un médico amigo mío, un hospital de cuarto nivel es uno que tiene salas de cuidados intensivos (UCI), con médicos especialistas en todas las especialidades y en varias subespecialidades, y con servicios hospitalarios a todos los niveles. Y esto, las 24 horas del día. Según eso, lo que realmente se necesitaría no sería tanto una inmensa infraestructura nueva, que es lo que se ve que desean los dirigentes pereiranos cuando promueven el proyecto. La solución parecería más bien un asunto de nómina y equipos que de arquitectura. La inversión necesaria para construir el megahospital con el que parecen soñar en Pereira, y que tendría como origen, como ya dije, las regalías que habrán de recibir los tres departamentos, resultaría mucho mejor invertida si, definidas las nuevas especialidades que hacen falta en la región, su instalación se repartiera igualitariamente a cada uno de los tres hospitales públicos más importantes, uno en Risaralda uno en el Quindío y uno en Caldas. Sería más eficiente y, por supuesto, mucho más justo. No tendríamos la situación en la que Pereira tenga todo para ofrecer y a Caldas y al Quindío solo les quede resignarse a movilizar hacia esa ciudad a todos sus enfermos de alta complejidad. Obviamente, en cada uno de esos tres hospitales habría que hacer adecuaciones y ampliaciones. Pero a un costo mucho menor que el que significa olvidar las infraestructuras ya existentes y partir de cero para replicar en Pereira algo así como la Clínica de Mayo. Y habrá más dinero para los nuevos equipos, necesarios para atender las nuevas especialidades que se ofrecerán en cada ciudad. Se atendería en cada una, en promedio, la tercera parte de sus enfermos más graves. Y los gastos de nómina irrigarían los tres sistemas de manera equitativa, sin que el beneficio económico sea solo para uno de ellos. Si el Tolima ingresara a la RAP en igualdad de condiciones, los números variarían, pero el concepto general de igualdad, equidad y justicia seguiría siendo válido.

 

Lo definido hasta ahora consiste en que los recursos que se van a destinar al gran proyecto se obtendrán con base en las futuras regalías de los tres departamentos, para invertirlos en uno solo de ellos, Risaralda. Al final todo el territorio de Caldas y el del Quindío serán aún más tributarios de Pereira, como ya lo son, por obvias razones, los municipios de Risaralda.

 

Soy consciente de que tal vez esa decisión ya es irreversible. Pero nada se pierde con darle una segunda mirada. ¿Podrá la RAP cambiar esa idea tan discriminatoria y pensar en el progreso armónico de todas sus secciones? Lo dudo, pero soñar no cuesta nada. En todo caso, si como esta primera jugadita van a ser todos los acuerdos y planes futuros de la RAP, nada bueno podemos esperar los caldenses de esta aventura.

 

Lo que no logro entender es el papel del Quindío en esta empresa. Para obtener el apoyo de ese departamento a la magna obra de los pereiranos, lo único que se les ofreció fue «el respaldo al desarrollo turístico del Quindío». Es decir, ayudar a los quindianos a lograr algo que ya han obtenido hace mucho tiempo, ya que ellos sí supieron subirse de manera oportuna al tren del «paisaje cultural cafetero».

 

Resultan casi cínicas las palabras del señor Gobernador de Risaralda, doctor Víctor Manuel Tamayo en entrevista concedida al señor Iván Darío Góez, periodista de este diario, cuando con posterioridad a la ceremonia de posesión del nuevo gerente de la RAP que se llevó a cabo en Armenia y a la cual asistieron los tres gobernadores, afirmó: «(…) y sin lugar a dudas, vamos a acompañar con todo el esfuerzo y dedicación a nuestro compañero del Quindío el doctor Roberto Jairo, en el fortalecimiento turístico; aquí nos interesa que lleguen turistas a Pereira, a Manizales, pero que se desplacen también al Quindío, en el entendido de que somos una misma familia». Cualquiera que lea esa declaración y desconozca la realidad, se formará la idea de que el turismo llega principalmente a Pereira y a Manizales, y que solo ocasionalmente algún turista medio perdido se deja caer por los lados de Armenia. Y que, entonces, los dirigentes de Caldas y Risaralda, compasivamente, van a hacer lo posible porque algunos de esos viajeros lleguen un poco más al sur. Pero es todo lo contrario: los turistas que llegan a la región buscan principalmente el núcleo Armenia-Salento Filandia e intermedias, incluidos los parques temáticos. Pasan por Pereira, principalmente porque a Matecaña hay mucha mayor oferta aérea que a El Edén; y, en general, ni siquiera piensan en llegar hasta Manizales. ¿Por qué aceptaron los dirigentes quindianos, como compensación a su apoyo a Pereira, semejante declaración tan contraevidente?