18 de enero de 2022
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La ideología de centro es la alternativa en las próximas elecciones presidenciales

23 de diciembre de 2020
Por Clara Inés Chaves Romero
Por Clara Inés Chaves Romero
23 de diciembre de 2020

En los últimos años en el contexto internacional y más con la pandemia del Covid-19 se han ido perfilando los extremos ideológicos en la política, así como los populismos los cuales han fatigado no solo la política internacional sino la interna en cada país.

Por lo anterior se comienza a gestar una necesidad de encontrar un centro que le brinde a cada país alternativas distintas que no sean el odio, los extremos, la demagogia y el populismo.

En el caso de Colombia, ya nos encontramos en la etapa preelectoral y la extrema derecha enfila baterías para decir que si no votan por ellos Colombia será una segunda Venezuela, discurso por cierto absurdo, ridículo y pasado de moda, que ya nadie se lo cree.

Por su parte la extrema izquierda pretende disfrazarse como de centro para borrar el pánico que unos le tienen al socialismo o al comunismo; claro, muchos ni saben lo que estos términos significan, pero el peligro de que el capitalismo se fracture cobra fuerza.

La única realidad es que en Colombia en las últimas décadas no existen los partidos políticos y mucho menos la disciplina dentro de ellos. Los políticos pasan olímpicamente de partido en partido. Los que se dijeron demócratas y liberales en un principio ahora son de la extrema derecha. Algunos de los exguerrilleros del M19 militan en el Centro Democrático. Otros que se dijeron liberales o conservadores van a la extrema izquierda. Es decir, todos pescan para ver cuál es el árbol que más les de sombra y beneficios personales y gamonalistas para sus propios intereses y jamás para el beneficio del país.

Lo cierto es que en Colombia la mayoría es de una ideología de centro, y es el centro el que le ha dado el triunfo al Centro Democrático.

Al Centro le han faltado figuras importantes y organización. Se ha comido el sapo de las noticias falsas y la desinformación que el Centro Democrático ha venido manejando y que pone de plato principal para llenar de terror a la población con el cuento del Castrochavismo.

No hemos tenido un centro educado con carácter que pueda desvirtuar tanta politiquería barata y dar alternativas de cambio que tanto requiere el país.

La verdad es que estamos cansados de los populismos de derecha y de izquierda que ningún bien le han hecho al país. Necesitamos nuevas figuras que  respondan a las necesidades de la juventud que cada vez menos le interesa la política y esto es un peligro para la democracia. Líderes que nos hablen con la verdad y desarrollen los territorios abandonados por el Estado durante décadas. Es decir, necesitamos un Luis Carlos Galán que responda a los desafíos que el país tiene y que tenga una visión futurista, que sepa a su vez posicionar a Colombia en el escenario internacional y que con sus ideas de avanzada pueda reconciliar el país, cimentar la paz y la cohesión social. Un líder que responda a los distintos intereses de los gremios y de los colombianos en general.

Urge que la sociedad civil tome conciencia y sepa elegir al líder de centro que genere consenso, dialogo e inclusión de todas las distintas fuerzas que representan al país.

El poder está en los ciudadanos que entiendan que la soberanía está en ellos y es a través del voto como podremos recuperar el país y sacarlo de las garras de los populismos radicales.

Es hora de darnos cuenta de que proteger los derechos humanos, afianzar la paz, la cohesión social y la equidad, luchar contra la corrupción, generar alternativas de trabajo y nuevas maneras de negociación y dialogo, cambiar el manejo de combatir el narcotráfico y sus cultivos, no son temas comunistas, sino por el contrario, liberales, demócratas, reformistas y sobre todo, que fortalecen la institucionalidad del Estado de Derecho y la imagen del país que tanto necesitamos recuperar.

Requerimos la unión de este centro y de la sociedad civil para que en las próximas elecciones se marque la diferencia y un renacer en la forma de hacer política y para devolverle a su vez, la honestidad y la credibilidad a la política y al país.

Exdiplomática y escritora (*)