23 de enero de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

C’EST FINI

31 de diciembre de 2020
Por Juan Alvaro Montoya
Por Juan Alvaro Montoya
31 de diciembre de 2020

Hoy concluye un año difícil. Con los ojos en el retrovisor formulamos un balance obligado que nos estremece. Este año finaliza con pocas alegrías, muchas tristezas y un cúmulo de emociones que nos obligan a buscar nuestras reservas de energía para vislumbrar con optimismo un futuro incierto.

El recuento trágico de este año difícilmente podría ser peor. A nivel global la pandemia de Covid acumula 82 millones de contagios y cerca de 1.8 millones de decesos con una tasa de letalidad 3.5%. Colombia es el segundo país latinoamericano con mayor nivel de infección (sólo superado por Brasil) y ha visto caer 43 mil compatriotas frente a un enemigo invisible y letal. Semejante embate de la naturaleza destruyó familias, sembró de viudas y huérfanos las ciudades, enlutó comunidades enteras y nos condujo a exclamar, como Salomón “… vanidad de vanidades, todo es vanidad”. Ante la impotencia de luchar contra los designios del creador, corrimos como Noe a nuestras arcas individuales, nos confinamos dos semanas esperando que la tempestad pasara, pero hoy, transcurridos 9 meses, permanecemos perplejos ante una tormenta que no cesa.

Pero las dificultades no solo han sido de salud pública. Las cuatro paredes que nos protegieron se convirtieron en prisiones domésticas para la mayoría de nosotros. Experimentando un distanciamiento obligado, pero necesario, vimos apagar el motor de nuestro aparato productivo. Los locales se desocuparon, los trabajos se perdieron, los ahorros se esfumaron y los sueños se desvanecieron. Mientras tanto el gobierno predicaba la ridícula fórmula de la reinvención, válida para algunos pero no para todos. Ni las salas de cine, ni los espectáculos, ni las discotecas, ni los vendedores ambulantes, ni las empleadas domésticas, ni los campesinos han podido reinventarse y muchos de ellos se han visto arrastrados a una ilegalidad impuesta para logar subsistir. Las empresas que han visto decrecer sus ventas han comparado lo sucedido con el crack de 1929.

Las cifras no mienten. A pesar de los billones de pesos que el Gobierno Nacional ha dispuesto en ayudas y subsidios, el desempleo no cede. Durante el pico de la pandemia bordeó el 20% y aunque ha retrocedido, aún se ubica en un abrumador 14.7%, lo cual comporta cuando menos 2 millones de empleos perdidos que tardarán lustros en recuperarse. Por su parte el PIB se hundió un 15.7% en abril de 2020. Aunque ha escalado 6 puntos porcentuales, aún se encuentra en niveles muy lejanos a los que solía verse antes de la pandemia. Por último, el dólar que no cede. Su cotización superó en días pasados los 4 mil pesos a pesar de que, en teoría, la reactivación esta al máximo. La tragedia del dólar afecta el bolsillo de cada colombiano que por cuenta de la divisa extranjera se ha hecho un 10% mas pobre desde inicios de 2020.

Pero no todo son malas noticias. La reserva federal de los EEUU se encuentra imprimiendo dinero a dos manos e inyectándolo a una economía norteamericana que ya parece haberse vacunado contra la inflación. Este dinero sigue una trayectoria siniestra que acrecienta la desigualdad global. Los bancos de primer piso o bancos comerciales fungen como agentes colocadores del dinero, el cual, por vía de grandes prestamistas, aprovechan las increíbles tasas de interés del 0% para especularlo en bolsa. Es dinero gratis ¡una ganga! Esto explica que mientras el mundo se hunde en la miseria y el hambre, los avaros especuladores acumulen millonarias fortunas capaces de hacer palidecer a la más selecta aristocracia de antaño. Por último las farmacéuticas están haciendo su agosto. Sus ventas estratosféricas sorprenderán a los más escépticos pues han descubierto el magnífico negocio que se hace cuando la sangre corre por las calles.

Este espacio resulta Insuficiente para considerar aspectos como la seguridad, las crisis sociales, las masacres, la polarización política, las crisis en las comunidades, y, por qué no decirlo, los logros del gobierno que deben ser reconocidos. Con todo este es un año para no olvidar. Lleno de matices, sombras, colores y formas. Unos pocos esperarán que no termine nunca, pero para nosotros, para la mayoría de a pie, solo podemos recordar con cierto entusiasmo la canción de Charles Aznavour y entonar “C’est fini, fini, fini, fini, fini, fini, fini