16 de agosto de 2022
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Alborada para el olvido 

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
2 de diciembre de 2020
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
2 de diciembre de 2020

Los tuits son botellas arrojadas al mar del infinito. A través de mi cuenta @kikirikioscar “cubrí” en directo la alborada del 30 de noviembre para mi desnutrida lista de seguidores:

Tímidamente empieza en la noche la alborada que es pólvora ventiada. Por lo pronto son tímidos voladores que parecen estornudos del cielo. (9:25 p.m.)

Los hospitales alistan gasas y demás elementos para remendar quemados que lamentarán la afición al ruido con luces que es la pólvora.

Esta noche dejaré salir el sapo que me habita: si me pillo dónde están echando pólvora los aviento. El tango de Larroca: “porque no soy delator”  no va conmigo en este caso.

Sonó una papeletica de dos pesos. Pero que te puede dejar sin mano para ponerle la mano al bus, acariciar un cachete, pasar la página de un libro, o pelar un mango.

Están tímidos para echar voladores. Al paso que vamos como que podremos roncar tranquilos. Todavía no detesto a los chinos que inventaron la pólvora.

Empezó a calentarse el parche. Las garzas blancas y los cucaracheros con los que comparto pensión están que pagan escondederos a peso.

Esto ya jodió del todo. La alborada, invento de los mafiosos para dar las gracias por los embarques coronados, está en lo mero-mero.

Hasta don Rubén Ramírez, el único polvorero que he conocido en esta encarnación, debe estar que da vueltas en la cama, desvelado en su eternidad.

Yo como que mejor me tomo un ron doble, en las rocas pero sin hielo. No hay nada que hacer. Perdimos los abstemios de pólvora.

Leo Los tres mosqueteros de Dumas. Una forma de poner a funcionar el espejo retrovisor de mis lecturas.

Hace rato empecé  a gastarme los madrazos que tenía guardados para los cacofónicos quemadores de pólvora.

A esta hora esto parece el momento en que Jesús moría en las semanas santas de san Cayetano, presididas por el párroco Hernando Barrientos Cadavid.

Chinitos, por Dios, cómo no se gastaron el ingenio en otras cosas en vez de sacar la pólvora de un sombrero. Con razón son tantos.

La pobre luna pierde su tiempo chulunguiando en el infinito. Creo que soy el único cliente en Medellín que la está mirando y admirando.

Me siento como los perros de Silva ladrándole a la luna pálida. Hasta el Twitter se sale de madre y se niega a trabajar.

Una palabra tan bella como alborada quedó sepultada en un cementerio de pólvora.

¿A quién se puede demandar por sueños eróticos perdidos? Y yo que tenía a Marilyn Monroe de candidato para mi sueño de esta noche…

Internet colapsó. “Esta página no se puede mostrar”, me notificó el cachivache que, desde mi soledad de cinco estrellas, me conecta con la aldea global.

Misión perdida. Leo algún ensayo de Montaigne, me lavo los dientes y me acuesto a no dormir. Ahí les dejo el cuero.

(Lo anterior lo escribí hace como tres años. Pero la historia se repite porque carece de imaginación. Lo dijo alguien y no fue don Rubén Ramírez, me vecino de cuadra cuando  vivíamos en Los Chorritos, en La Estrella…, a varias cuadras de la Virgen de Chiquinquirá, La Chinca, que nos debe el milagrito de desaparecer un invento esdrújulo: la pólvora).