15 de agosto de 2022
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Trump como modelo

16 de noviembre de 2020
Por Clara Inés Chaves Romero
Por Clara Inés Chaves Romero
16 de noviembre de 2020

Sin que se quiera afirmar que la policía sea la culpable de los recientes hechos relacionados con los nueve jóvenes incinerados en una estación de policía, lo que si es cierto es que no podemos afirmar que la divulgación de estos hechos sea el resultado de una campaña de desprestigio político o de otra índole. Lo que debe hacerse es  realizar una investigación para esclarecer la situación y se sancionen a los responsables.

Las elucubraciones de tipo político como las que se mencionan en esta noticia, debilitan la institucionalidad y la democracia, cuando lo que se debe es garantizar son la justicia y la transparencia.

Hemos retrocedido como sociedad a tal punto que parecería que lo único que le interesa al país son los odios, las disputas partidistas, y seguir el estilo dictatorial y al parecer poco ético del señorTrump.

Los derechos fundamentales, la vida entre ellos, son los bienes más importantes que deben preservar y respetar el Estado para el que constituye su obligación innata, y la sociedad en general.

La anestesia en la que nos encontramos y por lo que no reaccionamos es peligrosísima, pues nos convierte en una sociedad sin principios, y sin un futuro digno.

En ocasiones la sociedad consumista nos lleva a considerarnos supermanes, o a jugar a la película del oeste, y  a imitar a los líderes que con sus procedimientos poco ortodoxos  han llevado a debilitar la grandeza de la democracia que representaba la historia y la tradición en sus países. Es el caso de Trump en los Estados Unidos que no sabe perder y que, como muchos en Colombia, se apega al poder para imponer por siempre su populismo y su despotismo, a consta de acabar con la unidad nacional y con los valores que como sociedad se deben proteger por el bien del país y de su desarrollo.

La mezquindad de algunos políticos a los que les cuesta asumir su responsabilidad es abrumadora, así como su doble moral; pues por un lado hablan de democracia, del bienestar de los colombianos, de la justicia y de la seguridad entre otros temas, y por el otro, actúan como dictadores, acrecientan la inequidad social, la xenofobia, los odios, las divisiones, la inseguridad, la guerra y la injusticia.

Utilizar la democracia para querer romper la institucionalidad es maquiavélico. Lo más lamentable y preocupante es que algunas personas y unos medios de comunicación se han robotizado y han perdido el sentido del raciocinio ecuánime y del espíritu crítico, analítico, independiente y constructivo, para convertirse en transmisores de mentiras  y de polarización.

El mundo y Colombia no soportan más esta clase de políticos ni de periodistas que contribuyen con su alianza incondicional a un Leviatán, debemos recuperar la grandeza como lo decía Álvaro Gómez Hurtado, y el sentido de la dignidad.

Exdiplomática y escritora