8 de mayo de 2021
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Hernán Restrepo Duque, el gurú de la música

13 de noviembre de 2020
13 de noviembre de 2020
De izquierda a derecha Hernán Restrepo, Ofellia Peláez y Alfredo Sadel.

Por Ofelia Peláez  

El máximo investigador de la música popular en Colombia, con amplio reconocimiento internacional, se llamó Hernán Restrepo Duque. Nació en Medellín el 6 de junio de 1927 en el hogar formado por Antonio Restrepo Vásquez y Teresa Duque Santamaría. Hizo estudios en los colegios de San José y San Ignacio y de ahí pasó a trabajar en el municipio de Bello, en donde aprendió la profesión de dibujante, oficio que ejerció durante 10 años.

Inquieto desde niño por averiguar lo concerniente a la música y a los toros, empezó a escribir para diferentes medios de comunicación como los diarios El ColombianoEl DiarioEl CorreoLa Defensa y la revista Micro, de Medellín. También fue corresponsal de El Tiempo y El Espectador, ambos de Bogotá, y de las revistas Dígame y El Redondel, de España y México, respectivamente.

Su maestro y antecesor fue Heriberto Zapata Cuéncar de quien Hernán aprendió lo relacionado con la música andina del país. Visitaba con frecuencia al compositor bogotano Jorge Áñez de quien también recibió enseñanzas importantes. En 1952 empezó con el programa radial Radiolente, que transmitía la cadena Caracol, y se convirtió en el primer disc jockey del país. La cortina del programa fue hecha y cantada por su gran amigo, el argentino Mario Clavell.

En 1953 Restrepo entró a trabajar en la empresa discográfica Sonolux como Director Artístico y posteriormente, cuando dicha empresa adquirió el catálogo de la RCA Victor, fue nombrado su director. Con ese sello hizo una interesante labor al prensar discos de 78 r.p.m. en el formato de long-play rescatando viejas grabaciones y recordándole al público cantantes olvidados. A su retiro de Sonolux creó Discos Preludio y continuó su labor de rescatar la música de años atrás.

Escribió varios libros que hoy son joyas de colección:

Lo que cuentan las canciones, publicado en 1971.

La gran crónica de Julio Flórez, en 1972.

Veinte años de la Feria de Manizales, con coautoría de Ramón Ospina M., en 1973.

Tartarín Moreira, cancionero, verso y prosa, con coautoría de Miguel Escobar Calle, en 1985.

A mí cánteme un bambuco, 1986.

Las cien mejores canciones de la música colombiana y sus autores, en 1991.

Glosario de correcciones al libro Canciones y Recuerdos de Jorge Áñez, 1991.

Lo que cuentan los boleros, libro que terminó dos días antes de su fallecimiento, publicado luego en 1992.

La música popular en Colombia. En 1998 la Secretaría de Educación y Cultura de Antioquia publicó unas crónicas que recopilaron escritas por Hernán.

En 1970, cuando se supo que Agustín Lara estaba hospitalizado, el periódico El Espectador, de Bogotá, encomendó a Hernán hacer día a día una crónica sobre la vida del músico poeta. Fueron 16 crónicas bien documentadas y con esa narrativa tan especial que manejaba, hasta el fallecimiento de Lara, el 6 de noviembre de 1970.

En lo relacionado con la tauromaquia, en 1951 tuvo el honor de que su crónica taurina apareciera en el libro La fiesta nacional: libro de oro de la tauromaquia, impresión de lujo de Editorial Rex de Barcelona, España. Fue reconocido como uno de los más importantes narradores de la fiesta brava en el mundo. En 1954 con su colega Ramón Ospina, fundó un programa radial llamado Toriles, que duró 30 años.

Últimos días

En 1991 la Cadena Radial Colombiana –RCN– le encomendó escribir Las Clásicas del amor, libro que se publicó después de su fallecimiento con el título de Lo que cuentan los boleros.

El domingo 10 de noviembre su esposa, Marina Monsalve, le pidió hacer una diligencia; después de pasar la glorieta de la calle Colombia con la carrera 80, una cuadra más adelante, su vehículo chocó contra un poste de energía. Algunos vecinos lo recogieron y lo llevaron a un centro médico cercano de donde, en vista de la gravedad de las heridas, lo remitieron a la Clínica Medellín. En las horas de la tarde el parte médico fue que se salvaba.

El día siguiente, lunes 11 de noviembre, fue “el día de la fuga” para el espíritu inquieto y el alma grande, grandota, de Hernán Restrepo Duque; y digo “el día de la fuga” porque el pasillo colombiano con música del maestro Alfonso Garavito titulado así, fue su canción predilecta.

En sus conversaciones contó muchas historias, cosas que le sucedieron en su vida de privilegiado pues fueron muchos los viajes que hizo al exterior, especialmente a Argentina y a México, país este último donde contó con grandes amistades como Juan Arvizu, Consuelo Velázquez, Pedro Vargas y Mariano Rivera Conde, el máximo dirigente de la RCA Victor en ese país. También con Juan Pulido, el barítono canario que nombró legalmente a Hernán heredero de sus bienes.

En la tumba de Gardel, en el cementerio de La Chacarita, en Buenos Aires, dentro de las placas que han permitido poner de personajes famosos de talla mundial, hay una placa dedicada al Zorzal Criollo, de Hernán Restrepo Duque.

Estando en Buenos Aires, Argentina, en uno de los mercados viejos, observó una pequeña aglomeración de gente pidiendo autógrafos a alguien. Se trataba del escritor argentino Ernesto Sábato; Hernán se le acercó y le dijo: “Soy un colombiano que lo admira y me llamo Hernán Restrepo Duque”. Sábato le interrumpió: “¡Ah!, usted es el de los tangos, tomémonos un café”. Y nació una gran amistad.

Hernán puso su granito de arena como autor con el seudónimo de Álex Bonnet, que nunca supo explicar ante muchas veces que se le preguntó, de dónde lo había sacado. Fueron 15 páginas musicales con letra de Hernán.