12 de agosto de 2022
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La Nueva Era

28 de octubre de 2020
Por Miguel Ángel Hoyos Zuluaga
Por Miguel Ángel Hoyos Zuluaga
28 de octubre de 2020

La Nueva Era pone en tensión lo que se entiende por religión, la dota de nuevos sentidos y la dispone de una manera diferente en la vida social latinoamericana. Aunque se puede buscar su presencia en el “Orientalismo”, que encandilo a parte de las elites en Latinoamérica desde el XIX, la actual espiritualidad es causa y efecto de una transformación socio cultural que desborda el espacio religioso en forma y contenido. Todo se condensa en una serie de cosas nuevas, experiencias compartidas a través del lenguaje.

Para hablar de esto, es importante empezar a creer en uno mismo y cambiar la irracionalidad por la racionalidad. La Nueva Era se ubica a partir de la segunda mitad del siglo XX, en donde se conocía la ciencia, la astrología y otras materias que generaba cambios en el mundo interno y en el mundo externo. Uno de los temas más rescatables fue la libertad de cultos y también su diversidad en varios puntos de la vida, una de ellas es la naturaleza humana por ejemplo; detrás de su propuesta, la salvación por los conocimientos es el camino donde encontramos una serpiente que nos da la señal del camino a no seguir y la esperanza de llegar a buen puerto. Todo se sintetiza a que la humanidad recapacite y vuelva al paraíso de las nuevas vicisitudes.

LA NUEVA ERA EN COLOMBIA:

Empieza cuando llegaron los españoles a quitarnos todo y apoderarse de lo ajeno, Es el caso también de otras naciones que sufrieron la llegada de estos malandros al continente Americano. La historia nos recuerda que el mal viene de los individuos que oprimen al pueblo sin razón alguna, más que para robar a los que respetan la vida y la naturaleza divina.

Nosotros los colombianos de bien deberíamos insistir en las buenas acciones y no  desgastar energía buscando lo que nos diferencia con el única propósito de dividir y odiar a quienes están pensando diferente. La humildad es la ausente de nuestro destino de hoy, somos artífices y responsables de lo que nosotros mismos construimos. Es imperativo hacer una reflexión desde nuestro ser para cambiar nuestro país y el mundo; en el sendero de la buena providencia llegaremos a lo que alguna vez lo vimos lejos y hoy lo podemos tocar y sentir. Pero con responsabilidad y lo más importante con mucha ética.

El verdadero sentido de pertenecía es recuperar lo que hemos perdido,  la DESENCIA, “Si los ciudadanos practicasen entre si la amistad no tendría necesidad de la justicia “. Bien lo dijo Aristóteles, la nueva era no es solo espiritual es también personal, cambiemos para que nuestro nicho que deseamos sea el protagonista de nuestra vida y lo apliquemos en nuestro mundo público. Con el fin de mejorar las sociedades y tener por consigna construir y no destruir.

La Era del cambio es el fruto que debemos trabajar para sembrar y después contribuir en la cosecha, somos amigos del mundo, no enemigos de este paraíso que hoy lo vemos como el monstruo de nuestras desgracias.

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