12 de agosto de 2022
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Bolivia, aplastante victoria del MAS

26 de octubre de 2020
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
26 de octubre de 2020

El economista Luis Arce, candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), alcanzó el 55% de la votación frente al 28,8% de Carlos mesa, representante de la derecha. De este modo el país recuperó la senda democrática después del golpe de Estado de hace once meses.

Esta historia empieza con Evo Morales, indígena de la comunidad Aymara, presidente del MAS, quien con un programa antiimperialista y contra el neoliberalismo, ganó las elecciones el 18 de diciembre de 2005, con el 53% de los votos. Antes de su posesión fue investido como Jacha Mallku (Gran Cóndor), máxima autoridad de los pueblos indígenas, en una ceremonia realizada en Tiwanaku, la capital Aymara.

Desde 2006 el país empezó a vivir el despegue económico debido a los precios de las materias primas y de los hidrocarburos. Cuando llegó al poder nacionalizó sectores estratégicos como hidrocarburos, minería y telecomunicaciones. Impulsó el programa para repartir la riqueza nacional por medio de bonos asistenciales y sacó a los indígenas del ostracismo. La nacionalización de los hidrocarburos le entregó cuantiosos recursos al Estado lo que permitió mejorar la distribución del ingreso en beneficio de los grupos populares y vulnerables.

Todo iba bien para Evo Morales y el pueblo lo reeligió en dos ocasiones consecutivas, hasta que se quiso perpetuar en el poder. En el referendo de 2016 la población rechazó su idea de reformar la Constitución para  permitir la reelección indefinida. Pero como no tuvo éxito forzó un fallo del Tribunal Constitucional para un nuevo período. Esta fue su desgracia: “Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”.

Después llegaron las elecciones del 20 de octubre de 2019, y sucedió algo inédito; las autoridades interrumpieron el conteo de votos sin ninguna explicación, pero cuando se reanudó al día siguiente Evo Morales obtuvo el 46,87% mientras su rival quedó con 36,73%. Los opositores Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho, organizaron movilizaciones para forzar su renuncia; las sospechas de fraude desataron la ira colectiva. En este punto la Misión Electoral de la OEA, que monitoreó los escrutinios, recomendó convocar una segunda vuelta presidencial ante la estrechez de los resultados. Frente a la crisis Evo manifestó que iría a nuevas elecciones, aunque insistió en la legitimidad de su triunfo; pero ya se había desatado la convulsión social, con un saldo de tres muertos, más de 400 heridos y una ola de vandalismo que produjo vacío de poder. Pasaron los días en medio del caos y la violencia; fueron atacadas e incendiadas numerosas casas de opositores y oficialistas, incluida la vivienda de Evo Morales en la ciudad de Cochabamba.

El domingo 10 de noviembre, al medio día, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, el general Williams Kaliman, pronunció esta contundente “orden”: “Sugerimos al presidente del Estado que renuncie a su mandato presidencial permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad, por el bien de nuestra Bolivia”. Después, el comandante general de la Policía, Vladimir Yuri Calderón, también le “recomendó” que renunciara. Ante estas presiones de los altos mandos el presidente anunció su dimisión desde Cochabamba, pronunció un discurso de despedida, pero creció la incertidumbre sobre su futuro porque los seguidores de su partido pensaban que lo habían detenido. En este complicado clima político varios mandatarios de América Latina afirmaron que “lo que está pasando en Bolivia en este momento no es democracia, es un golpe de Estado”. Del mismo modo el gobierno español cuestionó la participación de las Fuerzas Armadas y de la Policía: “Esta intervención retrotrae a momentos ya pasados de la historia latinoamericana”.

Ante esta crisis social el presidente de México, Andrés López Obrador, ofreció a Evo el asilo político, “para proteger su vida e integridad”. Llegó a México después de un accidentado periplo debido a las trabas puestas por algunos países, lo que afectó el plan de vuelo.

La situación  de hoy

Cuando sacaron del poder a Evo Morales y llegó la abogada y presentadora de televisión Jeanine Áñez, empezaron nuevos problemas para Bolivia porque en 11 meses de gobierno estallaron 48 escándalos de corrupción, se produjeron las masacres en las poblaciones de Sacaba y Senkata, mientras que la caída de la economía golpeó a los sectores populares. Esta situación favoreció el regreso al poder del MAS de la mano de Luis Arce, un economista de 57 años, quien fue ministro de Economía y Finanzas durante el mandato de Evo Morales y uno de los artífices del llamado “milagro boliviano”. De este modo Bolivia recuperó la democracia y la esperanza.