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Semblanza Los gemelos Castaño: La carrera de la vida

19 de septiembre de 2020
19 de septiembre de 2020
Gemelos Castaño. Foto suministrada.

Por Miguel Orozco

Juan Pablo y Pablo Andrés Castaño vienen unidos desde el vientre, eso ha hecho que en la corta vida que tienen, sus gustos sean semejantes. Comparten el mismo nombre, practicaron los mismos deportes de niños, ambos hacen atletismo y estudian Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana. Además, los dos fueron convocados a la preselección Colombia para los mundiales Sub 20 de Nairobi y Cali. 

Nacieron en Montenegro, Quindío, el 16 de julio del 2002. Juan Pablo es el mayor de los dos solo por unos minutos, pero ambos son los menores de cuatro hijos de esta familia campesina. Su madre estuvo con ellos hasta los 13 años, pero por problemas familiares se fue a su natal Neiva, en donde vive con su actual esposo.

“Nuestra madre es una mujer muy fuerte y luchadora. Por cosas de niños estuvimos  muy alejados de ella, ya que sentimos en un momento el abandono de su parte. Estuvimos cuatro años sin tener contacto con ella y por mis hermanos mayores, volvimos a hablar”, contó Juan Pablo Castaño. 

Desde ese momento quedaron a cargo de Gilberto Castaño, su padre y Olga Quintero, abuela; quienes los han educado, apoyado y son el más grande tesoro que tienen estos hermanos. El rol maternal siempre lo ha llevado su abuela, quien fue la que decidió ponerles el nombre de ‘Pablo’, apenas se enteró que serían gemelos.

Foto suministrada

Niñez 

La infancia la pasaron en la finca La Isla, ubicada en la vereda Risaralda que conduce a la vía a Armenia. Recuerdan que iban mucho a los ríos, a las quebradas, jugaban pelota y caminaban descalzos por el lugar. Sin embargo, padecieron de una enfermedad que se les desapareció a los ocho años, porque o si no, hoy no estarían compitiendo.

“Nosotros sufrimos de asma y asfixia debido a que mi madre también la padecía. Recuerdo que no podíamos serenarnos, entonces nos entraban muy temprano. Si a mí me daba una complicación, era seguro que a mi hermano le iba a dar, por eso nos cuidaban mucho. Es curioso porque ahora somos deportistas de fondo”, dijo Pablo Andrés. 

El gusto por correr empezó en los trayectos diarios de 4 km que debían hacer, desde la finca en la que vivían, hasta la escuela Pantanillo para poder estudiar. Con el grupo de amigos apostaban una ‘Naranjita’ que debía pagar el último que llegara al sitio, aunque de acuerdo con lo que cuentan, nunca perdió nadie.

Nunca pensaron en hacer atletismo, jugaban fútbol por diversión con los compañeros, luego se centraron en el parkour, disciplina física que sí tomaron en serio por un par de años, hasta que los llamados disciplinarias y regaños en el colegio, los hizo optar por otro deporte.

“Nos hicieron muchas anotaciones en el Instituto por hacer salto peligrosos, decían que exponíamos nuestra integridad física. El profesor de educación física me vio y me hizo la invitación para que participara en atletismo en los Juegos Supérate 2015, yo le dije que solo en algo de saltar”, aclaró Pablo Andrés.

Sin prepararse de la mejor manera, clasificó a Bogotá en salto largo. En la capital colombiana no le fue muy bien porque iba solo a participar y no a competir. Ese momento fue crucial para que se quedara en el atletismo, disciplina a la que un año después, se sumaría su hermano.

Marcelo Pretel

Estos hermanos quindianos se han rodeado de buenos amigos, unos como Liliana o Jorge, les mostraron la literatura y el arte, pero fue Marcelo Pretel, atleta del mismo departamento, quien los incitó a esforzarse en los entrenamientos para alcanzar los logros que hoy tienen.

“Sin Marcelo no habría atletismo en la vida de nosotros, él es un luchador del pueblo y del atletismo quindiano. Por él es que Montenegro es conocido en el deporte, se consiguió todo solo, sin apoyos de las administraciones. Él venía siempre a las 5:30 a.m. y nos quitaba la cobija para que nos paráramos a entrenar”, aseguró Juan Pablo. 

Estudio

Son pocas las cosas las que los gemelos Castaño no comparten, tanto así, que en algunas ocasiones, el gusto por las mujeres ha sido el mismo. En lo que más surgen diferencias, es en el gusto literario, uno es más apasionado a Neruda, Benedetti, mientras que el otro es de Schopenhauer y Cioran.

Son de una familia campesina, ninguno de sus parientes se ha vuelto profesional, lo que ha significado un reto en la casa. Antes de recibir la beca de estudios en la Universidad del Quindío por los resultados en los Juegos Supérate, la universidad se veía como un sueño lejano. Hoy cursan cuarto semestre de Literatura y Lengua Castellana.

“Si no fuera por el atletismo hoy estaríamos trabajando en el campo. Nuestro padre es un campesino y vivimos muy orgullosos de él, pero nuestro sueño es sacarlo de ese camello diario porque es muy duro. Por eso estamos estudiando y seremos los primeros profesionales de la familia”, argumentó Pablo Andrés. 

Por su parte Juan Pablo, afirmó que sin el atletismo ni el estudio tal vez estaría en las calles vicio o hasta en el cielo: “Mi hermano es muy centrado, yo he sido el más loco, por eso tal vez sin estas oportunidades estaría perdido en el vicio o hasta muerto”.

La meta de ellos es ser escritores para ser felices, dicen que desahogar las penas a través de las palabras, es la mejor manera de entender el mundo. Mientras eso pasa, se preparan para ser los representantes de Colombia en los 800 metros Pablo Andrés y en 3000 obstáculos Juan pablo, en los mundiales de atletismo Nairobi 2021 y Cali 2022.