27 de enero de 2022
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El reto de mi pueblo puede ser también el de tu pueblo

2 de septiembre de 2020
Por Fernando Escobar Giraldo
Por Fernando Escobar Giraldo
2 de septiembre de 2020
Risaralda, Caldas

No sé (no he investigado) cuándo, ni cómo, ni porqué, a los de Risaralda nos arrebataron un día el nombre de la comarca, el gentilicio, y otras cosas, para dárselas a un nuevo departamento, producto de la grieta de un Caldas que desde el desprendimiento de Risaralda y Quindío, siguieron llamando, como tramado de nostalgia, el Viejo Caldas.

Mi pueblo, Risaralda, se ahogó entonces en el mapa de Colombia; y los trajines de la política, el desencanto y no sé que otras cosas, lo llevaron a perder, años después, a San José, su único corregimiento. Pero dos valiosos literatos de mi raza, Fabio Vélez Correa y Germán Ocampo Correa, han rescatado, como en pocos pueblos se ha hecho, la historia de la aldea, como la llamara el admirado Ovidio Rincón Peláez, demostrando que tenemos unos valores infinitos por los cuales todas las generaciones de risaraldenses debemos luchar.

Y es que lo que nunca ha perdido mi pueblo es el enorme valor de su gente. Allí no hay extraños porque al que llega se le recibe con cariño, con hidalguía montañera, con un tinto o con un aguardiente (o muchos), con arepa y chocolate caliente o con un buen sancocho, y con historias infinitas. En Risaralda, cuando los gallos cantan, el murmullo se escucha por parejo en dos valles, el del Cauca y el del Risaralda. Y es que el viento vive en mi pueblo, se hospeda en las laderas de Carboneral y desciende, sin tropiezos, por las dos calles principales tumbando gorras o sombreros y levantando faldas, las poquitas que aun usan algunas mujeres de mi pueblo. Menciono el Valle del Risaralda porque aun existe, a pesar de que el río Risaralda, tal como lo publicara Eje 21 (enero 28, 2016) se encuentra en lamentable estado de extinción.

Cada vez que alguien me pregunta dónde nací, no respondo con una palabra sino con una frase: “Nací en un hermoso pueblo del departamento de Caldas, en Colombia, al que le copiaron el nombre para dárselo a un departamento”.  Así evito la pregunta que antes me hacían socarronamente de que si nací en Pereira o en Manizales, cuando decía que “soy de Risaralda, Caldas”.

Ninguna administración en mi Risaralda, se ha preocupado con toda la dinámica requerida, por crear un ambiente turístico, aprovechando esas maravillas que nos otorga la naturaleza.  Montaña, valles, ríos, el mejor café, flores, mucho viento, y muchísimo más. Los jeep Willys de mi pueblo son unos “verracos” pa’ cargar gente, costales, plátanos, gallinas, mercados. Nuestros valores culturales se han expandido por todos los rincones de Caldas y de Colombia, con literatura, pintura, escultura, y cualquiera otra demostración de arte que usted, lector, imagine. En Risaralda todavía las mulas siembran folclor y los relámpagos son destellos de fuego que iluminan la colina con especial encanto. El Sol, el Cielo, la Luna, son más cercanos en Risaralda; basta con estirar la mano y agarramos una estrella.

Pero ahora a Risaralda y a los risaraldenses, nos ha surgido un reto. Felizmente una de las maravillosas obras de infraestructura vial, tocan suelo de mi pueblo. El túnel Tesalia conecta el valle del Risaralda desde la vereda El Cairo – jurisdicción del municipio de Risaralda (Caldas), con la vereda La Libertad en el municipio de San José, en el mismo departamento.

De acuerdo con reciente informe de la Agencia Nacional de Infraestructura, ANI, se espera que el túnel, el más extenso del eje cafetero, con una longitud de tres kilómetros y medio, entre en funcionamiento en el primer trimestre del 2021.

El reto es entonces, aprovechar la que será una concurrida vía, para promover zonas turísticas en el área, en donde mi pueblo goza del privilegio de ofrecer superficies planas para infraestructura turística, agua y un clima excelente. Pero también zona montañosa, con sembrados de café, plátano y muchos otros productos.

Son muchos los municipios que tienen un reto como el de mi Risaralda, pues son muchos los pueblos por donde camina la Ruta Nacional 25, una carretera de tipo Troncal que inicia en el Puente Internacional Rumichaca (Frontera con Ecuador), departamento de Nariño y finaliza en la ciudad de Barranquilla, departamento del Atlántico, atravesando el país de Sur a Norte. Y allí, incrustado en la Ruta 25, está el túnel Tesalia, un pedacito de mi pueblo que, de esta manera, comienza su desahogo en el mapa de Colombia.