19 de septiembre de 2020
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Vaciar el costal

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
7 de agosto de 2020
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
7 de agosto de 2020

Aquellos que denigran del sistema democrático capitalista por años han mamado de las ubres que desprenden riqueza, progreso y oportunidades para la mayoría. No existe un rumbo perfecto para acabar con las desigualdades y eliminar de un tajo el hambre de millones de personas. Todos los regímenes tendrán poderosos y sometidos; rebeldes y ortodoxos; apáticos y simpatizantes; manipuladores y asesinos. Salvo el arrebato y la obcecación no es posible hablar de ángulo muerto en la historia de la humanidad.

Comerse unos a otros es propio del reino animal y de la naturaleza humana.  Para infortunio de los demás, la lucha por el poder y los recursos está por fuera del ámbito ético. El modus operandi de los fanáticos se basa en la regla de falsa posición y la ausencia de golpe de pecho.

Diversos acontecimientos sociales, económicos, políticos, culturales, comunicacionales y de sanidad civil ocurren bajo la sombrilla y el financiamiento de particulares. “Ahí me las den todas” parece ser el credo de los extremistas que claudican delante del patrocinador y a expensas de las estrategias de mercadeo corporativo. A falta de padrinazgo y de asistencialismo estatal se arrojan, a modo ave de rapiña, sobre la carroña de los pudientes.

Estos personajes flotan entre dos platos: la hipocresía y el utilitarismo. Hablan a voz en cuello de explotación y revientan de entusiasmo por el dinero. Captan voluntades a su favor a partir de técnicas de relaciones públicas e intervenciones embaucadoras en busca de la salva de aplausos.

A cargo de la inversión privada unos cuantos alcanzan el reconocimiento público, disfrutan de las mieles de la fama, derrochan la fortuna y hacen visible su estrambótica vida íntima. Así es que, para ellos, la oligarquía es compasiva al paso que llena los bolsillos y satisface los gustos triviales. Ni que decir de ese principio de contradicción tan propio de ciertos progresistas.

Por vociferar, varios dirigentes sindicales, ganan 30 veces el salario mínimo legal vigente que devenga el conjunto de la base gremial. Al momento de negociar los pliegos con las empresas formulan peticiones desproporcionadas e inadmisibles, tal como auxilio para la mascota y lentes deportivos marca Ray-Ban®. A los partidarios de la administración colectiva de la producción, de ninguna manera, sirve la ayuda de 400 mil pesos para las gafas ni la alimentación en el casino de la compañía por mil pesos al año. Llegan a colmo de arengar: “Ricos hp, ¡qué miserables!”. Nada de eso compensa sus aspiraciones revolucionarias.

La agenda encubierta que pretende arruinar a los empresarios para atiborrar las manos de la izquierda radical, deja ver el objetivo central de un nuevo modelo hegemónico de sometimiento general. Muéstreme un cabecilla o mandatario “socialista” pobre; distinto a la deliberación sectaria de Mujica que, tampoco, es San José. ¿Iniciación de igualdad social, económica y política de todos los seres humanos? Difícil de creer.

Los intransigentes no tienen medida moral ni voluntad solidaria. De dientes afuera apoyan la verdad, la equidad y la justicia en un sentido acomodaticio que el fin justifica los medios. Otra cosa es la maniquea costumbre entre lo compasivo (ellos) y lo malo, el resto de mortales. Al revés, carecen de sincretismo, puesto que no respetan opiniones ni doctrinas diferentes. ¡Qué deforme obligo del mundo! Siendo de inferior clase.